Venezuela y la insoportable gravidez de las fronteras

Frontera Colombia-Venezuela. Imagen obtenida en peru.com

Por el título pensarán que me refiero al conflicto fronterizo que mantiene Venezuela con su vecina Colombia estos días... pues sí y no. El asunto del cierre de fronteras en diversos departamentos venezolanos fronterizos con Colombia y la deportación forzosa de colombianos tiene una interpretación sencilla en muchos medios occidentales: nueva salida de tono del presidente Maduro para distraer a todo el mundo de los graves problemas internos que sufre Venezuela. Es una crítica válida y sólida, pero en honor de la verdad habría que profundizar en lo problemas reales que el gobierno de Caracas ha afrontado, de una manera torpe y brusca, aunque los ha afrontado. Esa línea fronteriza entre los dos países caribeños es uno de los lugares más fraudulentos del mundo: tráfico de droga, tráfico ilegal de personas, tráfico irregular de mercancías, estraperlo, sobornos y corrupción en las policías y funcionarios de aduanas de cada país...



Ahora bien, las maneras autoritarias y unilaterales de Venezuela, con el cierre de fronteras y deportaciones masivas, sólo han agravado la esencia de los problemas que ya se sufrían. A pesar de parecer una obviedad, la única solución es el diálogo activo entre los dos gobiernos; entre los dos presidentes, Maduro y Santos. Parece que están previstas reuniones del más alto nivel en esta semana, nos alegramos por ello. Sin embargo, todo este conflicto nos deja un regusto amargo y una decepción profunda. El mejor símbolo de progreso y alto desarrollo para un conjunto de sociedades, Estados, países con el mismo signo cultural y que comparten rasgos de una civilización, es la supresión de fronteras, de puestos aduaneros con barreras de líneas rojas y blancas.


Como europeo para mí era un orgullo cultural y social el poder viajar por casi toda Europa sin tener que enseñar el pasaporte; el poder estudiar y trabajar, el tener unas garantías jurídicas y sanitarias, por ejemplo, en los países miembros de la Unión Europea que no tendría en cualquier otro lugar del mundo, ni en EEUU. Pero la grave crisis migratoria de estos meses en el sureste europeo nos ha despertado de la utopía real y, como en Colombia y Venezuela, comenzamos a cometer torpezas y a mostrar formas propias de países desconfiados, inseguros, paranoicos, involucionados...

La misma esencia de la UE  hoy se pone en entredicho. La Unión se perturba cuando ante una crisis no se muestra unificación de criterios o disponibilidad de esfuerzos, cada cual en la justa medida de sus posibilidades, para llegar a una solución eficiente de conjunto. No entiendo cómo en lugar de cometer errores intentando llegar a un control de la crisis, que estarían exculpados, se dicen torpezas como que las Agencias de Inteligencia europeas cuidarán de que entre los refugiados no entren terroristas del Estado Islámico. Me parece muy bien, pero no hacía falta decirlo. Convertirlo en noticia no hace más que alentar los miedos de la opinión pública y las políticas xenófobas.

Puestos a decir tonterías, propongo algo que para mí es razonable aunque imagino que sonará a ingenuidad tonta. El problema creado, los refugiados masivos, no la guerra que sería otro extenso tema, tiene su raíz en la huida descontrolada de estas personas. Las Armadas europeas están entre las mejores del mundo. Propongo mandar al Egeo y al Estrecho del Bósforo (y los turcos que sean comprensivos, eso les ayudaría en sus relaciones con Europa) una flota de rescate destinada a recoger a los refugiados, hacer dentro de los barcos (soberanía europea) un primer control y regulación de estos migrantes forzosos y destinarlos a los países de acogida. A mí me parece sencillo, a muchos una tontería...¿seguro que lo es?







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