¿El irredento soberanismo catalán se frenaría con un plebiscito legal?

Marcha independentista en Barcelona. Fuente imagen

No sé si han llegado a hacerse esta pregunta alguna vez. Yo, sí. Muchas veces desde hace unos cinco años. Curioso, coincide con el lustro en el que el independentismo catalán ha duplicado su presencia en el electorado de Cataluña y en el resto de España. Porque los nacionalistas catalanes han seguido, con todo el derecho del mundo, por supuesto, usando las Cámaras parlamentarias españolas para defender su proyecto político mediante la única manera posible: la democrática. Tras las singulares elecciones autonómicas catalanas de ayer, soy de la opinión de que no se ha avanzado ni un milímetro en la resolución general del conflicto abierto. Porque lo que era una problemática política-territorial, ya es un conflicto social. En Cataluña sólo se gobierna para un propósito, escindirse del Estado español; en España nada más que se gobierna para mantener en el poder a un partido político conservador, desfasado de la realidad española en todas sus dimensiones. Resultado: conflictividad social.

Como estoy en esa menospreciada y ninguneada posición de haber concedido, con las reformas jurídicas necesarias, en el momento adecuado un referéndum sobre su soberanía al pueblo catalán, mis opiniones quedarán en papel mojado. Ahora, creo que ni un plebiscito sobre la independencia calmaría el irredentismo catalán independentista. ¿Qué por qué habría que frenarlo? Pues por el mismo derecho que ellos se otorgan de representar la voz del pueblo y los "destinos" de Cataluña. Si hablamos de sentimientos identitarios, el sentir catalán exclusivo siempre estuvo en un 20%, incluso durante la II República, el único precedente democrático en toda esta historia. Además, recordemos que la República (durante el gobierno conservador, hay que matizar) metió en la cárcel al presidente Companys que había auto proclamado el Estado catalán, eso sí, dentro de la República Federal de España

Sin embargo, hoy día, otro hecho incuestionable es que el independentismo tiene casi un 48% de ciudadanos y aunque haya matices en que "todos" sean de sentir seccionista, refleja un clamor popular de que "así no se puede seguir", que Cataluña debe tener, sí o sí, su espacio propio. Luego, veríamos como "re-unir" de nuevo ese espacio catalán en el Estado español, un estado hispano que debería ser también radicalmente diferente, renovado. Porque es lícita esa postura, la de intentar volver a "unirnos", con solamente ver el contundente avance electoral de un partido que, como el independentismo, partía de registros minoritarios. Ya sabrán que hablo de "Ciudadanos". Partido unionista y constitucionalista que, a nivel estatal, tras estas elecciones despunta como la verdadera progresión electoral, esa que se la arrogaban a otros nuevos partidos como Podemos.

España y, por consiguiente, Cataluña están en un momento histórico de grandes miras y la altura, por desgracia, del plantel político actual es bastante mediocre, sobre todo en el gobierno de Madrid. Pero no me entiendan mal, no estoy pidiendo un "Salvador de la Patria". Ni tan siquiera un líder fuerte y carismático. Estoy pidiendo lo mismo que ocurrió en otros procesos históricos de gran calado, como la Transición por ejemplo. Me gustaría un tomar conciencia sensato de la sociedad española de algo que nos trasciende, pero que nos atañe. Transigir, ceder, tolerar para llegar a entenderse. Recursos que costarán a todos, visto que cualquier resultado electoral se reinterpreta a favor de la "obsesión" de cada uno. Y el independentismo está en el máximo de su obsesión. Tan obsesivo ya se encuentra, que es de imaginar que si perdiese un plebiscito (como le ha ocurrido con el "encubierto" en estas elecciones) no reconocería la derrota.





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