La supuesta soberbia intelectual y moral de la izquierda

Foto propia 


Buscando un tema para escribir en este diario de actualidad política y social, me topé con el cartel que el ayuntamiento de mi ciudad, Madrid, ha puesto junto a la papelera más próxima a mi casa: “Si necesitas una señal para usar la papelera, es ésta”. Lo primero que pensé, “qué cachondos estos de Ahora Madrid”. Luego, tras sacarme la sonrisa me dejaron abstraído, reflexionando en la excesiva ironía intelectual que a veces se emplea desde la izquierda o desde los movimientos autoproclamados de cambio y progreso. Al menos es una impresión que me produce esa aparente “nueva izquierda” española.

Pero no hago una crítica severa de ello o me pongo de adalid en el “otro bando” intelectual de la derecha, pretendo confirmar que el tópico de la pretendida “superioridad” intelectual de la izquierda se cumple. La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, es una veterana jurista con un historial incuestionable como demócrata relacionada con la izquierda tradicional española, pero sin haber formado parte de ella de forma directa. Supongo que por eso sus ideas y medidas municipales están más en la línea de ser continuadoras del alcalde “viejo profesor”, Enrique Tierno Galván, cuyos singulares bandos y maneras doctas tanto encantaron al pueblo de Madrid, sin importunarles la “superioridad” del maestro, que en la línea de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau y sus maneras de activista “callejera” (con todos los respetos).


No estamos en los 80’ y en Madrid la supuesta nueva izquierda de Podemos y Ahora Madrid no encuentra tanta simpatía y comprensión ante las reprimendas cívicas de su alcaldesa. A los jóvenes del botellón, que tanto ensucian los parques, se les reprendió con la posible medida de forzarles a trabajos sociales de limpieza general de las calles y jardines que manchaban. A las madres y padres de los colegios públicos, donde escasea el presupuesto para empresas limpiadoras, se les sugirió organizarse en cooperativas de economía social para la limpieza general de los colegios de sus hijos. Y la última propuesta, con ese halo de medida pedagógica que tienen los decretos municipales de la alcaldesa Carmena, es la multa de 1.500 euros a los dueños de perros que no recojan los excrementos y que se puede conmutar por tareas de limpieza, obligadas si no se paga la multa, de estos deshechos caninos los fines de semana.

Campaña cívica de limpieza en Madrid. Fuente imagen

Las lecciones de civismo de Tierno Galván fueron vistas como la natural reprimenda de un abuelo al nieto, desde la sabiduría y superioridad moral del primero (abuelo-alcalde) sobre el segundo (nieto-pueblo de Madrid). No sé si en el caso de Carmena ocurre lo mismo, no quiero malas interpretaciones, pero sí que, en mi opinión, encuentro lazos comunes entre una y otra forma de actuar. Y lo que ocurre, también, es que el pueblo de Madrid no tiene esa “inocencia” generalizada e ingenua del que se veía por primera vez, en mucho tiempo, esperanzado en sentir como suya la ciudad; como ocurría en los años del alcalde Tierno.

Madrid ha tenido más de 20 años alcaldías conservadoras, donde ha primado las grandes obras de infraestructuras, coincidiendo con el auge de la época del ladrillo y donde el ciudadano en lugar de “campechanas” directrices cívicas soportaba las molestias de esas mega obras (túneles de la M-30). Con esto quiero decir que se ha perdido la costumbre de seguir un buen consejo cívico, algo que por otra parte no debería molestarnos si asumimos que somos personas educadas. A mí, como ciudadano responsable y educado, me indigna más que, a estas alturas de la democracia, se tengan que poner carteles “simpáticos” para promocionar el civismo de la ciudadanía.



Gustavo Adolfo Ordoño ©

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