Gutiérrez Mellado, tenía casi 70 años cuando la España reaccionaria intentó hacer la zancadilla -literalmente un 23 de febrero de 1981- a la renacida España democrática. Y no sólo Tejero, otros asaltantes del Congreso intentaron tirarle al suelo en repetidas ocasiones cuando él se les enfrentó exigiéndoles ponerse a sus órdenes, ya que era la máxima autoridad militar del momento. No le hicieron caso, pero tampoco lograron doblegar a su obstinada resistencia. Sus brazos en jarra durante el incidente que unos ven impotencia, a mí me recuerda más a la postura de los superhéroes cuando demuestran estar siempre frente a los villanos aunque sus superpoderes no sean suficientes para frenarlos.
Cumplía años el general Manuel Gutiérrez Mellado (1912-1995) en el mes de abril, mes por excelencia de la primavera que nos sirve para hacer otras metáforas, las del renacer o la nueva vida de algo. Pero más allá de nuestro vecino Portugal, que celebra cada 25 de abril la Revolución de los Claveles, donde una revuelta militar -golpe- les trajo la democracia, es muy raro encontrar al «militar golpista» dispuesto a defender la democracia. A simple vista resultaba raro, porque el general Gutiérrez Mellado fue un militar que hizo carrera en el ejército golpista y luego franquista que ganó la Guerra Civil para instaurar un régimen autoritario. Por eso parece más que raro, extraño, agradecer a un militar con ese pasado golpista que su gesto contribuyese tanto a la consolidación democrática.
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| El general Gutiérrez Mellado se enfrenta a los guardias civiles que irrumpen en el Congreso |
Sería y es extraño porque la historia española está llena de ruido de sables, los «famosos» pronunciamientos; un fenómeno militar nada democrático para elegir un gobierno. Inusual que el icono de firmeza de Gutiérrez Mellado sea baluarte de la democracia en España, porque la imagen del militar en el imaginario cultural del país era, por culpa de la dictadura franquista, la del tipo autoritario y pilar de un poder tradicional y conservador. Muy lejos quedaban del imaginario más actual esos militares «libertadores» que derrocaban reinas y propiciaban repúblicas.
Mucho antes de que el considerado por excelencia reformador democrático, el presidente Felipe González, iniciase la modernización del Ejército, que había sido uno de los pilares de la dictadura, a partir de 1982, Gutiérrez Mellado haría durante su ministerio las principales reformas. Es más, cambió los cimientos de la llamada «Casa del Ejército». Para empezar unió todas las carteras ministeriales militares (Tierra, Mar y Aire) en una sola de carácter civil: el Ministerio de Defensa. El concepto de servicio a la ciudadanía comenzaba a ser inculcado entre los militares empezando por el cambio de nombre, el ejército era la institución de la defensa del país. Él mismo fue el primer ministro de esa cartera, ya de carácter civil. Y así estaba vestido, de traje civil, cuando aguantó las embestidas golpistas.
Algunos historiadores de la Transición han reconocido que Gutiérrez Mellado fue como un Gary Cooper en la película Solo ante el Peligro. Otra analogía para describir su figura de general y político en esos años duros del gobierno de Suárez (1976-1981), cuando recibía los insultos y la ira de gran parte de sus colegas en los entierros de los militares asesinados por ETA.
Después del 23F, tanto Suárez como el general Gutiérrez Mellado cedieron protagonismo a otros actores que el devenir histórico iba impulsando para consolidar la transición democrática. Una Transición que ha pasado también, como otros periodos, por el revisionismo histórico y político. Algo erróneo si en la revisión prevalece el criterio político sobre el quizás mejor método para «autoanalizarnos»: la memoria histórica.
Sin embargo, en nuestra opinión, el legado de Gutiérrez Mellado no necesita ni mucho revisionismo ni mucha reflexión crítica. Su actuación durante el golpe de Estado del 23-F contextualiza todo lo que supuso el difícil paso del país a la democracia. Porque el «revisionismo» nos puede llevar al general Gutiérrez Mellado que participó de forma activa en el golpe de julio de 1936 contra la República o al joven militar espía en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, dedicado a localizar exiliados republicanos activos en política.
Una memoria histórica que aún conocida no puede desmerecer la crucial aportación de este general con conciencia democrática: poner los fundamentos principales para democratizar y modernizar al Ejército español. Así se le reconoció en vida y pudo demostrarse cuando las Fuerzas Armadas han llegado a ser una de las instituciones más valoradas las últimas décadas por los españoles, según las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
Que mejor ejemplo del logro de reforma y modernización de las Fuerzas Armadas que crear un instituto universitario para reflexionar sobre su función en las sociedades actuales. Se trata del Instituto de estudios sobre seguridad y paz, que como homenaje a título póstumo lleva su nombre... Por eso; a sus órdenes, mi general



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