Afganistán 1979 y los yihadistas (Muyahidines)

Leonidas Brézhnev. Imagen Wikipedia

                           El cupo de intervenciones en el extranjero se ha agotado.

                                                                 (Andropov, otoño de 1980)


La moneda en Afganistán cayó hace casi cuarenta años y el lado por el que quedó está más difuso, no se sabe si fue cara o fue cruz, por todo el lodo y polvo de este tiempo. Pero fue cruz, la cruz de la vieja guardia del Politburó soviético que tomó una decisión, invadir Afganistán y cuyas consecuencias aún tienen hilos por todo Oriente y son origen de algunos fenómenos bárbaros sufridos estos días en Occidente. Sí, hace 35 años, todos aquéllos que acusan a EEUU y sus aliados de ser intervencionistas por todo el mundo, invadían Estados soberanos o intervenían militarmente en países extranjeros. Los soviéticos invadieron Afganistán y los cubanos intervenían con batallones completos en el África Subsahariana.

En un clima de renovada frialdad entre las dos superpotencias, con una administración Reagan muy beligerante y un periodo de transición y desconcierto en la URSS tras la última y trascendental decisión de un Brezhnev en declive interno político, la invasión de Afganistán, el mundo veía con preocupación la escalada de conseguir posicionar el mayor número de armas nucleares cerca del adversario que mantenían los dos colosos.

Todo comenzó con una discreta “revolución izquierdista”, como las acontecidas en África y que el régimen de Castro se apresuraba a respaldar con asesoramiento militar o mandando tropas. Pero Afganistán no era África, su proximidad a las fronteras soviéticas y el Asia Central hicieron que el golpe de Estado de unos militares izquierdistas de Kabul en abril de 1978 se convirtiese en algo de sumo interés para el Kremlin.

En un inicio los asesores soviéticos en Kabul llegados en 1978 tuvieron el mismo espíritu “internacionalista” de ayudar a los regímenes de “alma” socialista que tenían sus colegas de la URSS o los asesores cubanos en Angola o Mozambique. Pero pronto se vio que con ayudantes no iba a ser suficiente para mantener a un gobierno satélite del Kremlin en Afganistán. Los revolucionarios afganos preferían matarse entre sí para llegar al poder, desoyendo las orientaciones soviéticas para alcanzar un Estado socialista. Ante los movimientos cada vez más evidentes de la CIA por la zona, buscando el repliegue soviético, al Politburó no le quedó más remedio que pensar muy seriamente en la intervención militar.

La invasión militar soviética de Afganistán comienza en diciembre de 1979 y estuvo justificada por los brutales asesinatos (¿les suena de algo?) de los asesores soviéticos y sus familias en varios atentados en Kabul cometidos por los yihadistas afganos, los conocidos como los Muyahidines (personas que hacen la Yihad). Hubo dirigentes soviéticos, como Dimitri Ustinov (ministro de defensa), que se dieron cuenta que los revolucionarios afganos sólo querían la intervención del ejército soviético para que les solucionara el problema del fundamentalismo islámico.

El resto de la historia ya la sabemos. Los soviéticos fueron los primeros en sacudir una patada al avispero furioso de Afganistán, luego los estadounidenses entrenaron y armaron a las avispas más rabiosas de la región para desalojar a los rusos. Por eso todos, unos y otros, tienen algo y mucho que ver con los yihadistas de hoy día, un Frankestein que pronto se les fue de las manos a sus creadores ¿O no?




Bibliografía: Un imperio fallido; de Vladislav M. Zubok. Editorial Crítica (2008)

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