Unamuno y Don Quijote, una experiencia casi religiosa

Miguel de Unamuno entre libros

Aún faltan meses para el 80º aniversario de la muerte de don Miguel de Unamuno y, por ende, del suceso que le enfrentó a una turba de legionarios liderados por Millán Astray en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, ocurrido poco tiempo antes, pero ya algunos medios se adelantaron para recordar esa fecha y ese enfrentamiento del sabio contra el novio de la muerte. Lo hicieron aprovechando el aniversario de otra muerte, la de Miguel de Cervantes este pasado fin de semana cuando se cumplían 400 años de ella. Y hacen bien, pues Unamuno tiene una estrecha relación con la obra principal de Cervantes, el Quijote, al ser considerado uno de los intelectuales más "quijotescos" de la historia contemporánea española.


Ahora bien, se debe puntualizar que Unamuno era devoto del Quijote pero no se sentía muy cervantino. Esa aparente contradicción forma parte de los singulares rasgos filosóficos que Miguel de Unamuno tenía como escritor. No se puede aclarar porqué sentía tanta pasión por el personaje, don Quijote, y una clara animadversión por el creador de esa figura, el escritor Cervantes. Quizás porque en el ensayo que escribió en 1905, para conmemorar otro centenario (300 años de la primera publicación del Quijote), establecía la figura del ingenioso hidalgo como un casi dios, una especie de mesías salvador, un "Jesús-Quijote"; y al autor, Cervantes, lo veía demasiado "hombre", un soldado de gran espíritu pero lleno de imperfecciones, como cualquiera. Es más, llegó a pensar que mejor hubiese sido que el Quijote fuese anónimo, pues la gloria eterna del personaje se veía eclipsada por la "genialidad temporal" del autor.

Don Quijote entre libros  

El ensayo se titula: La vida de Don Quijote y Sancho. Y lo que para otros hubiese parecido una exageración metafísica o una sobrecarga de religiosidad en los asuntos políticos y mundanos de la vida, en Unamuno se convierte en un pretexto para hacer del justiciero, del 'Caballero Andante', una especie de "Superhombre" Nietzscheniano que consiguiese poner en valor la fe, que sería la irracionalidad de don Quijote, frente al racionalismo que imperaba en toda la cultura del iniciado siglo XX. El profundo sentir cristiano de Unamuno, interpretado de forma errónea muchas veces, le granjeó antipatías e incomprensión entre los pensadores de izquierda.

Incluso, autores ahora tratados igual que "dioses" de la literatura, como Borgesironizaron sobre su pensamiento "místico" y su actitud "despectiva" hacia Cervantes, convirtiendo a Unamuno en una gran figura, como el personaje del Quijote, y haciendo de sus obras unos "ladrillos" que mejor hubiese sido no tuvieran autor. Si supiera don Miguel de Unamuno el nivel de ingenio de quién le criticaba, hubiese replicado que no estaban haciendo con él más que lo mismo que él hizo con CervantesUnamuno quiso desprivatizar el Quijote, despegarla del anodino Cervantes y hacer de esa obra criatura de un pueblo, creación de toda una cultura; la hispánica.

Al final, parece ser que hasta Borges se dio cuenta de ello.


Gustavo Adolfo Ordoño ©


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