Ahora que la Humanidad vuelve a la Luna (Misión Artemis 2) después de casi sesenta años de la última misión realizando esa hazaña, en Pax Augusta queremos destacar uno de los aspectos más representativos de la «acción humana» a lo largo de la Historia: la basura que genera. Recordando que una de esas «basuras» generadas por la actividad del ser humano más asombrosas será la depositada en la Luna, durante los viajes espaciales conocidos como Misiones Apolo desde 1969 a 1972. Por eso, este breve resumen de la «basura histórica» lo comenzaremos por la más actual; para seguir con la basura generada por nuestros prehistóricos antepasados y acabar con varias curiosidades contemporáneas.
El Martillo y la Pluma en la Luna
Desde aquel 2 de agosto de 1971 ahora olvidado en la historia humana, un martillo y una pluma permanecen abandonados en la superficie lunar de la región llamada Hadley-Apennine. Era la zona donde la tripulación del Apolo 15 realizaba una serie experimentos, cerca de su alunizaje. Actividades extra-vehiculares donde el comandante David Scott se colocaba frente a la cámara del Rover lunar y explicaba lo que estaban haciendo en la Luna. Una de ellas fue el famoso experimento para demostrar que en ausencia de resistencia del aire, todos los objetos caen con la misma aceleración independientemente de su masa.
En sus palabras durante el experimento, que pasarían a la historia de la Ciencia, el comandante Scott mencionaba indirectamente a Galileo Galilei, que ya en 1590 postulaba una Ley Natural donde la pluma y el martillo caerían al suelo al mismo tiempo. La atmósfera terrestre hace que la pluma flote debido a la fricción en su caída y haciéndola así más lenta, evitando que esa «verdad física» de caer al mismo tiempo que un martillo se cumpla. La Luna, al no tener atmósfera y ser un vacío casi perfecto, resultaba el laboratorio ideal. Ante la cámara de vídeo de su Rover lunar, el astronauta nos demostró la certeza de la teoría de Galileo. Allí dejó, como eternos testigos, ambas «herramientas» de su experimentación.
Por tanto, esta «basura intencionada» sobre el suelo lunar resulta la más curiosa en la historia de los humanos viajeros y exploradores. Y fue intencionada porque se quería demostrar que, aunque menor, la fuerza de gravedad de la Luna permitiría descubrir la veracidad de esta teoría física clásica sobre la caída simultánea de los objetos en campos gravitatorios. La gravedad lunar atrajo a esos objetos de muy diferente peso, que sin atmósfera frenante caerían al suelo al mismo tiempo. Martillo y la pluma allí siguen intactos, en un vacío atmosférico y silencio absolutos, confirmando para futuras expediciones que la gravedad lunar no ha cambiado.
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| Captura del vídeo de la NASA donde el astronauta demuestra ser cierta la teoría de Galileo. Ver vídeo |
Aunque estos curiosos objetos no son la única «basura» humana en la superficie lunar. La NASA estima en unas 200 toneladas la cantidad de deshechos provocados por los humanos en la Luna. Incluyendo desde las bolsas de residuos corporales (orina, heces y vómito) de los astronautas, pasando por las cámaras de filmación Hasselblad, hasta los pesados vehículos de exploración tipo Rover y Buggie que allí siguen aparcados. Todo ello se abandonaba en nuestro satélite porque los módulos espaciales necesitaban ir lo menos cargados en sus vuelos de regreso a la Tierra. Además de la inevitable «basura espacial» que se hizo en las misiones Apolo y que se hace en la actualidad al desechar grandes piezas sobre la superficie lunar, las que formarían parte del ensamblaje original de los cohetes, sondas y satélites que desde 1969 se lanzan a la Luna.
La
Basura Histórica es la huella que mejor habla de nosotros como seres
humanos
Para los arqueólogos y los especialistas en prehistoria la basura originada por los humanos (H. Sapiens) y otras especies humanas serán mucho más que residuos. Estas «basuras» resultan el único registro fiable que tenemos de la vida cotidiana. Lo que hoy consideramos un vertedero, en arqueología es todo un libro abierto denominado Conchero o Midden. Estos vertederos eran acumulaciones masivas de conchas de moluscos, «montañas gigantes» de ostras y almejas, que se mezclaban con los huesos de animales consumidos como alimento y con herramientas rotas. El análisis de todos estos fósiles de basurero sirve mejor que nada para establecer teorías sobre la vida de nuestros antepasados prehistóricos.
Una de las basuras más valiosas en paleoantropología y arqueología prehistórica será el excremento humano fosilizado (coprolitos). Gracias a estos «desechos humanos» provenientes del sistema digestivo, hoy día podemos saber con gran rigurosidad la dieta prehistórica y describir que era más variada de lo que pensábamos. También en épocas ya históricas, analizar esta basura corporal ha permitido conocer con más detalle el carácter de ciertas culturas, como es el caso de la vikinga a través del famoso coprolito de Lloyds Bank.
En el fuerte de Vindolanda, cerca del Muro de Adriano construido en Inglaterra a partir del año 122 de nuestra era, los legionarios tiraron lo que para ellos era basura no reciclable: cientos de tablillas de madera con escritura en tinta. Esas tablas resultaban «papeles inservibles» pues no eran documentos oficiales de la legión o escritos con decretos imperiales, sino la basura cotidiana que se hacía al tirar las invitaciones a fiestas de cumpleaños pasadas o las quejas sobre la calidad de la cerveza en las tabernas militares. También «notas o reclamaciones» escritas tan curiosas como peticiones de calzoncillos y calcetines para el crudo invierno, junto a los recibos de compra.
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| El famoso yacimiento arqueológico-basurero de Roma conocido como Monte Testaccio. Fuente de la imagen |
Basura cotidiana que se convirtió en la fuente más antigua de escritura manuscrita en el Reino Unido. Además, demostró que el nivel de alfabetización en las legiones era mucho más alto de lo que se pensaba. Siguiendo en la época romana, el Monte Testaccio es una «montaña de aceite», una colina artificial de 35 metros de altura formada por otra basura cotidiana como eran las ánforas de aceite de oliva. Se estima que contiene restos de 53 millones de ánforas, documentadas la mayoría como aceite de la Bética, en Hispania. Se acumularon como basura porque las ánforas de aceite no se reutilizaban, pues el aceite se ranciaba en los poros de la arcilla. Los romanos las rompían y las apilaban en «basureros» de manera habitual y sistemática en sus ciudades.
Algunas curiosas basuras contemporáneas que no dicen nada bueno de nosotros
Por último, un rápido repaso por la historia contemporánea donde nuestra basura dirá pocas cosas buenas de la humanidad... Por ejemplo, tendremos un temprano primer caso de contaminación por basura química durante la retirada de la Grande Armée de Rusia en 1812. Según recientes investigaciones arqueológicas, el frío extremo dio lugar a un peculiar caso de desechos químicos por la basura metálica del ejército napoleónico en su retirada. Se afirma que la mayoría de los botones de los uniformes eran de estaño, el cual sufre una descomposición a temperaturas frías extremas y llega a desintegrarse en un «polvo tóxico». Aunque se debe matizar que también los arqueólogos han encontrado restos enteros de estos supuestos «botones contaminantes» en fosas comunes y rutas de huida, haciendo dudar sobre si el metal contaminante podría tener otra procedencia.
Más cerca de nuestros tiempos, existe una tan curiosa como significativa basura de época. Se trata de la victoriana basura del Támesis, encontrada por aficionados buscadores de tesoro, los llamados Mudlarks, «pescadores» en el lodo del gran río londinense, donde encontraban las curiosas y coloridas piezas de las pipas de arcilla. En la época victoriana resultó el equivalente al cigarrillo desechable, que luego se generalizó en paquetes de tabaco prensado en papel durante el siglo XX.
Una basura que es toda una huella de la idiosincrasia humana será la formada por las máquinas de cifrado alemanas (Código Enigma) lanzadas por la borda al final de la Segunda Guerra Mundial para evitar su captura. Muchos «cazatesoros» marinos las buscan y venden en la actualidad como valiosas piezas de museo o como trofeos de coleccionistas. Organizan búsquedas en los conocidos como vertederos marinos de la guerra o en lugares donde se piensa se tiraron al fondo del mar.
Actividades que en el caso de la arqueología moderna demuestran que cada vez más se tiende a dar mayor importancia al estudio de la basura del pasado. Un planteamiento que sugiere definir mejor a la Humanidad más por lo que desechó o abandonó porque ya no le era útil, que por lo que «conserva» en museos.




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