Elecciones en Argentina: ¿indicios de un cambio de rumbo en América Latina?


Scioli y Macri, los dos candidatos argentinos que irán a una 2ª vuelta. Fuente imagen

Al final 'El Dorado' no está en América Latina. Quizás nunca no lo estuvo, ni en la época de la "cólera de Aguirre" cuando las guerras civiles hispanas del Perú en el siglo XVI. Es como una maldición prehispánica; siempre que en América Latina se aúnan fuerzas de progreso social y económico acaban en una aventura incierta. Como el temerario Lope de Aguirre, que buscando la ciudad-leyenda de ‘El Dorado’ se enfrentó a todo el mundo, asesinó al que pudiese arrebatarle el poder en la expedición oficial que se organizó para encontrar esa ciudad llena de minas de oro y se enfrentó a la máxima autoridad de la época, la Corona, para acabar siendo apresado por esos actos de rebeldía y ejecutado por traición en territorio de la actual Venezuela.

La aventura incierta que la izquierda de progreso de América Latina, luego reconvertida en populista, se inició hace una década, con la serie de reuniones de los líderes de esa nueva “izquierda latina” en 2005, con Hugo Chávez a la cabeza. Al coliderato se unió un Néstor Kirchner y su peronismo de izquierdas. Sí, amigos, a los europeos nos costará más entenderlo, pero el Peronismo puede ser de centro, de izquierdas o de derechas... o todo eso a la vez. Luego, Cristina Fernández, una vez fallecido su marido, el ex presidente Kirchner y ser presidenta, siguió en la línea dura antimperialista, anticapitalista y antiespañola. A ese bloque con carácter “pan latino” se uniría más tarde Evo Morales, de Bolivia, con su “toque” indigenista, y el presidente ecuatoriano, Correa, al que le hubiese gustado siempre mayor protagonismo. Entre todos destacaba, para colmo latino, el aporte ibérico de Lula da Silva, el presidente de Brasil, auténtica locomotora económica de la región: el Cono Sur.

Qué diez años no son nada se demuestra en el desarrollo final que han tenido esos líderes que optaron por el radicalismo regional, olvidándose de aliados naturales, tensando las relaciones con éstos, como por ejemplo con la vieja y decadente España, que a pesar de sus torpezas habituales con Iberoamérica, no merece tanto desprecio y desapego, porque al final, como también ocurre por el lado español, esos desencuentros y malas relaciones perjudican a todo el mundo y tienen peores consecuencias de las previstas. Las sociedades de ambos lados del Atlántico se parecen mucho más de lo que creemos en sus dificultades diarias, una mala relación entre los Estados no ayuda a progresar y mejorar en las condiciones de estas sociedades.

El Cono Sur debería aprender de México, que en sus relaciones con EEUU o la misma España, demuestra el pragmatismo (económico-político) de las políticas de Estado. Los proyectos de Merco Sur, ALBA-TCP (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos), tan loables en sí, han acabado con un carácter tan beligerente y hostil que a veces roza el ridículo. Como miembros observadores en el ALBA están Siria e Irán y se está pensando invitar a Rusia, con una evidente actitud beligerante contra el “bloque” occidental (EEUU y la UE). Absurdo, muestran las mismas actitudes que condenan: imperialismo, nueva “Guerra Fría” dividiendo al mundo en bloques políticos, diplomacia arrogante, populismo...

Mauricio Macri, líder de la fuerza conservadora "Cambiemos". Fuente imagen
En fin, recuperando la idea central de este texto, el resultado incierto de las recientes elecciones argentinas, que puede dar el poder a la derecha-derecha en la segunda vuelta del próximo 22 de noviembre, parece indicar un agotamiento y desencanto de las políticas izquierdistas con esos rasgos autóctonos de socialismo bolivariano en el subcontinente. Matizando que la singularidad argentina remarca un componente muy local a esta lectura del “vuelco a la derecha”, pero que puede servir de perspectiva más global si vemos que el “frenazo” económico de toda la América Latina (crisis de las materias primas), de los que se llamaron “países emergentes”, está generando malestar político contra los líderes bolivarianos o contra los que siguieron sus líneas.

Se aprecia en la mencionada Argentina, en Ecuador, en Bolivia, en Nicaragua... y el caso tan “delirante” de Venezuela. El heredero de Chávez, Nicolás Maduro, no ha sido capaz de construir un Estado socialista, ni siquiera a imagen y semejanza del modelo cubano. A grandes rasgos, en Cuba se vive mejor que en Venezuela y, en estos momentos, hasta existe mayor libertad política. 

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