Podemos, Ciudadanos, PP, PSOE; ¿hacia el multipartidismo?

El parlamento italiano repleto de grupos políticos

A los ciudadanos occidentales nos gustan las encuestas más que a un niño un caramelo. Se hacen encuestas de todo y para todo. Es una vieja herramienta usada en muchas disciplinas de las ciencias sociales. Las que hacen furor son las encuestas electorales. La actual “tragedia” política del teatro español está en su planteamiento más apasionado, llena de nuevas emociones (phatos) y actuantes. Hacer un análisis desde perspectivas comparadas con otros países o desde el corto (democracia aún inmadura) historial de nuestras elecciones resulta complejo, aunque posible.

El primer dato que observamos es el desgaste de los partidos tradicionales y protagonistas de esa transición a la democracia tan alabada en el siglo XX y tan cuestionada desde los inicios del actual siglo. Partido Popular, antigua Alianza Popular, y PSOE (el veterano partido socialista que también fue actuante primordial en la historia de la anterior democracia, la II República) están “hechos unos zorros”. Pierden apoyos desde el voto de los jóvenes y desde los votantes sin ideología que son la población que, en el fondo, decantan la victoria a un partido u a otro. A estos partidos les van a quedar los votantes/militantes y los votantes conformistas, que suelen ser personas mayores de 75 años (cada vez mayor población) y que cambiar su voto no está en sus planteamientos.

Estas consideraciones son sobre la masa votante, que en España ha tenido una media algo superior al 70% en las elecciones generales, un dato nada despreciable considerando la poca cultura democrática de las generaciones participantes (recordemos que hay elecciones libres desde 1976). La participación en las próximas elecciones se presupone alto, pues “hay ganas” de expresarse. La indignación de las clases medias y bajas ante las nefastas políticas económicas y sociales del último lustro tendrá respuesta en las urnas, sin duda. Sí, oyen bien, hablo de clases pero no hago valoraciones clasistas. Los nuevos partidos siguen usando ese “clásico” lenguaje para aproximarse a los votantes.


De todas maneras el uso de las divisiones sociales con un lenguaje marxista o seudomarxista (ya no quedan marxistas auténticos, se extinguieron en 1989) es contraproducente en sociedades desarrolladas con niveles de vida “decentes” en todas las capas sociales. Me explico, el mal uso de términos como casta o privilegiados puede molestar a personas que no han hecho otra cosa en su vida que trabajar, estudiar o investigar y que han recogido el fruto de sus esfuerzos consiguiendo un nivel socioeconómico acomodado y por encima de la media.

Esas personas existen, no son los beneficiados por la corrupción política-económica, sino los empresarios honrados, comerciantes abnegados y profesionales eficaces, a los que no se les puede señalar con el dedo por tener una segunda vivienda o coches de gama alta. Personas que votaron PP, PSOE y hasta Izquierda Unida (IU) y que pueden estar valorando votar a los nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, porque también deseen reformas en el sistema democrático y que se detenga el deterioro de los logros sociales que igualaron a la sociedad española. Es probable que el ascenso de Ciudadanos (Partido de la Ciudadanía) sea ahora más visible que el de Podemos por esta circunstancia: el partido de Albert Rivera cultiva la conciencia de clase (ciudadanía media), pero no hace “retórica” de lucha de clases. 


No es necesario ser un catedrático de Harvard para percibir el interesado sesgo de las encuestas “cocinadas” según la línea editorial del medio de comunicación que las publica. La derecha mediática sigue dando como vencedor de las próximas elecciones generales de finales de año al Partido Popular, con el suficiente margen como para gobernar en minoría. Los medios de “oposición” siguen contando el auge de Podemos, sin apreciar el estancamiento y, a regañadientes, reconocen el ascenso de Ciudadanos. PP y PSOE quedarían por detrás, asumiendo ahora ellos el papel secundario pero con presencia aún considerable.

Haciendo una esquemática perspectiva comparada, si antes nos podíamos comparar con Francia y su alternancia política en dos grandes partidos, ahora España acabará siendo una Italia, con un parlamento más multitudinario, mayor número de grupos parlamentarios con una media de congresistas entre los 20 a 50 escaños. El “empate técnico” de las últimas encuestas electorales son muestra de esta hipótesis.


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