A 70 años del suicidio de Hitler

El actor Bruno Ganz como Hitler

Si existe una idea consensuada de forma universal y casi de manera absoluta esa es que Hitler encarna la maldad humana como nadie. La figura histórica queda arrumbada por los tópicos más cercanos a toda la cultura popular, generada por el cine y la televisión, que al análisis crítico de la figura de este personaje. Ni que decir tiene que Alemania no ha “respirado” este pasado 30 de abril que se cumplía el 70 aniversario del suicidio de Adolf Hitler en su búnker de Berlín, junto a su reciente esposa Eva Braun. El pueblo alemán de 1933 a 1945 dio su inquebrantable apoyo al líder nazi y así, no sin gran vergüenza, lo ha reconocido su memoria histórica y las generaciones de alemanes desde el mismo año de 1945, cuando el 8 de mayo se firmó la capitulación del Tercer Reich.

Lo que representó Hitler y el nacionalsocialismo estará presente siempre en Alemania y el resto de países con los que se relaciona, su entorno y los que “entraron” en su historia como los Estados Unidos e Israel. Leía un artículo hace poco del colega alemán Jochen Thies, historiador y periodista, donde se hace una especie de resumen sobre cuántos “amigos” tiene hoy Alemania en el mundo, partiendo de la mala imagen que Hitler tendrá siempre y del incómodo pasado nazi que hizo renegar de ella hasta a los más amigos, como la anexionada AustriaEspaña aparece como uno de los principales amigos de Alemania y las razones que da tienen una lógica histórica sólida, aunque a nivel sociológico esa amistad quede algo más emborronada.

España no ha tenido que pedir ‘reparaciones de guerra’ en estos 70 años como hicieron muchos países, Grecia hace pocas semanas sin ir más lejos. Tampoco tuvo España que atender las reclamaciones de sus ciudadanos por daños morales como durante estas siete décadas ha hecho el Estado de Israel. Es más, el historiador alemán recuerda los devaneos de Franco con Hitler y la participación de España (con la División Azul) en la campaña militar que invadió la antigua Unión Soviética.



Adolf Hitler

Menciona también los datos históricos que harían de Alemania antipática y enemiga como lo fue para británicos y franceses, señala el bombardeo de Guernica y el apoyo militar-financiero a Franco para derrocar a la República; sin embargo, disuelve esos datos en la desmemoria o en la “resignación” que España se quiso dar durante la transición democrática para no sacar cuestiones traumáticas que perturbasen al  nuevo proceso político, por lo que el imaginario español sería más amistoso que adversario en la historia de ambos países. Incluso la vida esquizofrénica de Alemania, cuando se crearon dos estados afines a cada bloque ideológico de la Guerra Fría, tiene episodios mayores de amistad que de recelos entre las dos naciones europeas.

Lo que olvida Jochen Thies es mencionar a España como uno de los países que en la actualidad recelan más del poder económico y financiero que ostenta Alemania en las últimas décadas de historia común en el seno de la Unión Europea. Incluso teniendo gobiernos de diferente signo político que aceptaron la política alemana de austeridad presupuestaria, los ministros de economía españoles han intentado no asumir al cien por cien las disposiciones germanas y alentar otras políticas económicas intermedias entre el ajuste y la mayor inversión (intervenir) estatal.

Todos los “enemigos” de Alemania y hasta los “más” amigos, como España, Finlandia o Irlanda (según Thies), han usado el estereotipo de la Alemania opresora, "hitleriana" para criticar sus políticas económicas y su gestión de la crisis en el seno de la UE. Angela Merkel ha sido disfrazada con bigote y esvástica, y hasta con la conocida imagen de una ilustración de Hitler con un revólver en la sien; como si la mejor Alemania, la más amiga, es aquella capaz de suicidarse y empezar de cero.



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