Política española y el arte de las evidencias

Elemental, querida España...

En verano suelo aprovechar para cambiar de lecturas. Prefiero leer novela negra o policíaca, mi género favorito, huyendo de los manuales de Historia o del ensayo político. En el disfrute de una de las novelas de un fenómeno editorial del género, el francés Pierre Lemaitre, me encontré con la descripción perfecta de la situación política española. Se trata de uno de los policías miembros de la brigada criminal, descrito como un tipo tacaño, descuidado en el vestir, que no gasta ni en la compra de un abono trasporte, esperando que algún compañero vaya dirección a su casa. Este “miserable” de infinita paciencia es un experto en el “cultivo del arte de las evidencias”. Cuando la investigación queda atascada y necesita de alguna evidencia, el comandante Camille Verhoeven (nuevo gran icono del detective literario) entrega una serie de pistas difusas a este miembro de su equipo para que las convierta en posibles evidencias del crimen.


El “caso” de la situación política española necesitaría un investigador minucioso de evidencias como el de este inspector de novela policíaca. Las pistas son difusas, las pesquisas ambiguas. Todo el mundo opina, debate, se cultiva la obviedad en lugar de cultivar evidencias. El país está cansado de ver atascada la formación de un gobierno. Cuando las izquierdas pudieron formar gobierno la obviedad del constitucionalismo de unos y la aceptación de otros de un referéndum que consulte la posibilidad de una secesión catalana, imposibilitó formar legislativo. Cuando la vieja izquierda constitucional buscó el centro escorado a la derecha, la obviedad del rechazo, casi enfermizo, de la joven izquierda activista hizo imposible cualquier gobierno. Y todos estos intentos se hicieron cuando la derecha, vieja y amplia, no tuvo la decencia política de presentarse a una investidura pese haber ganado las elecciones (partido más votado). El motivo que dio, otra obviedad: no tenía mayoría absoluta.



Se repitieron las elecciones, la única evidencia que quedó en pie después de las “formales” sesiones de investidura que afrontó el candidato de la vieja izquierda. Volvió a ganar la vieja, sólida y corrupta como una roca, derecha española; con más votos que en las primeras elecciones generales. A la evidencia de repetir elecciones se suma la evidencia que dice que las vuelve a ganar el partido de la derecha. Podríamos hacer la deducción de que formaría gobierno porque esta vez se presentaría a una investidura. Así es, la evidencia costó en convertirse en prueba determinante de un proceso (formar gobierno) pero al final la derecha presenta candidato en sesiones de investidura a partir del 30 de agosto. Las pesquisas sobre si se formará gobierno vuelven a encontrarse con las ya vistas obviedades, aunque esta vez la vieja derecha tendrá el apoyo de la nueva y supuesta centrada derecha. Una obviedad que para muchos de izquierdas se debía haber dado antes. Aún así, con este apoyo, la derecha que gobierna en funciones no podrá hacerlo de facto porque tampoco suma mayoría absoluta.
 
H. Bogart encarnando al detective Philip Marlowe

Lo de confundir deseo con realidad se atribuye a un clásico defecto de la izquierda. Pero también es un vicio de los detectives e inspectores de novela policíaca, a los que les gustaría que la pista encontrada (deseo) fuese la que llevase a la evidencia que resolviese (realidad) el crimen que se investiga. Ante la obviedad de que la derecha no llega a la mayoría absoluta y tampoco parece tener los votos o abstenciones necesarios para una segunda vuelta, a la joven y activista izquierda se le despierta el deseo de transformar la obviedad en evidencia. ¿Un nuevo intento de gobierno de izquierdas convirtiendo las obviedades en posible evidencia de legislativo progresista? Pues me temo que tenemos que entrar en el terreno de la literatura para responder a esa hipótesis.

Las pistas siguen siendo bastantes difusas. Si a la obviedad de la izquierda clásica manteniendo el no a la investidura del candidato de la vieja derecha con el apoyo de la derecha nueva, sumamos la obviedad del deseo de la izquierda joven de gobernar, podemos obtener la evidencia de que podría haber una alternativa de gobierno. Sin embargo, algunos indicios (no llegan a pruebas) nos hacen pensar que entre las filas de la vieja izquierda se esté contemplando la abstención para dejar gobernar a la derecha y pasar a liderar la oposición. Algo, pese a quien pese, que es una evidencia democrática. Además, indicios de mayor calado, como la composición de la Mesa del Parlamento, pueden llevarnos a pruebas que evidencien que la derecha consiga los votos que le faltan de las derechas soberanistas catalana y vasca.

Lo malo de la novela policíaca moderna es que utiliza mucho de la psicología y sociología, no es como la antigua novela de misterio y crimen donde los investigadores podían decir, con absoluta certeza, “elemental, querido Watson”. En la política española ya nada es elemental. Quizás la única evidencia a seguir es que existen cada vez más posibilidades de acudir a unas terceras elecciones generales. ¡Lástima de inspector Armand!




Gustavo Adolfo Ordoño ©

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