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| Hermann Göring pasa revista a unos aviadores tras su éxito en una misión nocturna durante la Segunda Guerra Mundial. Fuente de la imagen |
Las guerras son malditas y nefastas, dos calificativos que nadie discute. Pero también es una de las situaciones humanas más cínica e hipócrita de las que podamos encontrarnos. Un ejemplo: el jerarca nazi y jefe de la Luftwaffe, Hermann Göring, suministraría al bando republicano armamento al mismo tiempo que comandaba a la Legión Cóndor, fuerza aérea que Hitler había proporcionado a Franco para luchar contra la República española. En Pax Augusta os contamos esta tan curiosa como cínica historia
Se creó un Comité de No Intervención en agosto de 1936, con sede en Londres en el que participaron 27 países, incluidos la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini. También se adhirió la Unión Soviética de Stalin y el acuerdo fue claro: se prohibía estrictamente la exportación de armas, municiones y material bélico a España. Pronto se apreció la enorme hipocresía del pacto, pues en la práctica resultó un fracaso rotundo. Alemania e Italia ya estaban implicadas con armas y tropas desde el inicio de la guerra. Los soviéticos tardaron un poco más, pero su ayuda a la República en el otoño de 1936 fue crucial para detener el avance golpista a las puertas de Madrid.
En definitiva, las únicas cumplidoras del embargo de armas fueron las «ingenuas» democracias, Francia y Reino Unido principalmente, que temían convertir a España en el primer campo de batalla de una insinuada guerra mundial. Su actitud dejó a la República mucho más en desventaja, aislada del legal y fiable mercado de suministros militares. Las autoridades republicanas debieron tirar del mercado negro y del trapicheo con dudosos proveedores «oficiales» de lugares tan poco confiables en potencial armamentístico como Estonia o Chipre (Grecia), para conseguir armar a su ejército; que por otro lado estaba en muchos casos por «formar» y armar.
La desesperación republicana por conseguir armamento propiciaría la entrada en escena de sujetos astutos y sin escrúpulos como Hermann Göring. Por esas fechas dirigía el llamado Plan de Cuatro Años pensado para rearmar a Alemania en un tiempo récord y desafiando así las restricciones a su ejército impuestas tras ser la derrotada en la Primera Guerra Mundial. La necesidad de obtener divisas extranjeras y materias primas para financiar la creciente maquinaria de guerra del Tercer Reich, convirtió a Göring en «traficante de armas» proveedor de la República sin importar que así estuviera armando al enemigo de su aliado Franco.
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| Recreación del tráfico de armas clandestino durante la Guerra Civil española |
El caso de los «aviones estonios» vendidos por Göring a la República española
Para evitar un posible escándalo diplomático con la España del llamado bando nacional, las operaciones de venta de armamento a la República serían a través de «hombres de confianza» de Göring. Un armador griego, con varios cargueros usados en el tráfico de armas del Mediterráneo oriental, Pyrrhus J. Candilaptis, y una empresa holandesa que desde hacía años usaba el mariscal como «tapadera» de sus múltiples negocios, propiedad de su viejo amigo Josef Veltjens, veterano como él de la Gran Guerra.
Una de las operaciones de Göring con envío de armamento a la República mejor documentada se realizó a finales de 1936 y principios de 1937. Para evitar que el espionaje del general Franco pudiera descubrir que era el mismísimo jerarca nazi quien orquestaba la operación, el intermediario Josef Veltjens utilizaría certificados de usuario final falsos. Todo ese material bélico según los certificados de tránsito falsos iba dirigido a puertos estonios, pero en realidad se estaba vendiendo a la República española aviones de caza y reconocimiento destinados supuestamente a la Fuerza Aérea de Estonia.
Fueron aproximadamente 30 biplanos Heinkel He 51 y algunos Potez de segunda mano, resultando más que irónica la operación pues enfrente la Legión Cóndor volaba con Heinkel He 51 más modernos luchando a favor de Franco. Aparte de cinismo, Göring emplearía también estrategia militar al propiciar la venta de excedentes del mismo modelo, versiones anteriores, al Gobierno de la República a través de sus intermediarios griegos y holandeses. Los barcos salían de puertos alemanes como Hamburgo, hacían una escala técnica ficticia en Estonia y terminaban descargando en Alicante o Cartagena, puertos controlados por la República española. El hecho fue que todo acababa en un lucrativo negocio para su bolsillo particular, su comisión, y para financiar el rearme del régimen nazi.
Pero el colmo del cinismo lo tenemos en la relación precio-calidad del armamento vendido por Göring a los republicanos españoles. Las investigaciones del historiador Gerald Howson* aportan un dato cruel: Göring no solo vendía armas a los enemigos de sus aliados, sino que las vendía a precios de usura. Se estima que la República pagó hasta tres y cuatro veces el valor de mercado por material que, en muchos casos, estaba defectuoso o era munición que no correspondía al calibre de los fusiles enviados. Al cinismo inmoral de Göring había que sumar la retorcida crueldad de su «estafa de guerra».
Y todo estaba propiciado, en realidad, porque el bando republicano se desesperó ante el injusto embargo de armas impuesto por el Comité de No Intervención al Estado español, reconocido hasta ahora en la República. Así, debió acudir al mercado negro del armamento y pagar con el oro del Banco de España o con divisas fuertes que cambiaba a tasas de «usureros». En el caso del jerarca nazi fue un doble y cínico negocio: desangrar las reservas de oro de la República y, al mismo tiempo, financiar el desarrollo de armas modernas para Alemania que, irónicamente, luego se usarían contra esa misma República española al venderlas al bando golpista y más cínico todavía, para emprender poco después su belicismo expansionista por toda Europa.
Esta
vez no les voy a pedir hagan el esfuerzo de perspectiva histórica comparada con
las guerras actuales, pues es sabido que con ellas «siempre ganan» los mismos…
.- Viñas, Ángel: Las armas y el oro y La soledad de la República
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