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| Recreación por IA de un vapor de 1920 lleno de emigrantes llegando a la Isla de Ellis |
Situada en la bahía de
Nueva York, entre Manhattan y Nueva Jersey, la Isla de Ellis (Ellis Island) era
una pequeña isla natural deshabitada, siendo ampliada artificialmente a finales
del siglo XIX para instalar allí el regalo de Francia que celebraba las
libertades del pueblo estadounidense: la célebre Estatua de la Libertad. Inaugurada la gran estatua en octubre de 1886, cuando desde el 1 de enero de 1892 el gobierno de Washington instaló en la Isla
de Ellis una Estación Federal de Inmigración, miles de emigrantes serían
recibidos por esa colosal dama de acero.
Con la creación de ese centro de inmigración en la Isla de Ellis se centralizaba por primera vez el control migratorio, que hasta entonces había sido responsabilidad de cada estado. Se eligió ese islote conocido como Ellis Island por razones prácticas y sanitarias. El hecho de estar separada las suficientes millas de la costa, sirvió para controlar mejor a los recién llegados, reteniendo en la isla a los posibles enfermos y evitar la propagación de epidemias en la ciudad de Nueva York, principal puerto de entrada en esas décadas de entre siglos (XIX-XX) a los Estados Unidos.
La idealización un tanto «romántica» que las películas y series de televisión sobre la Isla de Ellis con la Estatua de la Libertad han generado, nos hace olvidar el profundo calado humano, entre el drama y la esperanza vital, que se dio en ese histórico centro de inmigración. Esta imagen idealizada como puerta de la libertad y la esperanza para millones de emigrantes, oculta que los pasajeros de primera y segunda clase no pisaban la isla. Eran los inspectores de inmigración quienes subían a los barcos y les hacían una revisión rápida en sus camarotes de lujo. Siempre los dejaban desembarcar directamente en Manhattan, pues si tuvieron dinero para un pasaje tan caro «no serían una carga para el Estado». La Isla de Ellis resultó así una «única experiencia» para los pasajeros más pobres, los de tercera clase o clases más económicas todavía.
El gran flujo migratorio entre 1892 y 1924
Será en sus primeros treinta años de vida, entre 1892 y 1924, que la Isla de Ellis vivió su periodo de mayor actividad como Centro Federal de Inmigración. Se calcula que fueron más de 12 millones los inmigrantes recibidos en sus instalaciones. Los registros en sus archivos nos hablan de una procedencia mayoritaria de la Europa del Sur y del Este. Por nacionalidad, italianos e irlandeses sobre todo; luego judíos ashkenazíes, polacos, rusos; en menor cantidad griegos, españoles y escandinavos.
Aunque el proceso de inspección era discriminatorio en sí, como ya apuntamos por clases sociales, no resultó tan restrictivo como la idea de una Ellis Island asociada al rechazo masivo de inmigrantes. La realidad fue que alrededor del 98 % de quienes pasaron por la isla resultaban admitidos. Eso sí, ese proceso de inspección de los inmigrantes suponía una experiencia angustiosa y muy intensa para unas personas llenas de incertidumbres al llegar a un nuevo país con la esperanza de una vida mejor.
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| Fotografía perteneciente al Archivo del Memorial Estatua Libertad-Isla de Ellis sobre emigración |
Las inspecciones médicas no fueron denigrantes ni muy exhaustivas, más bien por necesidad de agilizar los trámites aduaneros fueron rápidas y algo intuitivas. Se centraron en detectar enfermedades contagiosas o discapacidades graves que pudiesen acarrear más problemas que beneficios a la sociedad estadounidense. Después estaba el trámite legal o las «entrevistas legales», donde se pretendía saber si esa persona emigrante era un potencial delincuente. En resumen, se comprobaba su «identidad legal»; si tenía medios económicos, al menos que el inmigrante tuviera 25 dólares; no fuera un polígamo, ni haber sido considerado un criminal; teniendo una buena condición física con capacidad de trabajar.
Fue un mínimo porcentaje, un 2%, el de inmigrantes rechazados. Quienes no superaban esos rápidos controles todavía albergaban cierta esperanza, pues la ley migratoria de los primeros años les retenía temporalmente para hospitalizarlos. Muchos tenían una segunda oportunidad una vez recuperados y en casos menos frecuentes resultaban deportados. Podían pasar varios largos días y para muchas familias ese lugar, la Isla de Ellis, determinaría su futuro. Sería a partir de la década de 1920 que la política migratoria estadounidense cambiará de manera radical y aumentaría el número de inmigrantes rechazados.
Años más restrictivos, decadencia y cierre en 1954; hoy día Ellis Island es un memorial sobre inmigración
Casi cuarenta años después de su cierre, siendo obviado en las visitas turísticas a la Estatua de la Libertad, desde 1990, Ellis Island alberga el Museo Nacional de la Inmigración, gestionado por el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos. El museo conserva documentos, fotografías, objetos personales y testimonios que permiten reconstruir las historias de quienes llegaron al país a través de la isla. Un símbolo de libertad y esperanza, la gran puerta de la emigración a Estados Unidos durante más de 60 años y huella determinante de que el país se ha forjado como tal gracias a la inmigración masiva... que entró por esa puerta.
En la actualidad, esta memoria histórica de inmigrantes forjadores de EEUU recibe un tratamiento indigno e injusto por parte de las políticas migratorias de la Administración Trump. La policía que controla la inmigración (ICE) es responsable de miles de detecciones y deportaciones ilegales, además del asesinato de dos activistas estadounidenses que protestaban por su actuación en Minneapolis




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