Cuba, Puerto Rico y Estados Unidos; la primera película de propaganda bélica se hizo contra España

El hundimiento del Maine que supone el inicio de la guerra de propaganda contra España.
Fuente imagen archivo histórico

    
Cuba, finales del siglo XIX. El famoso caso del Maine en la prensa no sería el único acto de propaganda bélica a favor de que EEUU interviniera en la guerra de independencia cubana, pero fue el definitivo. El buque norteamericano, según Washington, fue hundido en un acto de terrorismo por unos exaltados españoles que no veían con agrado la presencia del acorazado en el puerto de la Habana. Poco después, Washington declaró la guerra a España con ese supuesto «casus belli»


 Todo eran suposiciones, las primeras sospechas sin fundamento hablaban de un barril de vino escondiendo una mortífera carga de pólvora. Una comisión estadounidense investigó y sus buzos determinaron que la quilla estaba doblada hacia dentro, explosión propia de una mina que en su informe insinúan fue colocada por militares españoles. Por su parte, las autoridades españolas de la isla, tras su propia investigación, aclararon que la causa del hundimiento sería un incendio accidental en una de las carboneras que afectaría al arsenal del barco


¡GUERRA! La guerra se declara en los periódicos

 Dieron igual las disculpas y las investigaciones españolas, el gobierno de los Estados Unidos de América (EEUU) ya había decidido declarar la guerra a la "decadente" nación europea que aún mantenía «colonias» (en esos momentos para España eran "autonomías") a las puertas de sus costas. Para ello, declarar una guerra a otro país, estuvo preparando a conciencia a su opinión pública. La joven nación no había entrado en guerra contra otra potencia, España ya lo era de segundo orden pero suponía iniciar un conflicto internacional, más allá de la guerra de independencia contra los británicos, y se necesitaba sugestionar a los "nuevos ciudadanos" americanos. La guerra hispano-norteamericana está considerada en la historia como el conflicto donde se hizo el primer uso de la información noticiosa convertida en propaganda bélica.

El magnate Hearst, dueño del Diario de Nueva York, fue uno de los promotores de la guerra. El sensacionalismo de sus informaciones llegó a extremos delirantes, las historias inventadas (bulos) hablaban de un «arma secreta española» que habría hundido al Maine y amenazaba las tranquilas playas de Florida. Se creó tal paranoia, un bulo verosímil, que se temía el uso de ese secreto armamento contra otros navíos norteamericanos habituales ya en esas aguas del Caribe hispano. La doctrina Monroe de «América para los americanos» tuvo uno de los primeros cimientos en dominar la zona del Caribe y el naciente poderío naval estadounidense se enseñoreaba por esas aguas de finales del siglo XIX


La propaganda funciona

 Titulares como: Los soldados españoles tienen la misma costumbre que sus toreros. Cortan las orejas de los soldados enemigos y se las guardan como trofeo"; funcionaron a la perfección. Aunque el ejército español construyó en la isla uno de los primeros esbozos de los nefastos campos de concentración para enemigos, un dato que podría haber sido explotado como algo negativo para desprestigiar a los militares españoles, se optó por caricaturizar como a monstruos a los españoles. Aunque la descripción como «sanguinarios mutiladores» fuera falsa y los soldados mandados por el gobierno de Madrid sufriesen tanto o más los avatares de esa contienda, por otro lado considerada al inicio «civil» por España.


Un vagabundo del New York de 1898 lee la prensa acerca de la posible Guerra de Cuba contra España y valora alistarse en las tropas voluntarias comandadas por Búfalo Bill. Escena recreada con IA


Sin embargo, esos falsos argumentos resultaron convincentes. Un mes después de la «explosión misteriosa» que hunde al Maine, en marzo de 1898, ya hay 200.000 voluntarios estadounidenses para alistarse. La propaganda de los diarios norteamericanos les alaba como los héroes que evitarán que las mujeres y niños rebeldes cubanos acaben degollados en las cunetas como becerros, tal y como se decía y aseguraba en toda la prensa sensacionalista -y no tanto- de Estados Unidos.

Tan potente fue la campaña de propaganda de guerra contra España que el mismísimo Búfalo Bill está dispuesto a desembarcar en Cuba con un regimiento de sioux, vaqueros y voluntarios "aventureros" de todo tipo. Las informaciones de atropellos contra los «naturales» de los territorios españoles del Caribe (Cuba y Puerto Rico), se extienden con la misma mala intención a Asia. Los filipinos son «masacrados por los decadentes españoles» y la flota española en Filipinas deberá ser destruida totalmente por la escuadra naval yanqui del Pacífico. La prensa estadounidense «vende» que es una guerra también cultural, se debe acabar con los retrógrados españoles frente a los modernos americanos.  No se conforman con iniciar la guerra por Cuba, quieren todas las migajas del imperio español y los periódicos informan al mundo que es para salvar a «todos los pueblos sometidos por el tirano yugo español». 


Gran estreno de la primera película bélica

 Así, en ese contexto, contarían los periódicos de todo el mundo que en Nueva York se estaban haciendo interminables colas de espera para ver la primera película americana de guerra con final feliz. Se trata de “Rasguemos la bandera española” (Tearing Down the Spanish Flag,1898), considerado por los historiadores especialistas en cine antiguo como el primer film bélico de carácter propagandístico. No había comenzado el siglo XX y el cine se vislumbraba ya como un fenómeno de masas. El «mensaje interesado» de los gobiernos llegaba cada vez a más personas.

Resultó la culminación propagandística de la campaña mediática contra la potencia europea, contra la ignorante y atrasada España. Se empleaba de esta manera al nuevo medio visual, con un impacto mayor que las fotografías, llegando con más efecto a las opiniones del gran público.


La bandera de España colocada por los soldados españoles que "reconquistaron" el peñón de Perejil en la crisis con Marruecos de julio del 2002


Un Rambo decimonónico

 Aunque se aseguró con insistencia en los diarios que las escenas se habían rodado en Cuba, en realidad no es un reportaje de guerra. Los combates se reprodujeron en unos estudios del incipiente cine mudo en Nueva York y el realizador de la película, que también era el productor, Stuart J. Blackton, se rodó a sí mismo subiendo por el mástil de un barco atracado en la bahía de Manhattan y atrapando una bandera española situada en lo alto para rasgarla en pedazos.

El guion era muy básico pero efectivo: el publicista Blackton simula ser un soldado estadounidense que enfurecido y encolerizado atrapa la bandera del enemigo. La rasga y destroza, colocando en su lugar una enseña norteamericana que hace ondear. La película apenas dura un minuto. En realidad, resultaba un «corto» de cincuenta segundos para escenificar la primera gran victoria del nuevo imperio mundial.  Suficiente para la opinión pública de Estados Unidos, que le quedó claro el mensaje, ya no había dudas. Con el eslogan Al infierno con España se debía desalojar a los españoles del Caribe.

Entusiasmo en la platea

 Por lo que se ha podido documentar en la prensa y otros registros de la época, ese casi minuto de gloria bélica provocó el delirio y una extremada emotividad patriótica entre los espectadores estadounidenses. Es una fórmula propagandística bélica que ha funcionado desde entonces; es la «básica propaganda de guerra» para motivar la moral de las tropas, reclutar más y, sobre todo, enaltecer el apoyo del pueblo.

Curiosamente, la moneda tiene otra cara. También el cine acabó siendo un manifestación artística y medio de masas que sirvió para la mejor propaganda pacifista. Películas como “Senderos de Gloria” o Apocalypse Now, poniendo ejemplos destacados, pretenden lanzar a los ciudadanos contemporáneos, a la opinión pública de sus sociedades, con más o menos contundencia, un mensaje antibelicista y de pacifismo real o, incluso, utópico. La propaganda política y social, las informaciones tratadas o manipuladas con un mensaje interesado, no son fenómenos exclusivos de estos tiempos de redes sociales...


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