Cuba y Estados Unidos reabren embajadas después de medio siglo de espaldas


El canciller Bruno Rodríguez y el secretario Estado Kerry sellan "la pax" en Washington. AFP

Como esos duelistas del siglo XIX, espalda con espalda esperando girarse para disparar, han estado dos vecinos americanos. El poderoso Estados Unidos y la revolucionaria Cuba rompieron relaciones tras la 'crisis de los misiles' en 1961 en plena Guerra Fría. Viviendo aún el fundador del régimen personalista cubano, Fidel Castro, esta reapertura de embajadas tiene un mayor sentido histórico. Fidel Castro pertenece a la historia del siglo XX y su presencia brumosa en la isla es como esos hologramas o recreaciones audiovisuales de los museos modernos para explicarnos el sentido y significado de las muestras que exponen.

El hermano de Fidel, sucesor en un régimen sin democracia de partidos, Raúl Castro, no parecía dispuesto a realizar acercamientos con el coloso del norte en sus primeros años dirigiendo los destinos de la isla caribeña. El giro de intenciones de Raúl Castro, así como el empuje conciliador del presidente Obama al final de su mandato, ha propiciado que veamos la bandera de cuba ondeando en los cielos de Washington con todas las de la ley; es decir, presidiendo el suelo cubano en su embajada reabierta en EE.UU. La expectación fue mucha, el hecho más que anecdótico fue histórico y congregó a cientos de personas en el simbólico izado de la bandera este pasado lunes 20 de julio.


También, siguiendo una costumbre muy estadounidense de protestar frente a las sedes oficiales con llamativas pancartas, partidarios y detractores de este acercamiento, activistas de los derechos humanos y exiliados cubanos de Miami, aprovecharon el momento para significarse en el día que se iniciaba una nueva era y replanteamiento de sus ideales defendidos hasta ahora. De todas maneras, sus protestas aún no son en vano; esto es sólo el primer paso, el comienzo de un trabajo arduo para restablecer de pleno las relaciones. Cuba exige el fin del bloqueo por decreto, sin esperar a deliberaciones del Congreso estadounidense y reclama, además, la devolución a la soberanía cubana de la base militar de Guantánamo.

Por parte estadounidense existen muchas "ganas" de presionar para una mayor apertura democrática, en los parámetros occidentales de multipartidismo y elecciones generales, pero se "contienen" sabiendo lo crucial del momento y porque Washington no desea ningún freno en la cuesta abajo que supone el restablecimiento de relaciones con un país tan cercano a sus fronteras y tan alejado en lo ideológico y cultural, una "mancha" que parecía imborrable en su política exterior, como muestra el cuidado que han puesto en la oficialidad del izado de bandera estadounidense en La Habana, que no se hizo este lunes y será el próximo 14 de agosto, cuando el secretario de Estado de EEUU, Kerry, viaje a Cuba en una especie de "viaje en el tiempo" por ser el primer mandatario de su rango que lo hace desde 1945, hace justo ahora 70 años

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