El discurso de Donald Trump, trompetas de arrogancia

Donald Trump en uno de sus gestos agresivos. Fuente imagen

No ofende quien quiere sino quien puede. El refranero sabio, valga el tópico, nos ayuda a mitigar el daño. Procurar que las personas ofensivas sean las menos posibles. Una idea sabia que el mundo no está sabiendo aplicar, como se ha comprobado al tener que soportar en breve a una persona arrogante y ofensiva en el puesto del político más poderoso del planeta. Ese refrán también es una forma de asumir que no podemos cambiar a las personas. El carácter esencial de alguien es el que es. Un estúpido se comportará como tal, un agresivo lo será en sus reacciones más básicas, un torpe lo es porque no puede evitar sus torpezas (de otra manera no lo sería). Por tanto, no se lo tendremos muy en cuenta y no pueden ofendernos de manera grave. Siguiendo esta lógica, Donald Trump será un pésimo político, un nefasto diplomático y un horrible comunicador. ¿Se lo debemos tener en cuenta?

Este refrán español, que también se puede decir así: No ofende el que quiere sino el que puede, contiene la idea de que el perjuicio lo provoca quien tiene medios para hacerlo. No sólo cuenta la voluntad, el querer hacer daño, es primordial contar con los medios, las capacidades y el poder para generar esos daños. Y mucho me temo que Donald Trump cuenta con muchos medios para ello. Pasar por alto todo ello, debido a su inevitable talante, es una temeridad. Sin embargo, no nos va a quedar más remedio que aguantar sus ofensas y arrogancias. No darles importancia y centrarse en reparar los daños previsibles. Resistir y sobrevivir es la consigna.


Donald Trump, un día después del discurso del actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dio una rueda de prensa que se consideraba el discurso previo a su “coronación” como orbis imperator; o dicho con menos sarcasmo, como presidente número 45 de EEUU. Ambas intervenciones públicas fueron como la noche y el día. Dos estilos muy diferentes que son los que son. Trump volvió a sacar su horrible y paleta arrogancia, asegurando que el muro que va a construir en la frontera con México lo acabará costeando el país hispano (o azteca, pero prefiero no abundar en la frase hecha). Arremetió contra sus propios Servicios de Inteligencia, algo inaudito en un presidente (aunque sea electo), haciéndoles pasar por los de la Alemania nazi; y se comportó con un periodista de la CNN como un autoritario líder mafioso, le vetó en vivo y en directo, denigrando a su medio (“horrible y falso”).

Si no eres partidario de Trump y además tienes una visión del mundo totalmente opuesta, una de dos, o te acostumbras a estas vanas ofensas o entras al trapo. De una forma u otra, me temo que se nos van a hacer muy largos estos cuatro años de presidencia en Estados Unidos. Aunque, insisto, es más importante resistir y combatir a los propósitos de Donald Trump que entrar en el juego de la ofensa. Llevaba más de dos meses sin comparecer ante la prensa, usando la red donde resulta más fácil provocar (Twitter). Su perfil mediático proviene de los “reality show” (tele-realidad), donde en todo momento se pierden las formas... ¿qué esperamos? Alguien me dirá, pues la mínima compostura de quien ostenta tal cargo. Y yo estaré de acuerdo con él.



Gustavo Adolfo Ordoño ©


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