El G7 no volverá a ser el G8

Captura imagen vídeo EFE tv. Cumbre G7 (2014)

No son buenos tiempos para las relaciones internacionales “Este-Oeste”. La reunión reciente del Grupo de los 7 en la alpina Austria y la vieja Alemania ha demostrado que el malestar occidental con la Rusia del presidente Putin no es una postura forzada o impuesta por las circunstancias, sino que es una ruptura en toda regla de las relaciones formales y fluidas que se mantenían con la potencia del Este.

Aquel viejo Grupo de los 7, claro símbolo del poder económico que surgió en plena Guerra Fría en el bando de los países capitalistas, Estados Unidos, la Alemania Federal, Francia, Reino Unido y Japón inicialmente, y luego, desde 1975, se incorporan Italia a petición del otro país europeo, Francia, y Canadá como contrapeso a petición de EEUU; solía reunirse, el viejo grupo decimos, con la ostentación de ser el foro que representaba a los países con mayor desarrollo económico del planeta.

Con la caída del Muro de Berlín y el proceso de globalización cada vez más patente en las décadas finales del siglo XX y las trascurridas en el actual, la clasificación de países según el nivel de industrialización quedó obsoleta y se ampliaron los criterios en relación al mayor peso geopolítico, en coordenadas económicas y militares. Rusia entró con “todos los honores” en el G7 y toda la prensa rebautizó al grupo de poder como G8 durante la cumbre celebrada en Denver, Colorado, (USA) en 1997.



Obama en el G7 de 2015
Ya en la cumbre del año pasado, en Holanda, los 7 países que conforman este selecto club “prohibió” la entrada al último socio, por haberse anexionado Crimea, territorio de un país, Ucrania, en negociaciones de adhesión a la Unión Europea. La UE desde las cumbres de la década de 1980 ha tenido una representación significativa, no sólo a través de franceses e italianos, en las cumbres anuales del G7, por lo que presionó para que se bloquease la presencia rusa en este célebre foro de poder financiero y geopolítico.

La actual ‘Cumbre del G7’ ha obviado la auto crítica económica por descarado interés; pues aunque el crecimiento de las economías del contexto G7 (EEUU más Japón y Europa) está en cifras positivas, los indicadores de desarrollo son tan frágiles que resulta mejor debatir sobre la lucha contra el terrorismo (Irak y Siria) o de las apremiantes firmas de los tratados de libre comercio aún pendientes (el controvertido TTIP, Tratado de Libre Comercio entre la UE y EE.UU.) En la faceta geopolítica se ahonda en el enfriamiento de las relaciones con Rusia ya que todos, con la bendición europea, mantienen la postura firme de mantener las sanciones económicas contra Moscú.

Sí que podemos afirmar que se ha hablado mucho de economía, pero de la tambaleante economía griega que sigue resultando un foco de inestabilidad, según el mismísimo presidente Obama de Estados Unidos, que debe “resolverse” cuanto antes para “bien de todos”. La premisa de la globalización podría quitar utilidad a este tipo de cumbres que ya no representan a los países con las mejores y más fuertes economías (China o Brasil deberían estar si nos atenemos al criterio antiguo); pero con astucia, la presidenta alemana Angela Merkel, ha revalorizado la cumbre indicando que el principal propósito, en el fondo, es dotar a la “globalización” económica de unas justas y razonables reglas...y ya se sabe, el que pone las normas...


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