Cuba, siempre 'Fresa y Chocolate'

El ministro español de Exteriores en Cuba. Foto de EFE a través de exteriores.gob.es

Guardo con cariño en mi memoria histórica cinematográfica la película de los directores cubanos, Juan Carlos Tabío y Tomás Gutiérrez Alea, ‘Fresa y Chocolate’ (1993), porque me ayudó a descubrir muy de joven la extraordinaria riqueza cultural que compartimos tantos millones de personas en este “mundo hispánico”. Lo cubano en España está lleno de tópicos y la película, sin renegar de ellos, nos descubría otras facetas del alma cubana que parecían haberse relegado a un segundo plano por el protagonismo absoluto de la revolución socialista. En verdad, el film intentaba hablar de un tema tan delicado como constante en cuba: la lucha “interna” de muchos cubanos por vencer ciertos prejuicios y la aceptación de la diversidad de ideas.

En el guión de las revoluciones comunistas parece que una pauta obligada es el pensamiento único, basado en el poder popular que debe regir una sociedad compacta e igualitaria. Pero los prejuicios hacia los homosexuales no están relacionados con el pensamiento político de una persona, sea muy monocromático o no; más bien, con su educación y con su cultura en general. El pueblo cubano salía de las salas de cine entusiasmado con la película, como una catarsis colectiva necesaria para enfrentarse a las flaquezas morales. Un éxito aunque (y por eso) la historia de amistad del joven comunista y el intelectual gay estuviese hablando de los grandes prejuicios cubanos.

Tras tres años en el gobierno en España, casi al final de la legislatura, el Partido Popular (PP) ha cambiado el mono-pensamiento hacia Cuba que imponía la influencia del ex presidente José Mª Aznar, siempre partidario de que a los Castro “ni agua”. En las relaciones exteriores españolas se estudia el caso cubano como paradigma de la dialéctica constante entre “valores e intereses”. La ecuación en el caso de Cuba es fácil de resolver. Por muy izquierdista romántico que uno sea, se tiene que reconocer con firmeza que muchos valores políticos (democracia) y ciertos derechos fundamentales de las personas no se cumplen en la gran isla caribeña. Por eso, el viaje del ministro de Exteriores español, José Manuel García-Margallo, ha respondido al plano de los intereses. La recuperación económica que defiende el gobierno de Mariano Rajoy, presidente español, como el “gran logro” de su gabinete, debe ser consolidada con los intereses económicos españoles en Cuba, que no son pocos...



La agenda del canciller español no tenía marcada como segura la reunión con el presidente cubano, Raúl Castro, pero la diplomacia española la daba por hecha...por lo que el chasco ha sido de los grandes cuando el encuentro, finalmente, no se produjo. Esa agenda de exteriores españolas también debía cumplir con las prerrogativas indicadas a España por la Unión Europea, unas indicaciones basadas en las declaraciones oficiales del parlamento europeo que instan a cualquier miembro de la Unión a denunciar ante el régimen cubano la ausencia de democracia y los atentados contra los derechos y libertades de sus ciudadanos. García-Margallo fue ‘buen mandado’ y así en su discurso dado en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, ensalzó los valores democráticos y de "pluralismo" (diferentes opciones, como en la sexualidad) que simbolizaban la ‘Transición española’ en una evidente “indirecta” política al régimen cubano.

La prensa mal pensada, así como muchos diplomáticos del ministerio de Exteriores, aducen a esa indirecta tan directa los motivos por los que, a última hora, García-Margallo no fue recibido por el presidente cubano. En Cuba, siempre, fresa y/o chocolate.

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