Podemos, Pablo Iglesias y la política callejera

 
Pintada en el barrio de Lavapiés. Foto propia, del editor del blog

Me cuesta mucho más que hace un año interesarme por la política actual de España. Después de las decepciones tan amargas experimentadas contemplando el espectáculo personalista de todos los políticos dado en los últimos debates de investidura, en el intervalo de un año casi de gobierno en funciones, no he tenido “cuerpo” para profundizar en las luchas de poder ocurridas en los partidos de izquierda (Podemos y PSOE). Supongo que le tenía que haber puesto más interés; pues se supone que en Podemos está el germen del que brotará la nueva izquierda del país y en el PSOE se dirime quién marcará la línea de actuación del partido histórico de izquierdas, si sigue con la tendencia conservadora o la arriesgada del giro izquierdista.

No sé, espero no ser el único con la sensación de haber visto esta película ya. El mismo guión, pero actualizado a la época y con personajes que, únicamente, tienen otros nombres. Me estaré haciendo viejo, pero esto me parecía un remake de Felipe González versus Alfonso Guerra. O si nos ponemos tremendos, en plan serie épica del tipo “Juego de Tronos”, preferida de Iglesias, sería un Stalin contra Troski. Mientras Pablo Iglesias debatía a vida y muerte con su camarada, amigo y hermano (no son epítetos míos, se los dice ellos mismos) Iñigo Errejón; la vida continuaba como si tal cosa.

Caminaba por las calles de un céntrico barrio popular de Madrid, donde las pintadas en las paredes son algo habitual, parte del paisaje, cuando me percaté que quizás el debate que han mantenido Iglesias y Errejón es un debate eterno. Una dialéctica entre llevar las ideas a cabo mediante medios más radicales, rompedores, o conseguirlas a través de la transversalidad y capacidad de adaptación al sistema (y de reformarlo). Me di cuenta de ello leyendo las variopintas frases grafitadas en las paredes de esta barriada.

Pintada contra un negocio de emprendedores. Fotografía propia, del editor de este blog. 

En este texto se acompañan algunas de ellas. Los medios y formas radicales de los anarquistas no faltan: “Pedir, robar, nunca trabajar ¡No mendigues lo que puedes robar!” La sutileza intelectual anticapitalista también aparece cuando arremeten contra los horarios comerciales de 12 horas de los grandes supermercados, que perjudican al pequeño comercio de barrio: “No me hace falta comprar nada a las 15 horas” (no adjunto foto, pero doy fe de la pintada). O las violentas y amenazadoras pintadas, que bien podrían ser “nazis” o “antisistemas”, contra un negocio regentado por jóvenes emprendedores, con ideas demasiado innovadoras para el comercio tradicional de barrio: “Fuera del barrio, pijos de mierda
Foto propia, pintada en un negocio
conocido popularmente como un "Chino"


Pablo Iglesias y su forma de entender la política han ganado con contundencia en el último congreso del joven partido Podemos, el llamado Vistalegre II, que era la Asamblea Ciudadana convocada hace tiempo pero fundamental para acabar con la confrontación entre la corriente más moderada y proclive al diálogo de Errejón y la línea más radical y “purista” del líder carismático de la formación morada, Pablo Iglesias. Entre sus formas está el volver a la “política callejera”, a la protesta en la calle. Una medida romántica, en el fondo, pues quiere recuperar el espíritu germinal del nuevo partido con el recuerdo del movimiento cívico 15-M. Las pintadas callejeras seguirán en estos barrios. Ahora, quizás, algunas de ellas podrán llevar, también, el ya conocido como “estilo pablista”.



Gustavo Adolfo Ordoño ©

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