Siria y el belicismo a la carta. Le Ciel lui tombe sur la Tête!

Álbum de Axtérix. Fuente imagen

Nunca antes con tantas probabilidades el cielo puede caer sobre nuestras cabezas. Por Tutatis y Belenos, dioses de la mitología gala que aparecen en los célebres cómics de Axtéris y Obelix, que es así de cierto. En el cielo sirio cada cual escoge, a la carta, qué pedazo de cielo arrojarnos sobre la cabeza. Turquía derribó uno de estos menhires voladores en forma de caza SU-24 ruso; por lo visto los rusos quieren hacer caer el cielo sobre la cabeza de Oriente Próximo sin importarles de quién es o a quién le importa cada pedazo de firmamento. Rusia sabe muy bien cuales son sus celestes intereses: mantener en el poder a Bachar el Asad a toda costa. Es el mejor aliado para consolidar su privilegiada posición geoestratégica en la región, aunque haya sido tachado de tirano totalitario por la mayoría de la comunidad internacional.

Los atentados de París del pasado viernes 13 de noviembre y el avión comercial ruso Airbus A-321 derribado por una bomba del Daesh (confirmado ya por todos), han servido a Rusia de mayor justificación para intensificar su intervención militar en suelo sirio. El objetivo es loable para Occidente porque es compartido: eliminar a los criminales del Daesh. No obstante, el menú celestial ruso es muy selectivo, no se conforma con arrojar bombas desde un único pedazo de cielo, el dominado por los terroristas del Estado Islámico(?) en Siria; también, a todas luces, echa el cielo encima a milicias turkomanas que combaten contra El Asad. Para eso hay que volar sobre esquinas celestiales que hacen frontera con Turquía.

Caza ruso derribado cae sobre suelo sirio. Fuente fotografía

No puedo ni imaginarme la vida de un "irreductible" aldeano del norte de Siria, esperando que el cielo se le caiga sobre la cabeza por culpa de rusos, turcos, estadounidenses o franceses. El cielo de toda Siria y del norte de Irak se ha convertido en un gran firmamento para el belicismo a la carta. Bombardear según el interés particular de cada potencia. Este "cachondeo" belicista no ayudará a solucionar el problema esencial y más grave: acabar de una vez por todas con el Daesh. Quizás no se puede liquidar el integrismo religioso, como ocurrió con los talibanes, sin embargo se puede convertir a los ahora inhumanos terroristas del Daesh en "apestados", en marginales en la zona como ha ocurrido con el talibán de Afganistán. Lo malo es que ese logro, que ahora nos cuesta ver al estar lleno de prejuicios, se consiguió con participación militar sobre el terreno, no con bombardeos.

De las pocas opciones belicistas para solucionar el problema con eficacia, está la apuesta por la milicia kurda. Resultado positivo (acierto) lo hubo en Afganistán usando a las milicias anti talibán del asesinado líder de la Alianza Norte, Ahmad Sah Masud. Los guerrilleros kurdos han demostrado destreza militar que con un buen apoyo externo sería la solución intervencionista más del gusto de Occidente y hasta lo es de Rusia. Pero...y los pero sobre el cielo que se nos cae en Siria son de gran calibre, los kurdos también tienen sus "pedazos" de firmamento muy apegados al deseo de tener suelo propio bajo ese cielo. Anhelos que no gustan nada a turcos, sirios e iraquíes, porque sería, más o menos, el mismo "paraíso celestial" que ahora controlan los bárbaros del Daesh.

En definitiva, por una cosa o por otra, el cielo sirio se ha convertido en piedra de menhir que amenaza nuestras cabezas. Y los dirigentes que sujetan estas grandes losas son cada vez más siniestros. Erdogan, el presidente turco, se empecina en aumentar su descrédito en Occidente. Tener aliados así es mejor no tenerlos, los occidentales no aprendemos...el turco "no es de fiar" desde el siglo XV, y disculpen el prejuicio cultural, pero es que siempre es cierta la desconfianza mutua. El derribo del caza ruso es muy inoportuno, porque puede romper la coordinación (casi alianza) que ya se estaba dando con Rusia en la lucha contra el yihadismo

Al final, cada uno hará la guerra por su cuenta y el cielo se caerá en miles de fragmentos sobre nuestras cabezas. ¡Por Tutatis!

 
Gustavo Adolfo Ordoño © 







Comentarios