España, la “democracia imperial” y los pactos a la portuguesa

El escudo de la Casa de los Austria, con Portugal ocupando un lugar de
honor, entre los emblemas de Castilla-León, Aragón-Cataluña-Sicilia.
Fuente imagen: Wikipedia

Ahora que el líder del PSOE, Pedro Sánchez, regresa de su visita a Lisboa para que los hermanos socialistas portugueses le contasen cómo había sido eso del ‘Pacto de Izquierda’ para gobernar, censurando un gobierno de la derecha recién constituido, me viene a la imaginación la España imperial del siglo XVI y XVII, cuando las dos coronas formaron un único Estado a partir de 1580, pero con dos gobiernos independientes. Felipe II respetó los consejos de gobierno lusos, otorgando autonomía al país y lo único que exigió es ser titular de la monarquía portuguesa, por su innegable derecho al ser hijo de Isabel de Portugal.

Incluso, Felipe II, el monarca imperial, toleró (en cierta forma) una oposición política a su persona con la constante intriga de los sucesivos candidatos (empezando por el prior de Crato) a restaurar una corona cien por cien portuguesa. Su hijo y su nieto, los Felipe III y Felipe IV, heredaron esta “cuestión” o problemática portuguesa, teniendo que esperar los restauradores portugueses a revueltas internas en 1640 (sublevación de Cataluña) para que el ejército de la Monarquía hispánica no pudiera reaccionar y se proclamase la total independencia portuguesa, coronando al Duque de Braganza, como Juan II de de Portugal.

La Historia tiene un punto de ironía cuando vuelven a presentarse los mismos actores a la escena política. En España se tiene que formar gobierno y no existen mayorías parlamentarias para hacerlo. El partido de la derecha, PP, aunque ganador de las elecciones no encuentra apoyos por ningún lado; el PSOE, la segunda fuerza política con opciones a formar gabinete e investir presidente, podría tener apoyos, pero todos están condicionados. Una posible unión de izquierdas con Podemos, los partidos republicanos catalanes y los independentistas vascos de ultra-izquierda, pasaría por lo improbable: que tanto Podemos como esas fuerzas independentistas renunciasen a la exigencia de celebrar un referéndum de autodeterminación en Cataluña (el caso vasco, por ahora, pasa de puntillas).


Costa y Sánchez, líderes ibéricos socialistas en Lisboa. Foto EFE

Fue la pretensión del Conde Duque de Olivares, valido de Felipe IV, en 1640, de utilizar tropas y milicias portuguesas contra los sublevados catalanes lo que colmó el vaso de hartazgo popular portugués. El pueblo de Portugal se negó a luchar contra los catalanes, no entendían el conflicto como una cuestión “nacionalista” que atentase contra la monarquía hispana. Decidieron romper la unión con España, que sólo había beneficiado a comerciantes y nobles, para dejar de combatir en guerras que consideraban inútiles a sus intereses, pues Felipe IV abusó del uso de los ejércitos portugueses en las Provincias Unidas (Holanda).

Ahora, la ‘cuestión nacionalista catalana’ vuelve a interponerse en posibles uniones, aunque sean en realidades muy distintas, españolas. En Portugal, como en 1640, la Izquierda (la oposición al gobierno) no tenía el condicionamiento del independentismo catalán para unir fuerzas y conseguir el objetivo de gobernar, de dirigir la “completa” autonomía de su país. No existe en Portugal la ‘cuestión nacionalista’. Pedro Sánchez, candidato socialista a formar gobierno en España, tendrá muy complicado ser coronado como Pedro I de un gobierno unido de izquierdas. Sobre todo porque se ve obligado a pedir tropas catalanas para combatir contra catalanes.

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