Lobo solitario, el nuevo perfil del terrorista yihadista

Una de las rehenes del secuestro de Sídney huye o es liberada. A través de abc.com REUTERS

La última hora de la noticia que sorprendió a la plácida Australia, una sociedad donde las gentes dejan las puertas de sus casas abiertas en las grandes ciudades, es una sucesión de confirmaciones. La policía australiana tenía la sospecha, confirmada en poco tiempo, de que el secuestrador de unas 17 personas en una cafetería de Sydney era un ‘Lobo Solitario’. Manera de llamar al terrorista que no forma parte de ninguna cédula o grupo organizado como un miembro más, sino que actúa como un autónomo, “representante comercial” del producto que factura: en este caso, del terrorismo integrista islámico.

El lobo solitario es, al parecer, más temido que los que ejércitos armados hasta los dientes salidos de las milicias que combatían al régimen sirio y que ahora se autoproclaman los nuevos santos guerreros del ‘Gran Califato’ islámico. Es más temido en las sociedades occidentales por las fuerzas de seguridad por razones obvias. Estas personas conviven y están integradas (o no están marginadas) en las sociedades donde cometen sus crímenes, no van con un fúsil ametrallador por las calles, ni degüellan a sus vecinos grabándolo en vídeo. El secuestrador, que respondía al nombre de Man Maron Monis, era un clérigo “radical” iraní exiliado en Australia, con antecedentes penales por violencia de género.

Ha tenido alarmados a unos ciudadanos no habituados a estas acciones terroristas casi 24 horas y su mordida de lobo solitario ha terminado muy mal, con la muerte de dos personas y la suya, abatido por los disparos de la policía australiana. El hilo del que se ha tirado para conocer sus motivaciones integristas ha sido la “venganza” del EI (Estado Islámico) por tener Australia fuerzas armadas y de inteligencia en la coalición que está bombardeando y acosando a los terroristas del EI.


También el país-continente es el que más “voluntarios” occidentales aporta a ese ejército de radicales, por lo que preocupan sus retornos y que formen una “Quinta Columna”. Pero todas estas hipótesis son las sencillas o evidentes, más que suponer la explicación más verídica. La mala noticia ocurrida en la plácida Sydney puede ser la salida de madre, la locura, de un individuo que ya antes había actuado de forma conflictiva, asocial. Su origen y su confesión religiosa solo nos llevan al prejuicio.

Al estar muerto (parece que las fuerzas de seguridad occidentales van a ir a lo “seguro”, valga la ironía) nunca sabremos su versión. Ha dejado un vídeo que obligó grabar a uno de los rehenes, está en el “secreto policial” todavía, pero una vez conocido seguro que aportará más literatura a los prejuicios culturales y más miedo a las “tranquilas” sociedades desarrolladas. Al lobo solitario no le readmiten ni los de su ex manada.

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