Secesionismos de ayer y de hoy, el mapa de las regiones separatistas

Salvatore Guiliano, bandido mafioso que acabó como líder del Ejército de Voluntarios de la Independencia Siciliana

Me cuesta mucho adscribirme a la corriente de historiadores o analistas que, de alguna manera, expresan o insinúan que la historia se repite. También a los que otorgan círculos viciosos o ciclos más o menos regulares de secuencias históricas en el transcurrir de la historia. Como mucho, estoy más conforme con la supuesta idea expresada por el escritor Mark Twain de que la “Historia no se repite pero, a veces, rima”. Ingeniosa metáfora para referir que se repiten ciertas actitudes ante cuestiones parecidas pero que no son, ni mucho menos, el “mismo poema”. Así lo vemos en las tres supuestas históricas revueltas secesionistas catalanas: la de 1640, la de 1713 y la de 1934.

No hace falta realizar un análisis profundo de esas tres fechas en relación a la ‘cuestión catalana’ para desarmar cualquier argumento que defienda una repetición de la historia. Incluso la rima entre los tres hechos es de ritmo asonante. También se puede argumentar que esta lírica de la secesión no es un estilo “poético romántico” exclusivo de España. Rimas secesionistas las encontramos desde Barcelona a Austin (Texas, EEUU). Por ejemplo, si nos centramos en Europa, se sorprenderían de los muchos casos que existen con potencial secesionista en los Estados europeos, tanto de la Unión Europea como del resto de países del vetusto continente.

¿Sabían que Sicilia estuvo a punto de ser un Estado independiente en 1945? El poder de influencia de la Mafia de Palermo tuvo más fuerza en esos calamitosos años de la posguerra, que el movimiento independentista siciliano representado en el MIS (Movimento per l'Indipendenza della Sicilia). La mafia siciliana contempló la oportunidad, ante un Estado italiano debilitado y casi desintegrado, de convertir Sicilia en su feudo independiente, sin la injerencia de Roma, que durante la época fascista había combatido a la mafia con dureza. En realidad, era una manera de seguir ostentando el poder autónomo desde 1942 que les había facilitado el colaborar con las fuerzas Aliadas para echar a los nazis de la isla y comenzar la invasión de Italia en la Segunda Guerra Mundial.

Bandera nacionalista de Sicilia

El mismo Lucky Luciano, el capo más poderoso de la mafia de origen siciliano en EEUU, fue extraditado a Sicilia como “premio” por haber coordinado los actos de sabotaje y los atentados contra las fuerzas fascistas que facilitaron la invasión Aliada. El intento de independencia siciliana resultó tan estrambótico como el de sugerir que Sicilia fuese declarada el Estado 49 de los Estados Unidos (aún no estaban declarados estados ni Alaska ni Hawai). Con el referéndum de 1946 que convertía a Italia en República, en la Constitución aprobada en diciembre de 1947, se otorgó a Sicilia de un estatuto especial con autonomía. El movimiento independentista perdió fuerza de manera drástica y sólo en tiempos recientes, en 2004, se ha recuperado la opción nacionalista en la isla, con un renacido MIS (aunque de escasa fuerza social).

Siguiendo en Europa, y sin mencionar a los evidentes Balcanes y su pasado sin democracia, tenemos secesionismos históricos con actividad reciente como el de Escocia en el Reino Unido y algo menos recientes y de aparente menor relevancia como los de Baviera en Alemania, el de Córcega en Francia y el de Flandes en Bélgica. No mencionamos la Liga Norte de Italia porque es un movimiento secesionista “artificial”, de carácter económico, sin argumentos históricos de peso. Lo más destacado fue la declaración unilateral de independencia que el líder de esta Liga Norte, Umberto Bossi, hizo en 1996 de la Padania. Su acto no tuvo la más mínima repercusión. Se trata más de una política insolidaria para conseguir mayor independencia política y económica del rico norte italiano frente al más empobrecido sur de Italia, que un movimiento nacionalista separatista “al uso”. Tienen más peso histórico los pensamientos secesionistas de otra rica región norteña de Italia, la del Tirol del Sur, donde el alemán es lengua cooficial con el italiano y el territorio perteneció al Imperio Austro-húngaro hasta 1919.

En casos como el corso en Francia y el Flamenco en Bélgica, el independentismo tiene tal consistencia que no es algo circunstancial. El Frente de Liberación Nacional de Córcega estuvo activo en “la lucha armada” hasta 2014, con un balance de atentados sangrientos desde los años 1970 nada menospreciable. En el caso de Bélgica la cuestión es tan determinante que el país ha estado a punto de desaparecer, sin exagerar. La nacionalista Nueva Alianza Flamenca (N-VA) fue la más votada en las recientes elecciones de 2014-2015. En los últimos cincuenta años Bélgica ha vivido seis reformas constitucionales. Gracias al reformismo constitucional, que ha permitido un federalismo casi de estados asociados, el independentismo se ha conseguido moderar.

Cambiando de continente, pero siguiendo en la esfera democrática Occidental, los secesionismos parecen tener menor importancia. Pero no es así, los intereses económicos egoístas, con su implicación exclusivista, existen con posibilidad de generar conflictos serios. El conocido caso de Québec parece problema zanjado, pero el nacionalismo goza del don de la inmortalidad. Los movimientos independentistas latentes cobran fuerza si van acompañados de grandes movilizaciones sociales y políticas.

 
Cartel secesionista del Estado de Texas (EEUU)

Por ejemplo, es lo único que le falta al movimiento independentista de Texas en EEUU, porque las bases históricas y “legales” (derechos) las tiene de sobra. El llamado Movimiento Nacionalista de Texas ha tenido un reciente resurgimiento porque sus líderes han aprovechado para comparar su causa con el caso exitoso del Brexit, la separación del Reino Unido de la Unión Europea. Les encantaría librarse de la “nefasta” burocracia federalista de Washington, como lo ha conseguido Londres de Bruselas. El secesionismo para los estados es un problema con raíces del siglo XIX.

Por eso resulta irónico que líderes separatistas actuales lo consideren un problema del siglo XXI y que, encima, achaquen a los Estados de derecho el supuesto error de aplicar soluciones que dicen del siglo XX. Todas las Constituciones de los países mencionados tienen articulado o cláusulas adicionales que abortan cualquier intento separatista, la mayoría ni permiten una consulta sobre tal posibilidad. Quizás esas sean las “soluciones” desfasadas porque todas las Leyes Supremas son del siglo XX, pero es injusto decirlo desde el secesionismo; pues la “Historia no se repite, pero a veces, rima”.



Gustavo Adolfo Ordoño ©

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