Grecia, a vueltas con ella

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 Me gustaría ponerme de verdad, no de forma figurada, en la piel de un ciudadano griego durante 24 horas. En este mundo tan globalizado y repleto de información puedo encontrar referencias y noticias de Grecia a millones, basta con escribir ese nombre en cualquier buscador de Internet. Sin embargo, no voy a encontrar entre tanto dato una sola emoción o un solo sentimiento heleno. Es evidente que las noticias informan de ira, protesta, indignación y malestar entre los ciudadanos y que, claro está, estas palabras describen estados de ánimo, un sentir generalizado de una población que vive en el colapso económico de su Estado desde hace muchos años.

 Grecia es un país vapuleado, un Estado europeo fallido como economía porque nunca debió entrar en un marco que le venía grande, la moneda común, el euro. La Eurozona debe hacerse cargo ahora de las cuentas económicas de una nación con la que se contaba, ¿cómo dejar al margen a la cuna de la civilización europea? Pero lo que está bien sobre el papel puede resultar un fiasco en la cruda realidad. Igual pasa con la información sobre Grecia. 


 Ira, protesta, indignación, están bien sobre el papel. Igual ocurre en España, que es un clamor de indignación sobre el papel (blog, revistas, diarios, programas de TV...), aunque ahora haya surgido un actor forjador de ilusiones (Podemos) dispuesto a asumir ese rol (papel). Me temo que la única manera de ponerme en la piel de un ciudadano griego por unas horas es de una forma extrema, desesperada, de la que no me veo capaz. Se trataría de ponerme en el pellejo de Nikos Romanós, el joven griego preso y en huelga de hambre (y de sed, noticia de última hora), por no permitirle las autoridades penitenciarias acudir en permiso extraordinario a las clases de universidad.

 Imagino que sentir las punzadas en el estómago, los mareos de la debilidad y la sequedad opaca en la garganta, sería la mejor manera de ponerme en la noticia, en el dato real, de la actualidad de Grecia, esa cosa, la cuna de mi civilización. 


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