Los pactos, asignatura pendiente de la política española

El jefe del Estado recibe a Pedro Sánchez en la ronda de citas para la investidura. EFE

Quizás lo más difícil en cualquier relación es la capacidad de transigir y la voluntad de tolerar. Esta reflexión parece de consultora sentimental barata, pero convendrán conmigo que es muy razonable y la base para llegar a cualquier acuerdo. En el panorama político español actual tenemos un escenario donde el protagonista indiscutible es la necesidad de pactos. Como seguidor de esta actualidad política estoy aburrido, con cierto hartazgo, de las informaciones que describen todo como una situación de bloqueo político y de inexperiencia democrática en España. Como analista de esta actualidad, me gustaría salir de esa idea generalizada de que estamos ante un situación extraordinaria, sin viso de salida o solución.

Ese tremendismo negativo tan hispano resulta tan irónico que, por ejemplo, hace de los catalanes los más españoles de España. El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ironizaba sobre la situación del gobierno de Madrid y su imposibilidad de llegar acuerdos para iniciar la legislatura, comentando que deberían pedir consejo a Barcelona sobre cómo pactar. Considerando que el "pacto" que le ha llevado a la Generalitat fue una "carambola" a 15 minutos de cumplirse los plazos estipulados para que no se repitiesen las elecciones, no debería presumir de experiencia o saber hacer, sino de "españolidad", porque esa improvisación de última hora es un rasgo español, mucho español. Y las Cortes Generales españolas y los partidos políticos que las forman van por ese camino.

No es verdad que España no haya estado en una situación similar durante este periodo democrático iniciado en 1978. Recordemos, por ejemplo, que Felipe González tuvo que adelantar en casi año y medio las elecciones de 1996 (previstas para julio 1997) porque perdió el apoyo pactado en 1992 con los nacionalistas catalanes de Jordi Pujol. Así, en las elecciones de marzo de 1996, el PP (Partido Popular) ganaba las primeras elecciones de su historia por la mínima y el candidato Aznar tuvo que pactar con esos nacionalistas catalanes (y los vascos) que meses antes habían retirado el apoyo de gobierno a los socialistas.

Esa situación del 96 es la más parecida con la actualidad, es decir, tenemos un "histórico" en nuestra cultura democrática al que mirar pero que sólo lo hacemos de reojo. Es cierto que ahora existen en el Parlamento nuevos actores que han acabado con el bipartidismo al uso, pero no con los "ejes de posibles pactos". Me explico. Antes, PP y PSOE debían articular (como ejes) los pactos buscando los apoyos donde únicamente los había: en los nacionalismos. Ahora, el PSOE y el PP siguen siendo los ejes que podrían articular pactos, pero los apoyos vendrían de fuerzas que tienen más de 20 diputados (Podemos y Ciudadanos) y donde los nacionalismos serían "meros puntales" del posible pacto.

Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Fuente imagen
Los problemas en avanzar con posibles acuerdos están viniendo cuando los nuevos partidos se comportan como si existiera un "nuevo bipartidismo". Podemos actúa como el nuevo PSOE y Ciudadanos como el nuevo PP, ambos sobrevalorando sus resultados electorales colocándose en posiciones de fuerza "por encima de sus posibilidades". Asumir una investidura de gobierno rechazando acuerdos con la fuerza política más votada, PP, obliga al PSOE a pactar no sólo para conseguir el gobierno, también para poder gobernar y legislar. Es algo que no sé si por inexperiencia o por impaciencia política, están desconociendo Pablo Iglesias (Podemos) y Albert Rivera (Ciudadanos).

Transigir y tolerar, a eso parece que nadie está dispuesto. La ultra rivalidad existente entre PP y PSOE parece haberse legado, como única herencia del bipartidismo, a Ciudadanos y Podemos. Es, para cualquiera que lo quiera ver, sorprendente la inquina que existe entre las dos nuevas formaciones, como si llevasen décadas de reproches y de recelos. Sus líderes hablan de que sus bases y/o votantes no entenderían un pacto con un partido tan diferente en su "forma de entender" la vida, la sociedad...esta incapacidad de tolerar va a conseguir un efecto que por ahora las encuestas y los medios no reflejan: una reconsideración hacia el PSOE y Pedro Sánchez. ¿Qué no lo creen?

Pues sería razonable creer en ese efecto si tenemos en cuenta otro dato, que sí aparece en las encuestas: el electorado desea pactos, que los partidos se pongan de acuerdo porque ninguno puede gobernar, y menos legislar, solo y es el PSOE quien está intentando hacer realidad ese deseo. El líder socialista ha entendido que el pacto tiene que ser sólido para ser investido y para contar con respaldo parlamentario, algo que muy pocos le valoran. En fin, si logra la investidura con alguna de las posibilidades planteadas (jugar con ellas en este enlace ), es muy probable, por no fijarnos en nuestra 'historia democrática', que a corto o medio plazo la legislatura quede bloqueada como en 1996, por perder alguno de sus "puntos de apoyo".

Gustavo Adolfo Ordoño ©














Comentarios

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