Lo que Me Gusta y No Me gusta de ‘Podemos’

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ME GUSTA:

  • Que hayan recogido el espíritu del movimiento ciudadano  del 15-M  (manifestación cívica y pacífica del 15 de mayo 2011) que acabó ese mismo día en Madrid con la acampada de medio centenar de personas en la Puerta del Sol reclamando mayor participación cívica en el sistema democrático español, dominado por el bipartidismo PSOE-PP desde la consolidación de la democracia en 1982.
  • La verdadera y sincera motivación de sus miembros en el cambio, en la necesidad de cambiar las cosas. La juventud de la mayoría de sus portavoces y coordinadores. Sus tremendas ganas de regeneración y reforma democrática en el país.
  • El sólido apoyo popular conseguido en tan breve tiempo. La energía que demuestra consiguiendo a cuatro meses de constituirse en partido político más de un millón de votos y obtener 5 diputados en el Parlamento Europeo. El pasar a ser la tercera fuerza política en intención de voto con un programa político de marcado carácter cívico y progresista.
  • La manera responsable y consecuente en que los elegidos, sin experiencia política alguna, asumieron sus cargos de eurodiputados con demostrada disposición de servicio público, donando el 75% de sus sueldos millonarios de parlamentarios europeos (21.000 euros al mes) a causas justas o relacionadas con los círculos de Podemos.
  • Que se esfuerzan cada día por hacer “despertar” a las clases medias y populares  haciéndolas ver que el momento de degradación moral en la política y en los poderes financieros que vivimos es tan insoportable que está dañando el futuro, no ya a medio plazo, a corto plazo de la sociedad española como Estado del bienestar.
  • Que hasta la idea más utópica e irrealizable que aparece en su programa tenga la honestidad de ser razonada y argumentada con la aportación de las reflexiones de todos los ciudadanos que así lo deseen.
  • La honestidad y la honradez que, por ahora, demuestran.

NO ME GUSTA:

  • El “infantilismo” en muchas de sus posturas, demostrando gran inmadurez política cuando ha decidido formar parte del sistema de partidos democráticos. Dar el paso de plataforma cívica o social a partido político programático supone asumir unos rasgos de “entidad política” de los que ha estado renegando desde su fundación (en su web siguen afirmando “Podemos no es, ni quiere ser, un partido político”).
  • Que la crítica a la clase política actual, que su líder Pablo Iglesias denominó con gran acierto mediático “casta política”, encierre un desprecio general y una falta de cultura y memoria política respecto a partidos políticos históricos que han sido determinantes en las épocas (pocas) que España y gran parte de su sociedad ha combatido por la democracia. No hace falta irse al PSOE (Partido Socialista Obrero Español) o al PCE (Partido Comunista de España) de la República, basta con la trayectoria reciente de estos partidos para consolidar la democracia.
  • Que se busquen ejemplos de acción popular y socialista en países con realidades sociales muy diferentes a las de España. En esa gira por países del llamado “socialismo bolivariano” que realizó el líder de Podemos, Pablo Iglesias, el mismo presidente Correa del Ecuador le advirtió que en España no se podían extrapolar las políticas sociales ecuatorianas. Las problemáticas de los españoles no son las que se encontró el líder ecuatoriano cuando tuvo que sacar de la pobreza y subdesarrollo a las ¾ partes de la población del Ecuador.
  • Podemos podría buscar ejemplos en los logros sociales de las políticas cívicas realizadas en Brasil o en Chile, que resultan políticas de corte socialdemócrata con una imagen socialista más equilibrada y no identificadas con el populismo o con trasnochados regímenes comunistas revolucionarios.
  • Que muchas de sus posibilidades pasen por el carisma de Pablo Iglesias y España no es un país para Chávez ni Correas. El personalismo no funciona en sociedades abiertas y de niveles socioeconómicos medio-altos. Precisamente, Podemos incide en su máxima de buscar siempre la participación total de la ciudadanía, pero se da la paradoja de que la ciudadanía que apoya a Podemos busca en Iglesias un director de sus reivindicaciones.
  • La indignación popular es tan elevada como lo es la resignación y la apatía. Eso que llaman “mayoría silenciosa” de indignados puede acabar abrazando en masa y con facilidad a Podemos, otorgando su voto, pero con la misma facilidad, una vez que Podemos sea fuerza de gobierno, retirar su apoyo al haber sido un voto sin mucha reflexión, fruto del malestar social.

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