Casi 100 años de Partido Comunista en China

Mao Zedong
En el año 2011 se celebró el 90º aniversario de la fundación del Partido Comunista Chino, una celebración que en otros lugares no pasaría de la mera anécdota conmemorativa de la fundación de un partido, pero que en China constituye todo un periodo histórico de existencia como nuevo Estado, toda una realidad social generada tras el triunfo de ese partido comunista y su milicia, el Ejército Popular de Liberación, en la guerra civil de 1949. Casi un siglo de comunismo en China:

Mao Zedong

El líder del partido comunista en el momento de vencer al ejército nacionalista del Koumintang, era el joven Mao Zedong, que proclamó la República Popular China, con el gobierno de un único partido, el comunista, faro y eje de la revolución del Pueblo. En su mandato se dieron los procesos de reformas ideológicas y económicas más controvertidos, la llamada “Revolución Cultural” y el plan económico conocido como “El Gran Salto adelante”.

La primera, “La Revolución Cultural”, desde 1966, supuso en realidad una radicalización del partido en sus tesis más leninistas y una depuración de cierta élite intelectual y de parte de la sociedad (algunos dirigentes del partido) que apostaban por reformas más “occidentales”, democráticas y capitalistas.

La segunda gran reforma de Mao, “El Gran Salto Adelante”, fue a finales de los cincuenta, comienzos de la década de los sesenta, un proyecto fallido de aprovechar el gran capital humano de la China para una rápida industrialización y tecnificación de su sector agrícola. Una serie de factores climáticos, catástrofes naturales y pésima gestión política hizo fracasar la reforma y provocó una de las mayores hambrunas que se conocen en la Historia, con cerca de quince millones de personas muertas, según las principales estimaciones.

Cambio de estrategia, que no de rumbo

Muerto Mao Zedong en 1976, los partidarios de seguir su línea no consiguieron hacerse con el poder. El liderazgo del Estado y del partido iba a corresponder a los considerados como “reformistas”, encabezados por Deng Xiaoping. El nuevo líder iba a ser pragmático y a permitir una serie de reformas institucionales y económicas de carácter capitalista para favorecer el desarrollo y progreso económico.

“Da igual que el gato sea blanco que negro, lo importante es que cace ratones”; esta frase se atribuye al mismo Deng para explicar ese cambio al pragmatismo del partido comunista. Con tal de que cace ratones, el sistema económico socialista podía hacer concesiones capitalistas. Así actuaron los sucesores del reformista Deng Xiaoping, hasta el actual secretario general y los líderes del partido de la "nueva China" siguen esta ambigüedad tan oriental que mezcla funcionalidad con doctrina. 

Comunismo y capitalismo salvaje

Muchos analistas consideran que el desarrollo tan desmesurado de la economía china se debe a la aplicación, sin miramientos, de “modos salvajes” de capitalismo. En políticas ultraliberales en un país donde la protección obrera viene obligada y decretada en la Constitución. La paradoja es que ese desarrollo capitalista ha creado desigualdades sociales abismales, sin una clase media sólida, donde hay muy, muy ricos (en la actualidad entre los más ricos del mundo hay empresarios chinos) y muy, muy pobres.

En lo que son iguales los chinos es en sus salarios bajos (comunismo salvaje). La gran mayoría de la sociedad china se ha convertido en la mano de obra barata del mundo. Mire su celular, su móvil, su i-Pad, su Notebook, su portátil, su tostadora, su cafetera… en algún lugar verá la etiqueta: “Made in China”.

Corrupción y democracia

En el discurso pronunciado por Hu Jintao, el líder chino en 2011, para conmemorar aquel primer congreso de Shangai en 1921, se hace una seria advertencia a los jerarcas, a la clase política y a los nuevos grandes empresarios; el partido no permitirá que la corrupción siga prosperando. De lo que más se queja el pueblo chino es de la corrupción creciente entre sus élites, no del partido o de la ideología comunista.

Pero el líder comunista, Jintao, no habló de mayores medidas democráticas para contrarrestar esa corrupción, controlarla y eliminarla. Jintao emplea palabras “conservadoras”, de estabilidad y seguridad a toda costa para mantener todo lo conseguido, una calma social a cualquier precio, que ha incrementado las detenciones de disidentes; según él, ha sido el partido comunista en estos noventa años el que se ha demostrado como la única forma de gestionar y gobernar una nación tan singular como la China.

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