| La derrota naval española en Cavite pintada por uno de sus oficiales participantes, el oficial médico y artista Ildefonso Sanz Doménech. Fuente Museo Naval de Madrid |
A finales del siglo XIX el poderío naval español era muy limitado, propio de una potencia de segunda fila. Lejos quedaban apelativos de glorias marítimas como el de Armada Invencible o el Galeón de Manila. Cuando en 1898 la Armada española tuvo que enfrentarse a la potencia emergente de Estados Unidos de América, todas sus flaquezas se pusieron en evidencia. Barcos españoles mal mantenidos y con muchos años sobre sus popas, junto a una nefasta dirección de la batalla en Cavite (Filipinas) por el almirante Montojo, causaron la primera gran derrota naval española en la guerra hispano-estadounidense y el comienzo del desastre total. Era el 1º de mayo de 1898.
En menos de dos meses, del 19 mayo al 3 julio de 1898, el resto de la flota española quedaría prácticamente destruida. El otro gran desastre naval ocurrido en Cuba tuvo mejor dirección militar con el almirante Cervera, pero de nada sirvió ante la superioridad de los más modernos buques de la flota estadounidense. Los barcos españoles buscaron refugio en la rada del puerto de Santiago de Cuba. Allí esperaron la llegada de una flota de acorazados de reciente construcción del enemigo, esa joven nación americana que llevaba meses en su prensa lanzando titulares amenazantes contra el «caduco imperio español» que «subyugaba» a los pueblos americanos de Cuba y Puerto Rico.
La flota estadounidense, más moderna pero inexperta, decidió no arriesgar con un ataque directo y prefirió bloquear la salida del puerto. De esta manera, las operaciones militares norteamericanas en tierra progresaron sin la amenaza desde la costa de la escuadra española. La ciudad de Santiago estaba a punto de ser tomada a finales de junio, con la flota española retenida en su bahía casi dos meses. Cervera recibió el 2 de julio la orden de salir del puerto para evitar la captura de toda la escuadra española y así lo hizo al día siguiente. Sus barcos fueron cañoneados uno a uno nada más salir de la protección de la rada.
Aunque el desastre fue mayúsculo a simple vista, la mala puntería de los inexpertos artilleros estadounidenses salvó la vida de muchos marineros españoles. Además, la mayoría de los barcos lograron ser embarrancados antes de hundirse, salvándose a nado sus tripulaciones. Las órdenes de Cervera de no permitir un solo navío prisionero fueron cumplidas. Sin embargo, la sensación en la sociedad española fue de hecatombe total. España se quedaba sin escuadras navales, sin flota para proteger sus costas de posibles invasiones. Así, tal cual, se creó la psicosis de una invasión inminente de los Estados Unidos a España en ese verano de 1898.
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| Batalla de Cavite, 1898. Otra versión de la misma batalla y del mismo autor, pero el cuadro pertenece a un coleccionista privado de París. Fuente de la imagen |
Responsables de esa sensación fueron los periódicos españoles de la época, los más o menos sensacionalistas, que también estaban en guerra –mediática- con los diarios estadounidenses. Sobre todo contra los periódicos del magnate Hearst, como el New York Journal que publicó en primera plana el bulo del hundimiento del Maine en el puerto de La Habana por culpa de una mina española; desencadenante (bandera falsa) de la guerra.
La batalla mediática para enardecer a las opiniones públicas fue descarnada. Las descalificaciones e insultos llegaron en muchos casos a lo más zafio por parte de unos y de otros. En ese ambiente, informaciones reales y noticias verídicas acerca de la situación diplomática se enrarecieron mezclándose con rumores infundados, como que Washington quería aprovecharse de la debilidad española de no tener Armada para invadir las Canarias. Varios informes diplomáticos de ingleses, alemanes y, sobre todo, de franceses que analizaron la situación de la guerra tras la derrota española en el Caribe, parecían sugerir que Estados Unidos miraba ahora hacia el Mediterráneo y las posesiones africanas españolas.
Cierta nueva prensa surgida en España, durante el fragor del conflicto político de finales del siglo XIX, tendría titulares de calado sensacionalista para vender más ejemplares y captar más adeptos a la línea política de ese periódico. Entre esos titulares destacaban los que aseguraban la posibilidad real de un ataque estadounidense a la bahía de Algeciras, aprovechando la alianza con los británicos de Gibraltar. La paranoia de esos rumores afectó al gobierno de la época, pues se incrementaron las construcciones defensivas de costa hasta en sitios tan significativos cono La Coruña, en recuerdo de otras invasiones anglosajonas de antaño.
Las proyectadas invasiones a España en la primera mitad del siglo XX
Solamente cuando se firmó la rendición española sin condiciones en el humillante Tratado de París, el 10 de diciembre de 1898, cesaron los rumores sobre una hipotética invasión estadounidense de España. Ahora la prensa se cebó en culpabilizar a los políticos y exculpar a los militares del «Desastre de Cuba», preparando a la opinión pública para nuevas hazañas bélicas coloniales que consolasen al agravio nacional sufrido. Se volvió a echar la mirada en ese naciente siglo XX sobre el norte africano y en las remotas tierras del Golfo de Guinea.
Planes para invadir territorio español rondaron la cabeza de las potencias beligerantes en la Primera Guerra Mundial, pero sería de territorios de ultramar como los de la llamada Guinea Española por estar en medio de dominios coloniales alemanes, franceses y británicos. No existe mucha documentación sobre ello y no pasarían de ser rumores. En cambio, en la Segunda Guerra Mundial sí que existieron planes de invasión que llegaron a ser planificados de verdad como la Operación Félix, entre 1940 y 1941, diseñada por el Alto Mando Alemán (OKW) tras la caída de Francia.
Hitler planeaba el avance de tropas del Eje a través de la península ibérica, siguiendo la estrategia napoleónica de contener el posible dominio inglés de la zona, capturando el Peñón de Gibraltar. Supondría el despliegue de cuerpos de ejército blindados, como divisiones Panzer y las Waffen-SS, que cruzarían los Pirineos con el permiso o la sumisión del gobierno de Franco. Era crucial el uso de artillería pesada y de bombarderos de la Luftwaffe desde bases situadas en la península.
¿Por qué no se ejecutó? Por lo visto, la reunión entre Franco y Hitler en Hendaya (octubre de 1940) hizo ver al dictador alemán que el vencedor de la Guerra Civil exigía demasiadas compensaciones territoriales en el norte de África y suministros bélicos para permitir la entrada de los alemanes en la península. Ante esa falta de compromiso real español, se prefirió guardar en un cajón el plan y buscar mejor momento.
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| Imagen que capta un momento de la Operación Torch |
Luego, la invasión a la URSS (Operación Barbarroja) fue la prioridad absoluta en la guerra y el plan se medio canceló, pues se transformó en otro: el Plan Isabella de 1942. Esta operación sería, en realidad, una adaptación del Plan Félix pero pensando en responder a un hipotético desembarco aliado en la península o a un cambio inesperado de bando del gobierno español. Consistía en ocupar rápidamente el norte de España y asegurar los puertos del Atlántico y los pasos de los Pirineos para evitar que los Aliados crearan una gran cabeza de puente, un nuevo frente para acometer desde allí la liberación de Francia.
Por otro lado, los Aliados desconfiaban de las simpatías de Franco hacia el Eje; a pesar de saber que España tenía un ejército exhausto tras una fraticida guerra civil. Los planes que se llegaron a proyectar combinaban la protección de Gibraltar con la previsión de que los alemanes cruzaran los Pirineos. La planificación de invadir España que más cerca estuvo de ser realidad fue la Operación Backbone (1942). Se diseñó de manera conjunta por los estados mayores de Gran Bretaña y EEUU, coincidiendo con la planificación de la Operación Torch: el desembarco aliado en el norte de África ocurrido de facto en esas fechas.
Así, la Operación Backbone consistiría en un desembarco anfibio masivo en el sur de España y en el Protectorado español de Marruecos. Ocupar en la península toda Andalucía hasta la barrera natural de Sierra Morena para establecer una línea defensiva rígida, asegurando por completo el control del Estrecho. Si no realizó fue porque el plan principal, la OperaciónTorch fue un éxito absoluto. Además de coincidir con la decisión de Franco de mantener una estricta neutralidad, viendo que las fuerzas del Eje empezaban a perder la guerra, y haciendo innecesario abrir otro frente en el sur de España.
Otra planificación de invadir España en la Segunda Guerra Mundial fue la Operación Pilgrim, ideada por los británicos en 1941 y con el único objetivo de tomar el archipiélago canario. Para ello el plan tendría como objetivo principal ocupar la isla de Gran Canaria si finalmente Gibraltar caía en manos alemanas. Es decir, un asalto anfibio nocturno para invadir las islas y convertirlas en bases alternativas al peñón en el Atlántico. Como es evidente, se mantuvo archivado al no materializarse la amenaza en el Estrecho de Gibraltar; pero, desde luego, recordaba mucho al rumor del siglo XIX de la invasión estadounidense de las Canarias para controlar el Atlántico africano.




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