Historia de la salud mental, del manicomio a la inclusión social

 

Fotografía perteneciente al libro de reportajes fotográficos de Anna Turbau sobre el llamado gran manicomio de Santiago de Compostela (1977). Algunas de estas fotografías fueron expuestas en el Museo Nacional Centro de Arte Reino Sofía, dentro de la colección «De la Revuelta a la Postmodernidad»
 

  La idea o conceptos de locura en la historia han tenido siempre mucha relación con la idiosincrasia de cada cultura o civilización. Un loco no era igual interpretado en Asia que en Europa, por ejemplo. En Occidente fijamos una definición basada en el «juicio», en la carencia de él. Cuando una persona estaba privada del «uso de la razón», no razonaba según los criterios convencionales de la sociedad, se decía que estaba loco. Introducimos el texto mencionando la locura porque se la ha considerado siempre como la enfermedad mental por antonomasia. Al tener consideración de enfermedad desde el siglo XIX se empezaría a tratar médicamente, aunque siguió siendo en la sociedad una condición que estigmatizaba a las personas. No sería hasta la aparición del concepto social de «salud mental» a mediados del siglo XX que cambió la idea de considerar locura a los sufrimientos psíquicos. 

En concreto podemos historiar la salud mental desde la conmoción tras la barbarie de la Segunda Guerra Mundial. Fueron miles los ex combatientes que quedaron marcados psicológicamente de por vida a causa de las vivencias extremas que padecieron. Se hacía necesario algo más que el internamiento en supuestos centros (manicomios) especializados. Era fundamental el propósito de sanar a esas personas utilizando la interacción social, desde la comunidad donde vivieran, para así conseguir su reinserción en la sociedad como personas a las que atender y ayudar pero también otorgar «dignidad y normalidad». De esta manera se comenzó en Europa y en EEUU un proceso de socialización de las enfermedades mentales, que cuestionó la validez del estricto aislamiento en los manicomios de personas con patologías de este tipo. 

La Liga de la Higiene Mental, fundada por un ex paciente de un psiquiátrico

Un precedente del desarrollo en los sistemas sanitarios occidentales de un «Departamento de Salud Mental» estaría en el activismo de un ex paciente de manicomio. Cliffor W. Beers publicó sus experiencias en varios hospitales psiquiátricos en un libro, La mente que se encontró a sí misma (1908). Fue un best seller de la época que quedó conmovida con esa biografía de un paciente con problemas mentales pero que lograría superarlos. Ayudado por el psiquiatra Adolf Meyer, impulsor de la psiquiatría psicodinámica y social en Estados Unidos, Beers consigue crear la Liga de la Higiene Mental, organización que se opondrá a las formas custodiales -manicomios- de atención, defendiendo un tratamiento en la misma comunidad social. Movimiento que se extenderá por todo EEUU y por muchos países europeos. Por ejemplo, en España se funda la Liga de Higiene Mental en 1927 propiciada por el doctor José Germain.


Fotografía del fotorreportaje de Anna Turbau sobre el llamado
"Gran Manicomio" de Santiago de Compostela en 1977

Otra figura importante en poner las bases de una salud mental comunitaria fue la enfermera Mary Potter Brook, considerada la primera trabajadora social psiquiátrica. Esposa del otro pionero Adolf Meyer, organizó un proyecto que vinculaba la psiquiatría con el trabajo en la comunidad. Su marido reconocía su trabajo esencial para el propósito que buscaban: “Nos ayudó a situar el problema en un marco social más amplio y a llegar al origen de la enfermedad, la familia y la comunidad” (Meyer, 1922). La actividad de Mary Potter supuso la primer incursión seria de la «medicina social» en la problemática de la salud mental. Visitaba a los pacientes en sus domicilios, dando continuidad al tratamiento, al tiempo que recogía información sobre su situación socioeconómica

Como decíamos al principio, fue la Segunda Guerra Mundial el punto de inflexión para arrancar una historia de la salud mental. Durante el mismo conflicto se realizaron varias «pruebas experimentales» para tratar a los soldados aquejados de traumas psicológicos por su participación bélica. Destaca una en la Francia ocupada por los nazis realizada por Francesc Tosquelles, médico psiquiatra del exilio republicano. Planteó en un asilo rural la creación de una «institución integral» de salud mental. Es decir, se concebía el tratamiento considerando que toda la comunidad estaba enferma o implicada en la enfermedad y por eso la curación debía ser una tarea común, tanto de los sanitarios y trabajadores auxiliares (celadores, jardineros, cocineras...) como de los propios enfermos.

Ese «experimento» de Tosquelles, conocido como el Hospital de Saint-Alban, pondría las bases en Francia, una vez liberada, de su psicoterapia institucional. En el Reino Unido también se hicieron tratamientos específicos para los veteranos de guerra con problemas psiquiátricos. En el caso británico se aprovecharon de la organización de emergencia que se planificó en la sanidad estatal durante el conflicto. El Estado se hizo cargo de todos los recursos sanitarios, integrándolos por las distintas regiones del país en un Plan de Emergencia destinado a garantizar la cobertura a los soldados y a la población civil. Eso haría más fácil que una vez acabada la guerra se pudiera continuar con el método de «comunidad terapéutica» dentro del ya de por sí buen sistema sanitario público británico.

Detalle del cuadro Doña Juana la Loca, pintado por Francisco Pradilla (1877; Museo del Prado). La mirada perdida de la reina Juana nos recuerda como en el pasado se estigmatizaban problemas psiquiátricos con la «etiqueta de locura»

En las últimas décadas del siglo XX y en nuestro siglo XXI se ha consolidado en la salud pública de los países desarrollados la problemática de los trastornos mentales. Incluso se ha ampliado el espectro de lo que afecta a la salud mental de nuestras sociedades modernas. El estrés laboral, la soledad, la ansiedad, las depresiones postraumáticas... han acabado siendo fisiopatologías que han provocado el desarrollo de disciplinas como la psicología y el psicoanálisis, consideradas la «psiquiatría» del diálogo con el enfermo. Pero también generaron el auge de los psicofármacos y de la industria farmacéutica especializada, haciendo familiar en las sociedades desarrolladas el nombre de medicamentos antidepresivos como el Prozac

La actualidad que vivimos en plena pandemia mundial de Covid-19 ha sido descrita muchas veces como «realidad distópica», donde imperan los efectos negativos. Aunque no es necesaria la proyección ficticia de una sociedad traumatizada, pues los datos reales comienzan a mostrar que existe una pandemia paralela a la del coronavirus: la pandemia de trastornos mentales consecuencia de esta crisis sanitaria



Gustavo Adolfo Ordoño ©
Historiador y periodista

*Bibliografía consultada

Desviat, Manuel (2020). Evolución histórica de la atención a la salud mental: hitos esenciales en la construcción del discurso de la salud mental comunitaria. Educació Social. Revista d’Intervenció Socioeducativa, 75, 17-45

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