Jugando al 'Stratego' en el mar del Sur de China

Tablero del juego Stratego

Cuántos escenarios desde septiembre de 1945 fecha que marca el fin de la Segunda Guerra Mundial, con la firma del ministro de Exteriores del Japón, Mamoru Shigemitsu, de la rendición incondicional de su país a los Estados Unidos sobre el acorazado Missouri, se han considerado propicios para el inicio de la Tercera Guerra Mundial. Pues muchos, sin duda. No voy a decir incontables porque algún colega historiador ya tendrá su libro escrito sobre los conflictos y tensiones que desde la mitad del pasado siglo XX casi nos llevan a otra gran guerra mundial; seguro que es una relación detallada y contable de esos conflictos.

En estas semanas se abre el “telón” del escenario del Mar de la China, en los estrechos marítimos del sur que entrelazan fronteras en el sudeste asiático. China, Vietnam, Filipinas, Taiwán, Malasia y Brunéi tienen intereses en un archipiélago, islas Spratly,  que es paso obligado en el tráfico marítimo mundial. El escenario de tensión bélica internacional está servido, lo incluimos a la lista de conflictos que pueden desencadenar un contencioso de dimensiones mundiales. Lo que ocurre es que no da tanto “miedo” como otras escenas de tensión militar vividas en los últimos lustros. ¿Por qué?

La preocupación por un posible conflicto militar en la zona por donde pasan 15 millones de barriles de petróleo al día, debía ser de nivel DEFCOM 3 o en “cristiano” de máximo interés para las organizaciones mundiales y las opiniones públicas del resto del mundo. Al occidental nos parece tan lejano ese escenario conflictivo que casi nos resulta el trailer de una película de Hollywood más que algo real. De vez en cuando saltan a los medios de comunicación de este lado del mundo que los asiáticos se pelean por unas islas, las Spratly no son las únicas en disputa...pero son las más disputadas por su riqueza en petróleo, gas natural y en bancos de pesca.


Isla Thitu, de las islas Spratly, ocupada por Filipinas desde 1968

Como en un juego de mesa de estrategia los litigantes han ido colocando sus fichas, que muchas veces han sido ocupaciones militares, “conquistas” como en el juego, de arrecifes o islotes. Lo han hecho todos, todos, a nadie se puede “exculpar”; hasta los ejércitos más débiles de los posibles contendientes, como el de Filipinas o Brunéi, han realizado maniobras militares y gestos de tensión. Lo que ocurre es que existe una superpotencia con el interés absoluto por el archipiélago, la República Popular China.

China no sólo manda sus navíos de guerra a maniobrar por todo el Mar de la China, también aprovecha su potencial económico y tecnológico para construir en esos arrecifes en disputa más islas artificiales que reafirmen su presencia en unos islotes que ellos llaman Nánshā Qúndǎo (islas de las Arenas del sur) y que reclaman en su totalidad. En el reciente foro sobre seguridad para Asia celebrado en Singapur, el representante chino, almirante Sun Jianguo, ha sido “diplomático” y mesurado en sus declaraciones, donde asegura que las construcciones chinas son, en su mayoría, de carácter civil y sin ocultar las construcciones que serán de refuerzo militar.

Palabras conciliadoras que no han servido para evitar la inevitable advertencia manu militari” de la superpotencia occidental, Estados Unidos, que vuelve a recuperar, tras sus problemas sin aparente solución en Asia Menor, el máximo interés económico y militar en la zona del este y del sur asiáticos, “tablero”, por otro lado, de natural influencia de la vieja China, desde tiempos inmemoriales, cuando EEUU no era ni un profético sueño de los peregrinos y colonos ingleses.


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