Hong Kong y la percepción de la democracia

Fuente de la imagen: EFE

Que la democracia tenga buena salud siempre es complicado. Es una dama de delicado cuerpo y los intereses creados, de carácter económico sobre todo, pueden hacerla enfermar. En la antigua colonia británica de Hong Kong la gran mayoría de los ciudadanos, muchos jóvenes, están saliendo a protestar contra el gobierno chino y se manifiestan pidiendo más democracia. En el caso concreto de esta “ciudad-estado” la democracia volverá al voto universal, algo impensable en la China donde sólo votan los miembros de las asambleas del partido comunista, a partir de 2017 gracias a una cláusula añadida en el tratado con el Reino Unido que devolvió la colonia a la soberanía china en 1997.

Las protestas ciudadanas se han desarrollado hasta este punto álgido, en la celebración del día nacional de China, porque el gobierno de Pekín desde el mismo día que firmó ese tratado con los británicos está haciendo todo lo posible para manipular la concesión democrática y que cuando llegue el día del sufragio universal solamente se puedan elegir entre tres o cuatro candidatos seleccionados en una comisión enviada a Hong Kong por el comité comunista. Esta imposición desvirtúa y “enferma” la competencia democrática otorgada a la ex colonia británica.

Es curiosa la percepción que se tiene de la democracia y de su calidad como sistema dependiendo de la sociedad donde se viva. Paradójico resulta que en países de América Latina se valoré a China como país democrático. La democracia no existe en China y lo que valoran estos ciudadanos latinoamericanos es que los gobernantes y las instituciones chinas procuren el bienestar económico de sus ciudadanos. Confunden crecimiento económico con libertades o democracia. De todas maneras, aunque grave porque denota falta de información, en Latinoamérica suele valorarse más lo que el Estado puede aportar al desarrollo del país que la calidad democrática de los organismos o instituciones que componen el sistema democrático de sus países.


En Europa se tiende a la doble moral, porque aunque en los medios de comunicación y en la opinión pública se condena sin ambigüedades la ausencia de democracia y libertades fundamentales en China, en lo político se negocia y se entablan las mejores y más sólidas relaciones comerciales y mercantiles con la potencia de la economía mundial, que ya ensombrece a la superpotencia de EEUU. El ejemplo reciente estaría en el viaje del presidente español, Mariano Rajoy, con la pretensión de incrementar la inversión y el intercambio comercial entre los dos países. La diplomacia española está muy callada a la hora de condenar cualquier acción policial represora china contra Hong Kong. Por si acaso: “la pela es la pela”; valga el tópico catalán antes de que “no sea español”.

Las manifestaciones en la región con estatus especial de Hong Kong tendrán un seguimiento en todo el mundo porque de nuevo se pone entredicho el respeto que Pekín tiene de los derechos fundamentales de sus ciudadanos. ¿Una nueva Plaza de Tiananmen? No somos dados al tremendismo; quizás los nuevos tiempos hayan hecho a los dirigentes chinos más conscientes del valor primordial que una buena imagen internacional tiene hoy día, sobre todo pensando que las viejas potencias ya no la tienen y que a su buena imagen de potencia económica deberían sumar la de país con “valores” democráticos.


Los habitantes de Hong Kong gozan de varias libertades fundamentales (expresión y asociación) y no desean perderlas, por eso están evitando ser ciudadanos radicales, de protesta violenta. El gobierno chino quizá aproveche estas potestas, aunque moderadas para radicalizar su postura e ir minando todas esas libertades y poniendo trabas a las futuras, como ese sufragio universal que se garantizó hasta 2047 sobre el papel de los tratados.

Comentarios