Muerte a la cultura al grito de ¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la destrucción cultural!

Captura de vídeo de EL PAÍS TV
Existe una historia de una batalla incruenta en la guerra civil española que me fascina, tanto que escribí una entrada sobre ella y resulta ser la más leída de esta web-blog. Es el enfrentamiento de don Miguel de Unamuno en el paraninfo de la Universidad de Salamanca con el militar inválido de guerra, Millán Astray. Aunque no lo parezca, por el carácter funesto que tuvo, se trató de un incidente entre dos ancianos llenos de vida y sabiduría. Sí, sí, ya sé que incluir a Millán Astray en la categoría de intelectual o de sabio es un contrasentido, pues todos los tópicos de la brutalidad y del culto a la muerte residían en él, pero sin llegar a la excelencia, como don Miguel, Astray era un “sabio” a su manera, no era tan inculto como las apariencias mostraban.

Es habitual en los conflictos bélicos y en las acciones guerreras emplear el recurso de la “cultura de guerra” para explicar y analizar las causas y motivaciones de estas conflagraciones. Lógico, por otra parte. Durante la guerra un bando consolida su identidad nacional o política al contraponerla a otra imagen o ideas de identidad del contrario, que suele tener todos los rasgos aborrecidos; es decir, las causas por las que luchar contra “los otros”.En el caso de Astray, fundador de la Legión, y de Unamuno el combate no era político, pero sí de ideas que crean identidad. Aún así, no vayan a pensar que todo se resumió en un virulento encontronazo entre un fascista sin escrúpulos que odiaba al comunismo y un rector universitario simpatizante del socialismo abrumado por toda la muerte y sinsentido que se le venía encima. El asunto en su base, colea hasta nuestros días.

En nuestra opinión, existe un elemento básico que subyace tanto en el famoso enfrentamiento del Paraninfo de Salamanca como en la destrucción por radicales obtusos del Daesh de varias estatuas asirías milenarias en un museo de Mosul. Los salafistas que han perpetrado tal barbaridad suponen una “identidad” extrema del Islam suní que considera idolatría la veneración de figuras o estatuas, aunque también, sin justificación moral, han quemado libros y destruido la biblioteca central de Mosul, en la línea del mensaje que quieren dar: "su cultura, religión y forma de vida o nada". Destruir y exterminar, extirpar como cánceres, al resto de identidades culturales, como pensaba hacer e hizo Millán Astray.

Hasta las huellas del pasado del “otro” deben ser borradas, destruidas como las estatuas milenarias, o acalladas como las palabras sensatas de Unamuno al grito de ¡muera la inteligencia! ¡Viva la Muerte (destrucción)! Un desprecio infinito a la inteligencia humana, a su legado y a su historia, patrimonio de todos. Los salafistas radicales con su brutalidad, como Astray, podrán vencer, demostrar su poder y atemorizar a su idealizado enemigo (advierte con ello a Occidente que no intervenga en Mosul) pero como dijo don Miguel, no convenceréis, porque para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha.



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