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miércoles, 21 de noviembre de 2018

La División Azul, los españoles con los que Franco pagó la ayuda recibida de Hitler y su encaje en la Ley de Memoria Histórica

El uniforme de la División era idéntico al de la infantería alemana, pero con la bandera española

Cada cierto tiempo la División Azul es noticia. La última fue este mismo mes de marzo, cuando saltó la polémica porque el gobierno español gastaba 23.000 euros en repatriar los cadáveres de 29 ex divisionarios, mientras no aportaba un solo euro para recuperar los cuerpos de los desaparecidos en la Guerra Civil. Asociaciones para la recuperación de la memoria histórica hacían esta crítica recordando que fueron soldados que lucharon para los nazis. En 2011 se conmemoraba el 70º aniversario de su creación, entre los meses de junio y julio de 1941 que se hicieron las levas de los voluntarios y los no tan voluntarios. Fue el año donde más se propició el debate histórico, coincidiendo con las comisiones de expertos creadas para resolver asuntos pendientes de la Memoria Histórica como el Valle de los Caídos.

La Ley de Memoria Histórica de 2007 se ciñe a las víctimas de la Guerra Civil española y de la dictadura franquista. Sin una política de Estado de calado en su desarrollo, quedan muchas ambigüedades en sus interpretaciones. ¿Qué pasa con los españoles que participaron en hechos históricos mundiales pero afectados por el proceder de una dictadura? Véase los voluntarios "forzados" a apuntarse a la División Azul o los soldados de reemplazo de la Guerra de Ifni-Sáhara de 1957. El matiz es importante y quizás sirva para atender (y entender) a la memoria histórica sin la politización enfrentada de los dos bloques ideológicos del pasado.

La División Azul se encuadró en el ejército regular alemán


Se puede argumentar que los españoles que combatieron junto a Hitler no tienen derecho a incluirse en la legislación social de Memoria Histórica porque fueron voluntarios, no víctimas. Sin embargo, se darían muchos matices. Para empezar, el caso de los voluntarios españoles no fue único. Hubo rumanos, checos, polacos, búlgaros, croatas, ucranianos y rusos; incluso japoneses, coreanos y chinos que participaron en divisiones y cuerpos auxiliares de los nazis (la Waffen SS, los batallones de las Freiwillige) por diversas razones, voluntad propia o por coacción. En esos países esa colaboración también avergonzó, pero nunca ha sido usada como división política en sus sociedades.


Fotograma de la película española, "Silencio en la nieve", que recrea la batalla de Krasny Bor, que fue la más cruenta donde participó la División Azul (2.000 bajas)

Para más inri la colaboración española supuso una excepción, ya que se incluyó desde el principio en la organización del ejército regular alemán, la Werhmacht. Es decir, a efectos del derecho internacional debían ser tratados como soldados de uno de los ejércitos en contienda; en este caso del alemán, país derrotado. Las dos Alemanias, la del Este y la Occidental, pudieron realizar repatriaciones de cadáveres y prisioneros sin excesivos problemas durante la posguerra europea.

En el caso español, el giro evidente de la Segunda Guerra Mundial a partir de 1943, con las constantes derrotas del ejército alemán en todos los frentes, hizo que los antes valientes y orgullosos voluntarios divisionarios fuesen regresando a España con más pena que gloria. En realidad, sin ninguna gloria. Al régimen franquista no le interesaba airear su colaboración con Hitler ahora que se acercaba el fin del III Reich. El deseo de incorporarse a la Sociedad de Naciones (ONU) y que el régimen fuese reconocido por el mayor número de países, hizo caer en el olvido, incluso entre el mismo Ejército español que apoyaba a la dictadura, las hazañas bélicas de esta participación española en la II Guerra Mundial con la División Azul.

No obstante, en el día a día de la dura posguerra española, esa colaboración de jóvenes españoles en la Werhmacht siguió teniendo la simpatía y el reconocimiento de muchos ciudadanos. Sobre todo porque el lamentable regreso de cientos de ellos, que quedaron prisioneros en la Unión Soviética, conmovía e indignaba. La naciente dictadura franquista no aireaba la colaboración con Hitler, pero aprovechaba el progresivo aumento de tensión entre los bloques comunista y occidental para quejarse del trato soviético a los veteranos de la División Azul. No existían relaciones bilaterales con Rusia (la URSS) y la repatriación de cuerpos fue imposible. El último grupo de repatriados llegó a España ya entrada la década de los cincuenta, en 1954, con la llegada al puerto de Barcelona del barco Semíramis fletado por la Cruz Roja Internacional

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