I have a Donald. I have a Trump, I have a Donald Trump president EEUU

I have a Donald, I have a Trump, I have a president EEUU

Cuando me enteré que el vídeo tan estrafalario de un cómico japonés con el sobrenombre de  DJ Piko Taro, llevaba más de 5 millones de visitas de todo el mundo en YouTube, me sobresaltaron un montón de cuestiones. ¿Cómo algo tan tonto y ridículo ha podido triunfar de esa manera tan exitosa? ¿Cómo algo tan simple gusta tanto? El vídeo es de una canción pegadiza, de menos de un minuto, acompañada de un baile sencillo de seguir, interpretado por el actor-cómico Kazuhiko Kosaka (DJ Piko Taro) vestido con ropa hortera de colores chillones. La letra reza así: “I have a pen. I have an apple. Apple-pen! I have a pen. I have [a] pineapple. Pineapple-pen! Apple-pen. Pineapple-pen. Pen-Pineapple-Apple-Pen”.

Algunos medios de comunicación internacionales se han hecho eco de este arrasador triunfo, aunque no analizan en profundidad el fenómeno. En mi opinión el mundo tiende a lo simple. Lo sencillo de captar, lo fácil de asimilar, aquello que en el fondo nos hace felices sin complicaciones. Y muchas veces eso que nos agrada sin mucha sofisticación, que satisface nuestras necesidades más primarias, es de una fórmula tan tonta y estúpida que asusta. Me hizo pensar en la época que vivimos, en lo que supone este siglo XXI que no ha llegado a su tercera década y ya tiene tantas dudas como esta radical globalización que nunca se sabe si es algo positivo o negativo para la humanidad.




El vídeo tonto de “I have a pen. I have an apple. Apple-pen!”, me hizo pensar en el inesperado (por culpa de las dichosas encuestas) y sorprendente triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de este pasado “supermartes” 8 de noviembre. Me hizo pensar en votantes mal informados, engañados por la publicidad de los miedos (escribo MIEDOS, no medios), que no aceptan que el mundo ha cambiado y se les atraganta la globalización. Cuando alguien se da cuenta que se puede aprovechar de todo ello, no errará su estrategia política si pretende llegar al poder.

Alguien simple, con propuestas sencillas, que les dará un puesto de trabajo si no tienen por culpa (según ellos) de la globalización, que les asegura que volverán a ser importantes, que les respetarán allá donde vayan; alguien así se los gana y consigue que le voten. Además, el triunfo de Trump ha gustado a los bancos, farmacéuticas y fabricantes de armas. Poderes fácticos de mecanismos sencillos en sus modos de obtener grandes beneficios y que suman muchos intereses. Intereses que lograran "normalizar el triunfo" del multimillonario Donald Trump y estabilizar el shock de ahora.

“Normalidad” que no hará que Trump deje de ser el político impresentable que es y la incertidumbre que genera su personalidad. Y digo político porque es más político que los estadistas de Washington a los que menospreciaba y de los que renegaba. Suele ser una estrategia del demagogo y del autoritario decir que él no es un político, que él no se dedica a la política. Sin embargo, su política consiste en alejar al pueblo de sus responsabilidades políticas, convirtiéndose el autodenominado ‘no-político’ en el único y auténtico político.



Gustavo Adolfo Ordoño ©

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