Trump se pide Venezuela y su petróleo; los Reyes Magos neocolonialistas o post-imperialistas

 

Good night, happy new year. Palabras dichas por un Nicolás Maduro capturado por Trump a los agentes de la DEA que lo custodiaban al llegar a New York. Momento captado en esta imagen captura del vídeo que ha circulado por todos los medios mundiales y las redes sociales 


 Los primeros días de cada año se parecen mucho unos a otros en los noticiarios de todo el mundo. Noticias insustanciales sobre nuestras promesas y compromisos para el inicio del nuevo año que serán pronto incumplidos. Informaciones acerca de lo mucho que hemos comido en las fiestas navideñas y de los regalos que esperamos recibir. Pero el pasado 3 de enero una noticia rompió como ninguna otra en mucho tiempo esa modorra pos navideña. Una audaz operación militar ordenada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, conseguía capturar a Nicolás Maduro, el ilegítimo presidente de Venezuela para la casi totalidad de la comunidad internacional.  

Una metafórica «Carta de los Reyes Magos», los deseos que este hecho tan excepcional suscitaron en muchas personas, se vio desbocada en un primer momento en su cumplimiento. Sin embargo, pronto vimos cumplir un único deseo. El de un gran niño travieso que preside EEUU y que se había pedido como regalo a Venezuela y su petróleo, las mayores reservas de crudo mundiales. Así lo dijo el presidente Trump, sin ambages, en su rueda prensa para explicar los verdaderos motivos de esta última -enésima- intervención estadounidense en América Latina. Capturar a Maduro para juzgarlo como líder caribeño del narcotráfico solamente era el encendido de la mecha.

 Así, en esta Carta de deseos a los Reyes Magos que parecía comenzar a escribirse en 2026 quedaron truncados los anhelos de los 9 millones de venezolanos exiliados en esta última década por motivos políticos. Una diáspora que ha desangrado a Venezuela de talento, profesionales liberales y mano de obra de todo tipo. El deseo de ver caer al régimen chavista, que con su aparato de represión política y social provocó esa emigración forzosa, se desvaneció en un mar de incertidumbre cuando Trump aseguró que Corina Machado, principal líder de la oposición, no contaba con su confianza. Peor, la sentenció diciendo que no tenía el suficiente apoyo popular y político en Venezuela.

El digno y legítimo deseo de recuperar la democracia en Venezuela no cabía en la carta de los Reyes Magos de Donald Trump. Aunque si ese hubiese sido el motivo-deseo para ordenar esa operación especial de los Delta Force que descabezó al régimen autoritario de Maduro, tampoco hubiera sido un acto legítimo y justificado de derecho. Todo lo contrario, Trump ha dado una patada en todas sus partes al Derecho Internacional. La transición a la democracia y a la estabilidad política no se puede hacer con un acto de fuerza, de hecho se advierte que no se ha realizado para eso. Es algo que a Washington no urge. La impunidad era para hacerse con el control de los grandes recursos del país.

 Volver a competir en unas elecciones libres y en igualdad de condiciones es un deseo de millones de venezolanos que, visto lo visto, no estaba escrito en esa «Carta de los Reyes Magos» empezada a escribir el 3 de enero pasado. Delcy Rodríguez tiene el «permiso» de Trump para convertirse en la presidenta interina de Venezuela y, por tanto, líder de un régimen revolucionario bolivariano antimperialista. El colmo de las contradicciones políticas del Trumpismo

Un régimen que se dice bandera del antifascismo en América Latina y que luego copia los elementos de los Estados fascistas «clásicos» (históricos). Fuerzas paramilitares y jóvenes militarizados para sustentarse en el poder, un Ejército al que se hace parte fundamental del poder político y un aparato represor que mete al opositor que se destaca a la cárcel o lo fuerza al exilio. Un partido único (en la práctica es así en Venezuela) que controla las cámaras parlamentarias del país. Blanco y en botella. Y ese Estado «neofascista-antifascista» (populista) va a ser tutelado por la superpotencia que ha dado un giro, precisamente, al populismo ultraconservador tras el segundo triunfo presidencial de Trump. 

 Y toda esa paradoja que roza lo absurdo se construye para cumplir lo que el niño terrible de la geopolítica, Donald Trump, se ha pedido en su «Carta de los Reyes Magos»: Venezuela y su petróleo. Que pensándolo bien era uno de los regalos-deseos clásicos pedidos siempre en el continente americano por los Estados Unidos desde su desarrollo como potencia regional primero y luego mundial entre los siglos XIX y XX. Controlar a los países y sus recursos del que considera su patio trasero americano. 


© Gustavo Adolfo Ordoño 

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