El informe anual de Amnistía Internacional destaca que en 2014 aumentaron los ataques a los derechos humanos

 
Uno de los logos usados por Amnistía Internacional 

Con el revelador nombre de “Jugando con fuego” se presentó estos días el Informe Anual de Amnistía Internacional que nos debería sacar los colores a todos. El pasado año 2014 fue nefasto para el desarrollo mundial de los derechos humanos y para el proceso civilizador del “Milenio”, como se llama al proyecto de Naciones Unidas para erradicar los peores males y problemas del mundo. Al récord de aumentar el número de refugiados y desplazados desde finales de la II Guerra Mundial, podemos añadir los vergonzosos conflictos bélicos aún abiertos de Siria y Ucrania, más los retomados aumentando su complejidad de Gaza, Irak, Libia y el África Subsahariana. Las respuestas de los Estados a todas estas cuestiones han sido erróneas, torpes, y sólo han conseguido empeorar las cosas.

Para agravar las cosas, y permítanme la distensión frívola, la Miss elegida como Miss Universo 2014, la colombiana Paulina Vega, olvidó desear la “Paz Mundial” cuando dio su discurso de agradecimiento al mundo entero. La chica se nos lió con un asunto sobre la igualdad de género, delicado e importante asunto también, pero que reafirma la gravedad de los puntos destacados en el informe anual de Amnistía donde a los clásicos conflictos bélicos o de terrorismo se unen el aumento el año pasado de la violencia sexual, el secuestro, las vejaciones contra las mujeres. En sí, un aumento generalizado del uso de la violencia de todo tipo, incluida la ejercida por las fuerzas de seguridad de los Estados.

De los 195 países o Estados reconocidos por la ONU, 160 han sido denunciados el año pasado por Amnistía Internacional al cometer abusos o atentados contra los derechos humanos. Echen la cuenta, casi un 80% de vergüenza mundial. Las denuncias más graves son los crímenes de guerra, señalados en casi 20 países; pero al existir mayor violencia generalizada (incluida la producida por la miseria económica) se producen más desplazados, migrantes forzosos, que en casos como los refugiados de la guerra siria o los emigrantes libios que intentan cruzar el Mediterráneo hasta Italia han puesto nuevo rostro a las víctimas, ahora son familias enteras, la población civil la que sufre una premeditada violencia.


La denuncia que más sonroja es la realizada a los países europeos en el asunto migratorio y del tratamiento a los refugiados. En lugar de gastar dinero en salvar a personas se están presupuestando nuevos sistemas de control y protección de fronteras, sobre todo al sur y al este, direcciones principales del flujo migratorio no regulado y de los desplazados. Las críticas a España en el informe están en esta línea de emplear más esfuerzos en reforzar fronteras de Ceuta y Melilla que en socorrer a los migrantes. También denuncia Amnistía en España el aumento de la violencia de las fuerzas de seguridad y que se degraden derechos como el de reunión y expresión.

En el Informe Anual de Amnistía Internacional, la misma organización advierte de la irresponsabilidad de seguir ahondando en estos malos datos y hace algunas propuestas para intentar cambiar esta tendencia al aumento de la violencia y los atentados contra los derechos humanos. Aunque esas ideas tendrán complicado desarrollo. 

La principal es cambiar el sistema de veto de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, evitando que se veten medidas resolutivas cuando en el conflicto se detecten y constaten genocidios, limpiezas étnicas, deportados  o crímenes de guerra. Difícil que todos los miembros del Consejo voten a favor de este cambio, pues sin ir más lejos Amnistía Internacional acusa, con pruebas contrastadas, a Rusia de intervenir con su ejército en el conflicto del este de Ucrania. ¿Aceptará Rusia o cualquier otro miembro permanente no usar su derecho de veto cuando se vean implicados? Como dijo Miss Universo 2014: “ ¡Es una pregunta muy difícil! ”

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