Hitler vale para todo...

Por comparaciones que no quede:
Hitler en un enérgico discurso usando las nuevas tecnologías
de su tiempo, la radio; lo que vendría a ser Trump con la red social, Twitter

Emplear a Hitler como crítica, comparación o insulto, está en boca de cualquiera de nosotros. Es fácil asociar a Hitler con Trump, por ejemplo. El discurso racista de este último llega a los oídos de todos con un eco del pasado terrible vivido en el mundo durante la Segunda Guerra Mundial y el descubrimiento del genocidio o holocausto judío. Porque conocemos las políticas racistas de Hitler y sus horribles consecuencias gracias a que perdió la guerra. En la época que llevó al nazismo al poder, las políticas migratorias y de derechos de asilo que planteaban los países de todo el mundo nos escandalizarían tanto o más que las pretendidas por el estrambótico presidente de los EEUU, Donald Trump.

Por ejemplo, en América Latina las políticas de inmigración desde mediados del XIX y hasta el estallido del segundo conflicto mundial (1939) fueron todas de espíritu restrictivo. En países como Argentina o México se empleó el término “extranjero indeseable” para evitar que ciertas nacionalidades emigrasen a sus países y conformaran nuevos ciudadanos en los jóvenes Estados. Era una política migratoria relacionada también con la necesidad de crear unas estructuras Estados-Nación que no habían tenido antes. Las excusas peregrinas para esas restricciones migratorias que se ponían eran las de evitar la llegada de "vagos y maleantes". En las primeras décadas de las independencias americanas, los españoles estuvieron considerados "indeseables" como posibles ciudadanos con la excusa de los que llegaban eran pobres muertos de hambre, más proclives al delito que al trabajo. En realidad, la restricción escondía el pretexto de no desear población española que revirtiera el proceso emancipador; dicho en plata, nacionales españoles que volvieran a reclamar la soberanía de esas tierras.


Soy de la opinión, que refrenda el dicho popular, que las comparaciones son odiosas. Desde luego que no se pueden comparar, por el contexto histórico y las consecuencias finales de cada caso, las políticas restrictivas de América Latina en el siglo XIX y comienzos del XX con las políticas migratorias, muchas veces directamente políticas de limpieza étnica, que se dieron en Europa y Asia (véanse los casos turcos de armenios y kurdos). Y mucho menos con el holocausto de Hitler. Entonces, ¿por qué lo hacemos con Donald Trump y sus políticas migratorias? Pues por una cuestión simplista. Es una forma de expresar a la máxima potencia nuestra disconformidad y crítica con esas medidas restrictivas de Trump. Ambos personajes, uno histórico y el otro haciendo historia, son racistas; eso es evidente, y nos quedamos tan anchos comparando el racismo exterminador de Hitler con el racismo ultra conservador de Trump.
Hitler y Franco en Hendaya



Las comparaciones en historia no las considero negativas, siempre y cuando se hagan para realizar perspectivas comparadas de fenómenos similares y sin perder el rigor histórico. Incluso, como he reflejado en la anterior nota publicada en el blog, las especulaciones con bases racionales (los "si hubiera") pueden llegar a profundizar en el análisis del hecho estudiado. Ahora bien, comparar personajes nefastos es otra cosa. Algo más popular y fácil de hacer, que ayuda a expresar lo que queremos criticar. Eso sí, no dejan de ser personajes históricos, de formar parte de la Historia, y suelen emplearse en el discurso político simple, como arma contra el rival ideológico. Algunos pueden preferir comparar a Trump además de con Hitler, con Stalin, Mao o el local Francisco Franco

En resumen, Hitler vale para todo y yo no voy a enmendar la plana a nadie por hacer comparaciones de Trump o de cualquier otro personaje nefasto (según su criterio) con el Führer nazi. No lo voy a reprobar porque quizás de manera coloquial e informal haga uso de ese "insulto". Eso sí, también les pido respeten mi libertad para no emplear esa comparación en mis escritos periodísticos, blog, o en mis análisis históricos. Gracias.


Gustavo Adolfo Ordoño ©




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