Somos hijos del Romanticismo; la importancia del menospreciado siglo XIX

La pistola de Larra en una vitrina del Museo del Romanticismo de Madrid

Imagino que no se habrán parado a pensar por qué hay un Museo del Romanticismo, en concreto y de ese tema en exclusiva, en muchas ciudades europeas. En Madrid está uno de los mejores y también menos visitado dentro de las red de museos estatales. La idea es que en un museo vamos a encontrar objetos muy antiguos, que se nos hacen extraños, propios de culturas ya desaparecidas. Encontrar la pistola con la que Larra se suicidó puede resultar morboso, pero resulta decepcionante si es el único motivo para visitar un museo dedicado al romanticismo. No se encuentran tantos alicientes para interesarse por el museo romántico, más allá de los tópicos sobre el amor y las tendencias suicidas de los amantes, a pesar de ser el romanticismo la época que ha configurado nuestra actual cultura occidental.

Esa determinación romántica de nuestros rasgos culturales se puede apreciar en muchas actitudes actuales. Por ejemplo, el afán por visitar países extranjeros en nuestras vacaciones se debe a la actitud romántica ante la vida de conseguir el mayor número de experiencias diversas y diferentes. Así, burgueses o nobles aburguesados del XIX se gastaron su fortuna (heredada de sus padres mercantilistas del siglo XVIII) en recorrer el mundo buscando las experiencias vitales que les enriqueciese como individuos. Esa iniciativa se popularizó en el siglo XX cuando las diferencias de clases se mitigaron. Por tanto, otro rasgo muy actual de los últimos siglos XX y XXI, el consumismo individualista, también procede de la época romántica. "Había que hacer lo que dictase el corazón"; una recomendación iniciada en el romanticismo, pero aprovechada al máximo por el actual marketing para la publicidad en las sociedades de consumo.

Lord Byron, "experimentando" como albanés, en un cuadro de Thomas Philipis (1835)


El capitalismo y el nacionalismo, tuvieron un sólido aliado en el romanticismo con sus valores individualistas que propugnaban cambiar el mundo empezando por cambiar a uno mismo y tener mayor amplitud de miras. El centrarse en los deseos individuales de enriquecerse (en todos los sentidos) y de poner en valor lo único (propio del nacionalista), lo particular, son rasgos románticos que ayudaron a consolidar y a desarrollarse factores propios de nuestra época contemporánea, como los mencionados consumismo, capitalismo y nacionalismo. El romanticismo insistía en sacar el máximo potencial humano de cada uno. De ahí el alto grado de "frustraciones" y suicidios de la época.

Estas vinculaciones culturales dentro del imaginario colectivo occidental, entre el romanticismo y nuestros días, responden a ese 'orden imaginado' que nos hace humanos y nos diferencia del resto de las "sociedades" animales. Una reina-madre de una colmena no decidiría irse de vacaciones a otra colmena distante tres horas de vuelo para ampliar su experiencia vital. No está en su 'orden natural'. Para los humanos, en teoría, tampoco estaría en su orden natural el realizar un viaje largo solo por el motivo de "desearlo", pero como hemos supeditado todo los ordenes al 'imaginado', en nuestra "naturaleza" está aquello que propugnaron los románticos de "abrirnos a un amplio espectro de emociones".

La industria turística actual, una de las más importantes en la estructura económica mundial, se cimienta en valores trasmitidos del romanticismo como ese afán por vivir nuevas experiencias, tener variadas relaciones, conocer diferentes estilos de vida (comidas, músicas y bailes de otras gentes). Es decir, el romanticismo puso en bandeja a esta industria del turismo y el ocio cultural, las capacidades para crear un "mercado de sensaciones y experiencias". Porque no se viaja a París para conocer una ciudad, que en el fondo puede parecerse a la nuestra, se viaja a la Ciudad de la Luz para experimentar la "sensación del amor".

Gustavo Adolfo Ordoño ©


* Bibliografía consultada:

"De animales a dioses", de Yuval Noah Harari (Editorial Debate).






1 comentario:

  1. Interesante afirmación, nunca había leído nada sobre esta faceta del peso subyacente del romanticismo, en el objetivo de vida la actual, de viajar y viajar.

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