Las últimas y olvidadas compras de territorios de EEUU: las Islas Vírgenes, Alaska y Gadsden (La Mesilla)

 

Sellos de cuando las Islas Vírgenes eran la Indias Occidentales Danesas a principios del siglo XX


En la lista de territorios comprados por EEUU que encabeza en el título este artículo podríamos incluir en un futuro cercano a Groenlandia. El presidente Trump en su segundo mandato ha retomado con más ahínco el asunto de anexionar para su país esa gran isla autónoma perteneciente al Reino de Dinamarca. En Pax Augusta os hacemos una breve reseña sobre las últimas compras territoriales de los Estados Unidos de América. La más reciente en 1917 a Dinamarca tiene una estrecha relación con el caso actual del deseo estadounidense de anexionarse Groenlandia 


 Empezamos esta historia de las últimas compras de EEUU de territorios soberanos con el más antiguo pero quizás el que mayor huella política retiene. Se trata del la compra de La Mesilla, que para los estadounidenses se llamó el Tratado de Gadsden Purchase. Ese episodio que pasó por uno más de la diplomacia del siglo XIX, donde las compraventas territoriales entre potencias estaban al orden del día, acabó definiendo la frontera actual entre México y los Estados Unidos.

Compra de Gadsden (La Mesilla). El contexto fue el siguiente: finalizada la guerra de México y EEUU entre 1846 y 1848, el acuerdo de paz conocido como Tratado de Guadalupe Hidalgo dejó en el «limbo» delimitaciones de frontera dentro de una apreciada y amplia meseta que comprendía principalmente el fértil Valle de la Mesilla. Pero el interés real de Washington no fue mejorar sus recursos agrarios. Sería, aunque ahora parezca poco productivo, un motivo puramente geográfico.

Se trataba de construir el Ferrocarril Transcontinental sin aumentar los costes en exceso del proyecto planificado. Los ingenieros estadounidenses determinaron que la ruta más viable para un ferrocarril hacia California, que evitara las escarpadas Montañas Rocosas, pasaba necesariamente por ese territorio llano, La Mesilla, situado al sur del río Gila. Por parte de México la motivación para vender resultó provocada por el malestar social de una situación de bancarrota. El presidente Antonio López de Santa Anna valoró asumir la venta de territorio soberano por su urgencia de fondos para sostener su gobierno y sanear las cuentas del país.

 Lo que no calculó el presidente Santa Anna fue que gran parte de ese malestar social por penurias económicas se convirtió pronto en grave inestabilidad política y humillación nacional. El sentir nacionalista mexicano se había visto agraviado tras la pérdida de la mitad de su territorio en 1848 y esta compraventa, a la larga, sería echar más leña al fuego en lugar de una solución. La negociación de la llamada Gadsden Purchase (1853-1854) fue tensa y marcada por la presión diplomática del enviado de Washington, James Gadsden, de donde le viene el nombre.

Aunque en defensa del presidente Santa Anna  podemos también matizar que consiguió frenar las desmedidas ambiciones finales del presidente estadounidense, Franklin Pierce. Éste había autorizado, envalentonado por el éxito militar (¿les suena de algo?), al negociador Gadsden ofrecer hasta 50 millones de dólares a cambio de una anexión mucho mayor de México; pues incluía en esa nueva demanda a los estados de Sonora, Chihuahua y la península de Baja California

Washington llegó a amenazar con el uso de la fuerza militar, pero Santa Anna se negó a ceder tantos territorios acusado ya por la opinión pública mexicana de ser un «traidor a la patria» y reculó al plan inicial de vender solo la región de La Mesilla. El tratado se firmó el 30 de diciembre de 1853 y fue ratificado en 1854 tras las enmiendas del Senado estadounidense. El precio final fue de 10 millones de dólares (USA) de la época por unos 76.845 Km.² de territorio mexicano. A día de hoy, contando con las pequeñas modificaciones posteriores del caso de El Chamizal, los límites establecidos en 1854 son los que persisten y están en vigor en la actualidad. Si Dios ni Trump no los «remiendan»…

 

En este mapa se señala la compra de esa porción mexicana por EEUU, no tan pequeña como parecía sobre el papel pero no tan ambiciosa como llegó a ser


La Compra de Alaska (1867). Cronológicamente se considera la penúltima gran transacción de tierras conseguida por Washington por el «sistema de compraventa». El Secretario de Estado William H. Seward negoció de manera muy hábil y con una visión geopolítica más moderna frente a una Rusia zarista con espíritu político demasiado clásico. Los zares, a pesar de un primer intento de profundizar en la colonización rusa de Alaska, acabaron viendo el territorio como una gran carga económica difícil de defender en lo militar y de mantener en lo comercial.

Pocos en EEUU vieron al principio la importancia de esta operación maquinada por el Secretario de Estado, pues en su momento se la llamó «La locura de Seward». Alaska siempre había estado en el punto de mira de muchos países con intereses en América, sobre todo los que habían lanzado expediciones a la zona como los franceses, ingleses, españoles, daneses, suecos y los mismos rusos. Estos últimos eran los mejor posicionados cuando algunos políticos de Washington como Seward vieron la necesidad geoestratégica de alejar a importantes rivales como los rusos del continente americano. Motivo que arguye Trump para el caso actual de la posible adquisición de Groenlandia. 

El precio fue de 7.2 millones de dólares de la época; otra ganga como la compra de Gadsden en México cuando se descubrieron al poco tiempo en Alaska recursos ansiados en grandes cantidades, como los yacimientos de oro y petróleo. Sumando su valor natural y esa posición estratégica frente a Asia, esta adquisición estadounidense se ha convertido en una de las inversiones más rentables de la Historia.

Finalmente, la última gran compra de EEUU, Las Islas Vírgenes de EEUU (1917). Esta adquisición entra de lleno en el siglo XX y sobre el papel esa compra de las islas conocidas como las Indias Occidentales Danesas, marcaría el final de la era de expansión territorial por el «sistema» de compra de los Estados Unidos. El contexto histórico nos dará la motivación principal de Washington para esta compra. Durante la Primera Guerra Mundial, el gobierno estadounidense temía que el Imperio Alemán invadiera Dinamarca y utilizara esas islas caribeñas danesas como base para sus submarinos (U-boats), amenazando sobre todo desde esas islas al Canal de Panamá. 



 Debido a su valor estratégico militar, este traspaso de las actuales Islas Vírgenes a EEUU por parte de Dinamarca no sería solamente una transacción comercial, supuso además un acuerdo diplomático complejo nacido de la urgencia bélica. Por ejemplo, la Cláusula de Groenlandia demuestra un dato clave de esa complejidad negociadora diplomática. El Reino de Dinamarca a principios del siglo XX había observado el auge expansionista de Estados Unidos en ese hemisferio occidental, por lo que a cambio de la venta de las Islas Vírgenes obligó a incluir una declaración formal de Washington reconociendo la soberanía total de Dinamarca sobre toda la isla de Groenlandia

Así, esa urgencia belicista hizo aparcar las ambiciones estadounidenses sobre la también soberanía danesa en Groenlandia y fijar un precio de 25 millones de dólares en monedas de oro para la compra de las Indias Occidentales Danesas. Esta cifra resultaba astronómica para la época, equivalente a unos 708 millones de dólares actuales ajustados por inflación. Esta vez los EEUU sí pagaron lo «justo» por esa anexión-compra de un territorio soberano. 

Hoy día, el estatus de los habitantes de Las Vírgenes sigue siendo el de hace más de cien años. El tratado de compra permitió a los residentes elegir entre mantener su nacionalidad danesa o adquirir la estadounidense (tienen pasaporte USA). Aunque no se les otorgó el derecho de voto presidencial, estableciendo su status quo como en un ambiguo «territorio no incorporado» -a la nación- y suponiendo todavía la mayor controversia política para estos ciudadanos estadounidenses.


En las noticias de Internacional actuales pocas advierten de este detalle cuando informan de los deseos del presidente Trump de anexionar Groenlandia a EEUU. Hace poco más de cien años Dinamarca ya se protegió de esa amenaza con la olvidada Cláusula de Groenlandia en la compra de las actuales Islas Vírgenes. Aunque viendo la impunidad con la que actúa la Administración de Trump, esa cláusula o obligación legal poco podrá hacer para evitar la pérdida danesa de Groenlandia


© Gustavo Adolfo Ordoño  

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