El muro de Trump y los muros históricos

El Muro de Adriano, en el Reino Unido. Fuente imagen
Con el tema de los muros en la historia de la humanidad podríamos realizar una monografía. Partiendo de la premisa de por qué se levantaron esos muros en su momento, obtendríamos un detallado análisis del contexto social y económico de la época. Decir 'Muro de Berlín' es introducir el tema de la Guerra Fría. Apuntar 'Muro de Israel' y estamos pensando en el conflicto eterno judeo-palestino. Comentar 'Muralla China' y evocamos la época de grandes imperios defendiéndose de invasiones bárbaras. Algo parecido ocurre al referirnos al 'Muro de Adriano', aunque con el añadido de que a los romanos les gustaba “señalar” los límites del mundo, su orbe; lo demás era el inframundo, no existía como “Cosmos ordenado”.

Pues bien, el 'Muro de Trump' ya está haciendo méritos para pasar a la historia como elemento característico de su tiempo. Porque a pesar de que se veía venir, que era un problema anunciado, la quiebra de la tendencia globalizadora en el mundo se ha minusvalorado. Fueron algunos notables pensadores, como el mencionado varias veces en este blog, Tony Judt, los que alertaron que algo no iba bien. La necesidad de una gobernanza global, impuesta por las circunstancias nuevas de la globalización, se consideró como algo utópico, incluso innecesario. Esa gobernabilidad de los efectos de la globalización se ha reducido al ámbito del control medioambiental, aunque también esa gestión planetaria de la Naturaleza se ha cuestionado y ha encontrado trabas políticas auspiciadas por los poderosos intereses económicos de las multinacionales.

El presidente de EEUU, Donald Trump

En resumen, se vivía el fenómeno -la globalización radical- y no terminábamos de adaptarnos a él. En otras globalizaciones, como las vividas revoluciones industriales y primeras tecnológicas, se hacían sacrificios enormes de adaptación (migraciones masivas del campo a la ciudad, reconversiones industriales...) y se acababa saliendo adelante. Sin embargo, esta globalización extrema propiciada por una revolución ultra tecnológica, está dejando a muchos (nos está dejando) descolocados, relegados. Inservibles en apariencia, porque se da la paradoja de tener a la mayoría del planeta trabajando gratis para aquellos afortunados que mejor se adaptaron a la globalización. Facebook, Twitter, Google... son las multinacionales (estadounidenses) más rentables y mejor posicionadas en las Bolsas mundiales. Su línea de negocio es, precisamente, aprovecharse de esa globalización de las nuevas tecnologías.

Es enfrentándose de cara ante ese tremendo desajuste global, que ha fulminado tipos de negocios, formas de trabajo y oficios de toda la vida; que tiene sentido la “utópica” propuesta de una asegurada renta básica universal. Sería una forma justa de remunerar el trabajo y la productividad indirecta que proporcionamos todos con el “obsesivo” consumo de las nuevas tecnologías (tablet, smartphone, portátiles...) y el uso de las redes sociales (recordar que negocian y comercializan con nuestros datos personales). Un equitativo reparto, con una eficaz carga fiscal, de los tremendos beneficios que sabemos tienen esas compañías, bastaría para garantizar ese “salario mínimo universal”.

Mapa político de Estados Unidos. Fuente de la imagen

Pero las ideas de “gobernanza” o de gestión sobre las consecuencias de la radical globalización que se han impuesto son las reaccionarias, regresivas, las ya aplicadas con relativo éxito en otras épocas. Son las ideas del nuevo presidente de EEUU, Donald Trump; del Brexit de los británicos y de la ultraderecha europea escalando posiciones electorales. La idea del salario universal se aleja como posible solución a la faceta más negativa de la globalización. Las ideas, las viejas ideas, que se imponen son las de construir muros o murallas. Las de establecer nuevos impuestos y aranceles a lo foráneo. Las de privilegiar lo propio y local. El muro de Trump pretende frenar la migración ilegal y reducir el narcotráfico; elementos perversos de la globalización según su ideario y que han perjudicado a los buenos ciudadanos estadounidenses. Por lo visto, construyendo ese muro, los habitantes del centro de Estados Unidos y de las urbes industriales volverán a tener trabajo y seguridad.

Pues como no sea en la construcción de esa faraónica obra, el 'Muro de Trump', que llevará años y miles de obreros, no imaginamos en qué encontrarán trabajo bien pagado esos buenos ciudadanos estadounidenses. Quizás en sustituir a los emigrantes mexicanos que ocupan puestos laborales que ya no eligen los estadounidenses; como los trabajos de jardineros, servicio doméstico o recogidas de residuos (basureros). Claro está, que de hacerlo les convertirá en inmigrantes interiores porque tendrán que desplazarse del centro y medio oeste a los estados limítrofes con México. Tan ridículas posibilidades para tan extravagante y, en el fondo, racista medida. ¿Llegará un día en que los astronautas exclamarán que desde el espacio se ve mejor el 'Muro de Trump' que la Muralla China? Será la huella lamentable de nuestra época.



Gustavo Adolfo Ordoño ©

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