La crisis bursátil que arruinó un imperio y comenzó una revolución: el crack de la 'Compañía del Mississippi'

Típico barco de vapor por el río Mississippi, símbolo en el pasado del incipiente "capitalismo industrial"

Las compañías comerciales en el siglo XVIII sirvieron a varias potencias europeas para ampliar sus dominios territoriales y su control económico sobre grandes regiones. Era una manera indirecta de tener un imperio, pues la propiedad y la administración de esas conquistas eran de los inversores y accionistas de esas compañías. Por ejemplo, la corona holandesa no nacionalizó sus posesiones en Indonesia hasta 1800 y hasta 1858 los británicos no administraron de manera nacional (pública) a la India; antes el gran subcontinente indio era territorio de exclusiva gestión de la Compañía Británica de las Indias Orientales. Estas organizaciones daban trabajo a mucha gente, empezando por los ejércitos de mercenarios que estaban, muchas veces, mejor armados y adiestrados que los ejércitos nacionales.

En 1717, la Compañía del Mississippi era una sociedad mercantil con sede social en París. Se creó con el fin de colonizar el valle sur del río que le daba nombre. Para tener una base de operaciones en condiciones, se fundó la ciudad de Nueva Orleans. Tan ambicioso proyecto necesitaba mucha financiación. Entre los administradores de la compañía estaba nada más y nada menos que John Law, que era en esos tiempos el gobernador del banco central de Francia. Los contactos e influencias de esta compañía llegaban hasta el mismo rey Luis XV. El monarca se interesó por el proyecto. Esto hizo que muchos inversores se interesasen por adquirir acciones en el mercado de valores de París de esa compañía que pretendía colonizar el Mississippi. Para hacerlo más atractivo, el monarca nombró a Law ministro de finanzas. 

Fue una "burbuja" financiera porque esos territorios no dejaban de ser un páramo de pantanos y caimanes, por mucho que se interesasen por ellos Luis XV, su corte y la burguesía alta francesa. La Compañía del Mississippi puede considerarse el primer caso de gran crisis financiera por causa de las fabulaciones de especuladores y de inversores de bolsa sin escrúpulos. Las acciones comenzaron a venderse a 500 libras cada una en 1718. Un año después, esa acción costaba 10.000 libras. Era una especie de "fiebre del oro americano" sin motivo real. Sin saberlo, la compañía y sus influyentes gestores, estaban realizando una de las primeras campañas de marketing financiero de la historia basadas en el nefasto "vender humo"

Nueva Orleans anegada por el huracán Katrina 

En 1720 un grupo de avispados especuladores reaccionaron dándose cuenta que el valor de las acciones era irreal e insostenible. Comenzaron a vender ahora que el precio estaba en máximos. El incremento imprevisto de acciones bajó su precio. Y ya se sabe, en cuanto otros inversores ven la jugada y que los precios bajan, todos se apresuran a vender; lo que baja en cascada los precios. El banco central, gobernado por el que llegó a ser director también de la compañía, John Law, comenzó a comprar acciones y emitir más dinero para frenar la caída. Todo fue inútil, en poco tiempo las acciones llegaron a costar cero libras. Muchos arruinados se tiraron al Sena y al Mississippi.

Aunque parezca exagerado decirlo, el sistema financiero del reino de Francia y la economía de ultramar francesa nunca se recuperó del todo de este varapalo. Que no es una apreciación histórica exagerada lo demuestra que pocas décadas después el monarca francés en 1789 se vio obligado a reunir los Estados Generales, sin reunirse desde hacía 150 años, para tratar el asunto de la bancarrota. La Revolución francesa daba su primer paso. Es más, en tiempos de Napoleón Bonaparte aún se pagaban los intereses de los créditos que tuvieron que pedir Luis XV y su nieto Luis XVI para saldar deudas. En el fondo, Napoleón también se vendía a la opinión pública francesa como el reparador del honor francés mancillado ante los acreedores extranjeros. ¿Les suena de algo, verdad? Más de un siglo después, un cabo de origen austriaco que llegó a canciller germano prometía lo mismo a los alemanes.


Gustavo Adolfo Ordoño ©

Comentarios

  1. Muy buen artículo Gustavo. Está claro que lo de "el hombre es el unico animal que tropieza dos veces en la misma piedra", es cierto... dos, tres y las que hagan falta, sobre todo cuando hay dinero de por medio.
    Saludos.

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    1. Gracias, Pablo, por la lectura y el comentario. El dinero mueve el mundo y es quien más errores (e injusticias) hace cometer a las personas. Un abrazo!

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