Cataluña independentista y su ultimátum a la "vieja" España

Una pancarta en una manifestación independentista en Barcelona. Fuente AP

El presidente español, Mariano Rajoy, esquiva las ruedas de prensa como si fuesen flechas comanches en una película del oeste. Pero esta vez, imbuido por la gravedad del tema, ha querido comunicar a los medios y a la sociedad española el parecer del gobierno de España. El presidente catalán está en Madrid invitado por el ayuntamiento para debatir la reclamación del referéndum sobre la independencia de Cataluña. Puigdemont hará un último intento de pactar o acordar que el referéndum sea “legal”, pero lo hace desde un foro inapropiado, sin aceptar la invitación de ir al Congreso. Una consulta que el ejecutivo español no va a permitir. Su negación está justificada de pleno en la actual legislación española, por lo que el acuerdo posible que permitiera un referéndum solo puede ser de cariz político.

Los independentistas catalanes no se sentirán españoles, pero comparten en su modo de actuar algo muy español: empezar la casa por el tejado. Lo que buscamos de una casa es cobijo, que cuando llueva, por ejemplo, no nos mojemos. Por eso la solución más rápida sería tener un tejado, en lugar de toda una casa. Los independentistas saben que con la actual Constitución y los vigentes tribunales de justicia superiores, su pretensión secesionista no se puede concretar. Esos cimientos y paredes deberían cambiarse para que ellos pudieran colocar su cubierta, que ahora no encaja con la estructura del edificio. Pero no pueden esperar o no quieren esperar más. Porque la primera viga maestra de su “casa independiente”, si son democráticos como así se proclaman, sería conseguir un referéndum donde se plantease esa independencia con opciones libres y vinculantes. Un sí es sí... pero un no es no, también (recordarles que pueden perder su consulta).

Como ven imposible la vía política que consiga un referéndum, están proyectando alternativas basadas en la legitimidad de una supuesta mayoría parlamentaria en Cataluña y en artificios jurídicos con planes como la llamada “Ley de Ruptura”, que ha trascendido porque el diario El País publicaba hoy lunes un borrador o avance de ese plan de la Generalitat para romper en 24 horas. Entre las “ideas” del plan está la expropiación del Govern de miles de edificios y de bienes patrimoniales del Estado español y la obligatoriedad a los jueces del actual sistema judicial (español) de adquirir la nacionalidad catalana. Esta filtración del borrador de la Ley de desconexión ha irritado tanto al ejecutivo español, que ha provocado la comparecencia del mismo presidente Rajoy en rueda de prensa tras el comité ejecutivo del PP, algo inhabitual, como decíamos.

El president Puigdemont. Fuente imagen EFE

A simple vista, esta planificación de ruptura inmediata con España si no se consigue una consulta, contiene motivos suficientes para lo que la extrema derecha llama “sacar los tanques en Barcelona” y en la Constitución española se contempla como el artículo 155 que para algunos permite una “suspensión” de la autonomía, pero que literalmente dice: “Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.”

También molesta la facilidad con la que el Govern cambia los reglamentos de la Cámara catalana para facilitar consultas de forma unilateral (se prevé convocar por la Generalitat en septiembre o octubre) y para dar validez a esa proyectada ley unilateral de independencia. La trama se complica, solo se apuntan “dramas o tragicomedias” de malas resoluciones porque todos están sobreactuados. Rajoy volvió a lamentar que se quiera romper “porque sí, porque lo dicen esos señores”, la que a su juicio es una vieja nación, una unión soberana de más de 500 años. El tejado se nos caerá encima de las cabezas si no se ponen buenas vigas políticas para impedirlo. Eso se consigue con diálogo, negociación y acuerdos transversales que puedan compensar y convencer a todos. Claro, que eso lleva mucho tiempo y la tormenta, cuando irrumpe, no espera a nadie.



Gustavo Adolfo Ordoño ©

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