Hambre en la Tierra de la abundancia

Familia de agricultores: fuente de la imagen
Hambre en un planeta que produce mucho más de lo que necesita. Hambre que sufren más de 800 millones de personas en la Tierra. En los países desarrollados el excedente de producción hace que muchas veces ni se abran los paquetes donde la comida se envasa y espera a ser comprada. En el mundo rico nos permitimos el lujo de controlar dietas y administrar calorías, con fines de importancia como la salud o de banal consideración como la estética.

Cuando conseguir alimentos no es complicado y no resulta el único objetivo y consecuencia del trabajo humano, el hambre no se valora. A lo sumo escuchamos todavía a algún anciano que recuerda tiempos de hambruna, de posguerras, de malas cosechas, siendo quien mejor puede valorar el hambre que nos rodea, pues el resto nos quedamos impasibles y ni los informes de Caritas España que hablan de un increíble aumento de familias empobrecidas que huyen del hambre acudiendo a sus comedores o almacenes nos inquieta. El hambre ya no da miedo, no es una epidemia de película como está resultando la crisis del Ébola. Pero es un grave problema que amenaza más de lo que se cree en este mundo tan globalizado en tantos aspectos.

El que fuese presidente del Comité de Ética de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), José Esquinas, declaraba en una entrevista al diario EL PAÍS que acabaremos con el hambre por “egoísmo inteligente”. Le gustaría que hubiese sido una batalla ganada por la ética y la solidaridad, pero será nuestro miedo a que en las regiones pobres y con hambre las personas enfermen, pues la mala alimentación provoca personas débiles que enferman con mayor facilidad, y la globalización produzca epidemias mundiales. También la interdependencia del mundo global hace que estos lugares de hambruna sean focos de inestabilidad económica y política que amenazan al mundo desarrollo. Evitar esta amenaza puede crear la voluntad de acabar con el hambre; no es una buena intención o motivo, pero el fin justificará mejor que nunca los medios.


El ex presidente de la comisión de ética de la FAO, José Esquinas, participó en una mesa de conferencias realizada en Madrid (Círculo de Bellas Artes) con motivo del Día Mundial de la Alimentación 2014, donde expuso otras perspectivas del ‘Hambre’ como problema mundial al referirse a la especulación en bolsa de los precios de materias primas y alimentos. Es indignante el abuso sobre el precio del alimento que hicieron especuladores tras el inicio de la crisis con caída de la bolsa inmobiliaria y la inversión de ese capital “sin sitio” en los mercados de materias primas. La consecuencia más evidente fue la artificial subida de los precios en todos los alimentos básicos (arroz, maíz, trigo y patata). Por eso la FAO defiende una “soberanía” sobre los productos locales, que primero se distribuyan en las zonas de producción y luego se exporten excedentes.

El lema de la FAO en estas jornadas de reflexión ha sido “Agricultura familiar: Alimentar al mundo, cuidar el planeta” y Esquinas, veterano ingeniero agrónomo, lleva décadas (30 años en la FAO) defendiendo una idea similar. Proteger y promover la diversidad de especies agrícolas y fomentar que se produzca a nivel local (familiar) la semilla o especies que mejor se adecuan al entorno. Los estudios demuestran que se gana en productividad y se asegura la buena distribución alimentaria si el modelo agrícola es el familiar. Es un dato constatado también en los países desarrollados. Pero se entenderá mejor en las propias palabras de la ONU / FAO:

"La agricultura familiar preserva los alimentos tradicionales al tiempo que contribuye a una dieta equilibrada y a salvaguardar la biodiversidad agrícola del mundo y al uso sostenible de los recursos naturales. Los agricultores familiares son los custodios de un conocimiento muy bien adaptado a la ecología local y a la capacidad de la tierra. A través de los conocimientos locales, sostienen la productividad en tierras a menudo marginales, a través de técnicas de manejo de la tierra complejas e innovadoras. Como resultado del profundo conocimiento que tienen de su tierra y de su capacidad de gestionar de forma sostenible los diversos paisajes, los agricultores familiares son capaces de mejorar muchos servicios ecosistémicos."

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