Trump, símbolo de lo peores defectos de EEUU, candidato a la Casa Blanca

Una de las intervenciones polémicas de Trump. Imagen AFP, fuente

Reconozco que a veces me excedo con las referencias históricas en mis artículos en Pax augusta. No lo puedo evitar, deformación académica del que ha estudiado en la universidad periodismo e historia. Quizás estos “hilos” que hacen referencia a la historia dentro de la biografía y el perfil de Donald Trump resulten muy “exóticos” y de muy vaga relación. Sin duda, pero puestos a hablar del político más estrafalario e indecente de Estados Unidos, Mr. Trump, creo poder estar más que excusado para usar referencias estrambóticas. Trump tiene orígenes alemanes, sus abuelos emigraron en 1885 a Norteamérica atraídos, como otros muchos europeos, por la fiebre del oro. Sin embargo, el abuelo Friedrich Trump puso las bases del perfil comercial de la familia, prefiriendo poner negocios de comida y bebida para los mineros que buscar oro sin garantías.   

El pueblo alemán de Kallstadt está en la región del Palatinado (Bajo). Este viejo condado europeo formaba parte del electorado de príncipes germanos que elegía al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (el Primer Reich o Imperio Antiguo). A Carlos V, en España Carlos I, le trajeron de cabeza los electores palatinos durante su elección como emperador del Sacro Imperio, pues se posicionaron a favor de la reforma protestante. A Donald Trump, sus antepasados “electores” alemanes le traen sin cuidado. Es más famosa y estimada la familia Heinz, que como curiosidad histórica también es originaria de Kallstadt. El imperio del  kétchup es mejor visto en esa localidad vinícola de las riberas del río Rin, que el fanfarrón multimillonario candidato a la presidencia de EEUU. La curiosidad de periodistas y de algún turista “friki”, ya cansan en Kallstadt.



El pueblo de los orígenes de Trump, Kallstadt

La familia Trump ocultó su origen germano al llegar la I Guerra Mundial. Algo normal, hasta la dinastía reinante en Gran Bretaña lo hizo, al difuminar su origen germánico. El magnate Trump ocultó ese dato y en sus primeras biografías aparece como de orígenes suecos, tal y como dispusieron sus abuelos. Sería en la década de los 90 del pasado siglo, la época del “boom” inmobiliario y del culto yupi al dinero, cuando recuperó con orgullo su pasado alemán, remarcando los tópicos germanos a su persona y a sus empresas: fuerte, fiable y eficaz. Sigue presumiendo de esos rasgos y de una bravuconería chulesca que roza la caricatura de un comandante de la SS paseando por los Campos Elíseos de París en 1940.

La última salida de tono del candidato Trump sí que le puede relacionar con personajes históricos que se pasean por una ciudad con un arma automática en el cinturón. Ha sido su ambiguo comentario sobre que la gente de la Segunda Enmienda (defensores del derecho a portar armas) podría hacerse cargo de Hillary Clinton, “hacer algo”, en relación a la supuesta intención de la candidata de abolir ese viejo derecho a adquirir y portar armas en Estados Unidos. La alarma de la “decencia ética” saltó enseguida, el comentario de Trump es una sutil manera de incitar a la violencia armada contra Clinton. Los intentos de matizar han sido de la conformidad de pocos y hasta en las filas republicanas se han condenado esas palabras. Trump es un histrión de mal gusto, construido más de falsedades que de verdades y representante de lo peor de la ‘América profunda’; pero, por eso mismo, para desconcierto de mucha gente, es un serio y atractivo candidato a la presidencia de Estados Unidos.



 Gustavo Adolfo Ordoño ©

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