Cómo hacer la guerra en el siglo XXI

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El ingenio y la creatividad de la especie humana no tiene límites. Entre las muchas cosas que sabemos hacer -los humanos- está el matarnos unos a otros. Unas veces en defensa propia, lo que nos convierte en combatientes por nuestra vida y la de los que nos rodean. Combatir por algo y por alguien, con la disposición si fuese necesario de matar a otras personas, puede ser considerado ético y hasta necesario. Una oferta y demanda legal de asesinos. ¿Qué no haríamos para proteger a un hijo? Es la premisa moral que más nos removería mente y espíritu en la actualidad a los occidentales. En el mundo hiper civilizado de Occidente ya nadie mataría por una idea, en teoría y en la práctica, pues los grupos terroristas que mataban por una idea de identidad segregadora (el IRA, ETA...) han cesado su actividad...por tanto, ¿cómo combatir en el siglo XXI?

Existen combatientes que siguen usando las mismas técnicas que emplearían los primeros sapiens para exterminar neardentales (en el hipotético caso de haber ocurrido esa guerra). Pedrada a la cabeza o degüello pillando a la víctima desprevenida o indefensa. Los cafres del Estado Islámico (ISIS, en inglés) hacen su guerra con maneras tan eclécticas que del misil tierra-aire pasan a la decapitación en plaza pública sin despeinarse. Las personas civilizadas para defendernos de estos nuevos bárbaros solemos tender a la sofisticación, nos cuesta agacharnos y escoger del suelo la piedra más afilada que sirviese para frenar el ataque de esos asesinos. Es natural que busquemos técnicas de defensa más elaboradas. Recursos que van desde la contratación de especialistas: los mercenarios; hasta el uso de tecnología punta: los bombardeos “selectivos”.

En la actualidad, tras el penoso devenir histórico que han supuesto las invasiones terrestres, volvemos a usar un recurso facilitado por la innegable superioridad técnica occidental como es el bombardeo del enemigo desde sofisticados aviones y aparatos voladores, sin riesgo para nuestros combatientes. Es una pedrada contundente pero desprovista de la teatralidad bélica que supone disparar un Kalashnikov montado en un todoterreno. Los puristas éticos dirán que es más inmoral lanzar bombas indiscriminadas que defender tus ideales y tu casa empuñando una ametralladora.


La guerra y la defensa son actividades que requieren de nuestras dotes empresariales y emprendedoras. En Iraq cuando se consumó la ocupación, el ejército estadounidense no pareció ser suficiente para garantizar la defensa y se recurrió al viejo sistema del mercenario para proteger los intereses creados por los administradores y las empresas estadounidenses. En todas las guerras el mercenario se ha caracterizado por carecer de moral, ideales o intereses más allá de su lucro personal; en las recientes guerras no iba a ser distinto y de ello se hizo eco nuestro colaborador, Luis Pérez Armiño, que nos describe la sofisticación de esa “vieja pedrada” en el siglo XXI: Blackwater. La privatización de la guerra 

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