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martes, 8 de enero de 2019

El singular genoma de los judíos asquenazíes; son el pueblo más inteligente del mundo y el que porta más mutaciones genéticas

Albert Einstein, considerado el paradigma de la inteligencia humana, era de origen judío asquenazí

Cuando se relacionan etnias y culturas con los genomas particulares de cierto pueblo o colectivo, saltan las alarmas de lo políticamente correcto. Escribir o hablar entrelazando términos como raza o genética con inteligencia o habilidades, puede acarrear malentendidos y muchos prejuicios. Este artículo que comienza a leer se ideó atraído su autor por un titular bastante falto de diplomacia: El premio Nobel que afirma que los negros son menos inteligentes vuelve a la carga. El colega divulgador autor de esa nota, nos cuenta que un Premio Nobel de 1962 se reafirma en su teoría (sin base científica) de que los negros son una población menos inteligente que otras razas. El tal James Watson tiene ahora 90 años y en un documental reciente reconoce seguir pensando lo mismo que en 2007, cuando afirmó esa idea de inferioridad racial de los negros.

Watson consiguió el Nobel al ser uno de los descubridores de la estructura del ADN. Su calidad humana nunca destacó por rasgos como la simpatía o la solidaridad con sus colegas. Despreció y desconsideró a la única mujer, Rosalind Franklin, del grupo de investigadores de los años 1950 y 1960 a los que se les considera pioneros del conocimiento sobre el genoma humano. Su tesis racista parte del resultado de los tan famosos como controvertidos ‘test de inteligencia’, donde la población negra suele tener resultados peores que la blanca. Está demostrado que la causa de esa desigualdad está motivada por el ambiente socioeconómico, no genético, pero todo un Nobel en genética lo cuestiona.

Para argumentar su teoría daba el ejemplo de la población blanca de los judíos asquenazíes. Comunidad que en el siglo XX a lo largo de la historia de los Nobel había ganado casi el 30% de los premios de ‘Ciencias’ concedidos a los EEUU, suponiendo sólo el 3% de la población estadounidense. Albert Einstein, por ejemplo, era de origen judío asquenazí. Otro dato sólido es que el 50% de los campeones de ajedrez son de origen asquenazí. La verdad es que las investigaciones que proporcionan estos datos están realizadas por genetistas y universidades con los mejores equipos en la materia. Sin embargo, esas conclusiones no explican esta singularidad del genoma asquenazí. Las mejores explicaciones vienen de la mano del “simple” estudio histórico.

Este grupo ancestral judío, los asquenazíes, son ahora una comunidad de unos 10 millones de personas, repartidas por todo el mundo pero principalmente ubicadas en Estados Unidos. Las raíces de este “pueblo” se remontaran a una pequeña comunidad de unos 200 o 300 individuos que se asentaron a partir del año 1300 en las regiones fronterizas de lo que hoy es Rusia, Alemania y Polonia. Su religión judía tenía rasgos distintivos con la ortodoxia hebrea y uno de ellos era la endogamia. Debían contraer matrimonio entre primos, pues era prohibido el casamiento con individuos de otras religiones. En la genética asquenazí, esta endogamia, buscando una "pureza espiritual" a través de la pureza de sangre, además de su singular cociente intelectual (algo que parece más causa que consecuencia) ha proporcionado una alta frecuencia de enfermedades vinculadas a mutaciones genéticas.

Para la Ciencia, no hay mal que por bien no venga. Un reciente estudio de la Universidad de Columbia (EEUU), de un –curiosamente- científico de origen judío asquenazí,  Itsik Pe’er, sobre 128 ancianos asquenazíes, demuestra que se dan en cada genoma analizado una media de 80 anomalías alarmantes. Estas ‘variantes alarmantes’ tan numerosas, proporcionan un catálogo exhaustivo de mutaciones presentes en la población judía asquenazí. De esta manera se facilita el análisis y la identificación en el genoma de otros genes ligados a enfermedades de mutaciones. Patologías complejas como el cáncer o las enfermedades mentales. Podemos decir que esa “actitud racista” del pasado de los asquenazíes, de no mezclarse con otras religiones, es mucho más provechosa para la humanidad que la peregrina teoría del tal Nobel Watson.



Gustavo Adolfo Ordoño ©



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