Mi barbero musulmán y la guerra de Oriente Próximo

Recreación por IA (Gemini) de una barbería en un país musulmán 

 

 Esta historia tiene más de un lustro y abarca muchos temas. Comenzó el año de la pandemia, en 2020, cuando decidí dejarme la barba porque el confinamiento invitaba a ello. Por lo visto fue algo muy generalizado, casi «natural» entre los hombres occidentales. Al menos en España está demostrado que la comodidad de no tener que afeitarse por «obligación» se convirtió en una moda. Luego, cuando se recobró la normalidad, muchos optaron por mantener esa decoración masculina en el rostro. Fui uno de ellos; aunque no me imaginé que acabaría teniendo una «lucha interior» sobre si mantenerla y cuidarla, o por el contrario rasurarla del todo y volver a una cara pre-pandémica.

Volver a tener una vida social con más intensidad, tanto en el ámbito laboral como familiar, hacía necesario mejorar la presencia formal cotidiana. Probé la solución rápida de quitarme la barba, pero el reflejo barbilampiño en el espejo del cuarto de baño me dejó decepcionado. ¿Quién era ese tipo mondo y lirondo? No tardé en regresar a la barba, teniendo esos días esperando brotase peor cara de náufrago que la tenida durante la dura travesía de la pandemia en nuestras casas (balsas). Una vez recuperada, decidí dejarla conmigo y que la cuidaría. Aquí es cuando comienzan otro temas... 

 Si reside en una gran ciudad, como es mi caso, habrá notado que los comercios y negocios de barrio están desapareciendo en estas últimas dos décadas. Mi peluquero de toda la vida se jubiló desengañado, forzado a ello porque no podía competir con las grandes franquicias que abrían hasta los domingos. Durante un tiempo acudí a un centro comercial a cortarme el pelo y arreglar la barba. Hasta que hace cosa de unos tres años, desde 2022, volvieron las «exclusivas» peluquerías de caballeros a los barrios. Sin embargo, eran peluquería muy distintas a las estereotipadas del siglo XX.  

La mayoría de estos negocios son pequeñas y medianas franquicias, donde los trabajadores son casi al cien por cien inmigrantes. En el caso de mi barrio se trata de una peluquería barbería de franquicia mediana, con dos marroquíes y un colombiano como barberos. Casi siempre me arreglo la barba con Hassan, el encargado marroquí, que tiene frente a su sillón de trabajo el gran espejo imprescindible con una banderita de Marruecos en una esquina y una banderola (algo más grande) de España en la otra. Es un chaval, no llegará a los treinta años, pero es un experimentado peluquero de hombres desde que empezó a trabajar en Casablanca a los catorce años.  


Arreglo de barba en una peluquería de caballeros

 Una música árabe moderna y el olor a las infusiones con las que hacen más agradable la espera a los clientes, recrean un ambiente de barbería en cualquier país musulmán. Algo que este lunes, tercer día de la nueva guerra en Oriente Próximo, me dejó más reflexivo de lo acostumbrado cuando abandono mi mente a los placeres del arreglo capilar. Me imaginé, al otro lado del ventanal con el letrero de Barbería, un resplandor cegador sobre el edificio de enfrente, seguido de una columna de humo gris. Un misil israelí o estadounidense había impactado a menos de doscientos metros de nosotros. La voz de Hassan me sacó de mi ensoñación: "¿Qué pasa, amigo, dónde estás?"  


La Barbería como tradición y ritual en los países musulmanes


 Ha estallado el pasado 28 de febrero de 2026 una guerra regional de largo alcance, con «maneras» de mundial. Porque a las múltiples respuestas de Irán contra los aliados de EEUU, habría que añadir los encontronazos militares entre Pakistán y Afganistán. Se puede hablar de una tensión desmedida que va desde las costas del Líbano a las tierras de los talibanes y salpicando a las fronterizas con China. Así que la sensación de conflicto abarca los «Orientes» Próximo y Medio y el cercano «Corredor euroasiático». 

Una región donde abundan las Barbas. La barba en el mundo islámico no es solo una elección estética, también resulta un símbolo de identidad religiosa, madurez y fidelidad a la tradición. Los motivos de porqué los musulmanes, en su gran mayoría, se dejan barba serían más profundos que los que tuvimos los occidentales durante la pandemia. Son pautas espirituales y filosóficas muy relacionadas con la visión más rigurosa o purista de su religión. 

 Por ejemplo, la Fitra se refiere a la naturaleza primordial o estado natural del ser humano (hombre). Según los hadices, los dichos del Profeta, el cuidado del vello facial formaría parte de los «actos naturales» de higiene y decoro. Así, en la Sunna, el ejemplo del Profeta, Mahoma llevaba barba y aconsejó a sus seguidores llevarla para diferenciar su apariencia del aspecto de los persas o los bizantinos de la época. Se atribuye al profeta la frase: Recortad los bigotes y dejad crecer la barba


En la cultura chií, tocarse la barba mientras se habla suele ser un gesto de reflexión profunda o de enfatizar una promesa seria: "por mi barba"

 

Además, existirá una particularidad Chií, la rama del Islam mayoritaria en Irán, Irak, Líbano y parte de Bahréin, donde a lo largo de la historia se han creado sobre las barbas incluso apuntes legales específicos. Primero la obligatoriedad, pues la mayoría de los grandes ayatolás consideraron que afeitarse la barba por completo resultaría Haraam (prohibido) o Makruh (fuertemente desaconsejado). Después, su cuidado se basa en interpretaciones de la jurisprudencia islámica, la Fiqh, tradición islámica que exige la barba esté limpia y bien cuidada

En ciudades como Teherán, Bagdad o Beirut, la barbería es un centro de convivencia. Por eso, los cuidados tradicionales se convierten en un acto social y parte de la vida cotidiana de muchas personas. El arreglo de la barba, con el perfilado es todo un arte; un cuidado artesanal que Hassan domina y que yo disfrutaba ese día creyendo una jornada cotidiana pero que un misil me recordó era el tercero de una nueva realidad creada por el presidente Trump.    

 


© Gustavo Adolfo Ordoño  

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