Las guerras olvidadas del presente

Atleta etíope de etnia oromo que protestó por la represión sufrida en su país. Fuente ATLAS

Esta entrada en la web debería tener un carácter de denuncia, pero nada más que conseguirá una mínima atención de los lectores que den con ella y por la curiosidad de conocer que en Yemen y en Ucrania, por ejemplo, hay personas que siguen muriendo por culpa de una guerra. Son conflictos que de las primeras páginas de los medios de comunicación, pasaron a la información de relleno y luego, de forma abrupta, desaparecieron de las noticias que nos facilitan. La libertad de prensa no garantiza la total información del ciudadano. Dejando aparte la inmediatez del hecho con evidente carácter de noticia y su obligada difusión, sólo conocemos lo que los medios desean dar, lo decidido en una junta de redacción. 

Me considero un analista al que le da mucha importancia los factores geopolíticos para exponer sus ideas. Quizás por ello estas guerras olvidadas en el fondo sean conflictos no resueltos o con imposibilidad de solución, lo que lleva a la metáfora de guerra eterna como bien se considera al conflicto palestino-israelí. Hecha esta matización, me gustaría recordar que en algunos lugares del mundo muchas personas mueren por un disparo de un francotirador, por pisar una mina o por ver a su aldea en medio de una batalla entre fuerzas enemigas. A eso “en mi pueblo” le llaman una guerra. Expongo una serie de guerras olvidadas, dejadas en el desván del interés humano, empezando por las que aun olvidadas siguen “sonando” a la opinión pública por su pasado mediático. Seguro que me dejo alguna, porque lo olvidado en los medios sufre también el fenómeno de desaparecer, como si nunca haya existido.

Guerra de Chechenia y su guerra “colateral” de Daguestán


Todo un clásico. Razones para ello hay. Más de 200 años lleva está zona anexionada a Rusia por el antiguo imperio zarista, luchando por su independencia. Sin remontarnos a su historia del siglo XIX, esta región es el país de uno de los pueblos musulmanes “más aguerridos” del Cáucaso norte. Los chechenos intentaron su independencia el 2 de noviembre de 1991 con su presidente Dhorkhar Dudayev proclamando la república secular. Pero Rusia no aceptó la secesión de esta región caucásica y en 1994 comienza la llamada ‘primera guerra chechena’, cuando las tropas rusas llegaron a Grozni con la intención de derrocar al presidente.

Soldados rusos en la toma de Grozni. Fuente imagen

La resistencia chechena fue tan dura que el presidente ruso, Yeltsin, se vio obligado a firmar una acuerdo de alto el fuego con el nuevo líder chechenio Aslan Maskhadov, en 1997. Las acciones de guerra y el terrorismo, considerado resistencia por los chechenos, continuaron haciendo fracasar ese armisticio. Al comienzo del siglo XXI, el nuevo hombre fuerte de Rusia, Vladimir Putin, decide solucionar el asunto checheno con su manera expeditiva de hacer las cosas. La ‘segunda guerra chechena’ se puede dar por comenzada entre el año 1999 y el 2000, cuando los radicales islamistas como Basayeb invaden desde Chechenia el Daguestán, pretendiendo crear una república islámica uniendo ambos territorios y expulsando a los rusos del Cáucaso.

Ese ataque checheno a Daguestán fue el motivo que Putin esgrimió para la segunda invasión rusa de Chechenia y el comienzo o continuación del conflicto. Guerra que sigue abierta, con la particularidad de que al carácter nacionalista e independentista de su origen se debe ahora añadir la causa yihadista. Putin ha manejado con habilidad los miedos en la comunidad internacional al terrorismo yihadista para conseguir éxitos y apoyos en el control ruso de Chechenia.


Guerra de Eritrea y su impacto en Etiopía


Llamada la ‘Guerra de los Pobres’, por ser entre Etiopía y el norte secesionista de Eritrea, desde sus inicios contó con poca repercusión mediática. La declaración inicial de independencia de la región norte de Etiopía, Eritrea, en 1993, fue asumida y llevada con cordialidad por ambas partes. Sin embargo, el acuerdo no fijó con claridad las fronteras entre los países cuando eran territorios coloniales administradas por ingleses, Eritrea y por italianos, Etiopía. Así en 1998 las tropas eritreas tomaron la ciudad de Badme y su región, pues la consideraban dentro de sus fronteras nacionales. Etiopía reaccionó lanzando todo su ejército, estabilizándose el frente cuando recuperaron Badme en febrero de 1999.

Un viejo tanque eritreo varado en la frontera. Fuente imagen: David Stanley

Desde el acuerdo de paz en Argel el año 2000, y la resolución del Tribunal Internacional de Justicia en 2002 que fijaba las fronteras definitivas, existe un área fronteriza desmilitarizada entre ambos países que no impide los esporádicos enfrentamientos entre tropas o las acusaciones de sabotajes y espionaje. Así lo demuestran los movimientos de unidades mecanizadas etíopes en 2005 y 2007. En la actualidad los “daños colaterales” del conflicto se ven en la conformación política de ambos Estados.

Por un lado Etiopía ha endurecido su gobierno con medidas policiales y represivas contra ciudadanos de etnia eritrea o de la tribu oromo, aliados de los eritreos; y el gobierno de Eritrea lleva un lustro dedicado a convertirse en un régimen “militar” y autoritario, con la excusa de la eterna amenaza de una invasión etíope. En la llamada ‘crisis de refugiados’ sufrida en Europa, muchos de estas personas proceden de Eritrea o de la misma Etiopía, por ser de origen eritreo o pertenecer al perseguido en Etiopía Frente de Liberación de Oromo.


Las Guerras del Sudán


Con ese título pretendo recordar a varias guerras en la región y, en el fondo, a la guerra eterna que parece haberse instalado en la zona del mundo con mayor hambruna. A los conflictos se añade la pesadumbre de la pobreza endémica y los periodos de hambruna, incluida la más trágica, la hambruna infantil, en una región que no termina de encontrar la paz aunque sea figurada, como en otras partes con conflictos latentes. Sudán del Sur, territorio cristiano, tras décadas de guerra para conseguir autonomía y luego la independencia del norte de Sudán, mayoritario musulmán, consigue que se reconozca su emancipación en julio de 2011. Sin embargo, dos años después, en 2013, el proceso de estabilidad se trunca con una nueva guerra. Esta vez una lucha interna por el poder.

Sudaneses del sur, civiles armados. Fuente imagen

La guerra civil de Sudan del Sur sigue abierta y enfrenta a las etnias dominantes del país. A los dinka del presidente Mavardit, contra los nuer del vicepresidente Machar. Combates de este pasado mes de julio demuestran lo inútil de la frágil tregua acordada en 2015.

La guerra sin tregua de la República Democrática del Congo


Si alguien quisiera poner un ejemplo de ‘guerra total’ acertaría con la ‘Guerra del Congo’, forma de aglutinar con un nombre a un conflicto que parece ocurrir desde los orígenes del hombre. Porque esa región de los Grandes Lagos y sus enormes recursos naturales parecen haber estado en disputa siempre, unas veces por controlar las tribus las zonas de caza y pesca y otras por controlar las potencias coloniales sus ricos recursos mineros (el coltán, por ejemplo). Es complicado hacer una reseña de las causas y motivos de este conflicto, así que nos limitaremos a recalcar que sigue muy presente, independientemente de sus culpables o sus orígenes.  

Unidad del Ejército congoleño preparándose ante la mirada de cientos curiosos. Fuente imagen


En la actualidad, una aparente estabilidad se ha conseguido con el gobierno desde 2006 del presidente Joseph Kabila. Aunque los Cascos Azules de la ONU ayudaron a estabilizar el convulso Congo del Este, región donde dominaba la guerrilla del M23, y la comunidad internacional apoye las medidas pacificadoras de Kabila, las tensiones siguen latentes o son tan reales como la existencia de innumerables fuerzas rebeldes internas, milicias de ‘Señores de la Guerra’ y ejércitos privados de opositores políticos.

 Las guerras figuradas


Decíamos al inicio del texto que seguros que se nos olvida alguna guerra olvidada. Guerras que no lo parecen en la forma pero sí en el fondo. Estas guerras olvidadas siguen sin dejar a las personas que las sufren vivir en paz y en estabilidad social. De entre las “guerras figuradas” podemos recordar:


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