De lo público y de lo privado



Me van a permitir hacer un viaje en el tiempo. La Prehistoria en Europa. Las sociedades del Paleolítico Superior se organizaban para el interés público. Planificaban en común la caza de los animales que toda la comunidad iba a comer por igual. Bueno, las investigaciones hablan que es probable se “mimaran” más a los cazadores, ofreciendo mayor ración a estos por evidentes razones. Unos cazadores débiles repercutirían en una crisis de alimentación de toda la sociedad.

Era un privilegio tolerado por todos, por el beneficio común. Las investigaciones sugieren también que otro grupo bien alimentado serían los ancianos y chamanes que guardaban el conocimiento. Sería estúpido dejar morir de hambre a un anciano o a un tullido (es probable que la astucia humana crease a los chamanes/religión, un impedido necesitaba seguir colaborando de alguna manera con la comunidad para ser alimentado) que ya no caza ni recolecta pero que conoce mejor que nadie las técnicas y estrategias, invocaciones y ritos, para una eficaz cacería. A la luz de las hogueras y apoyados, quizás, por las primeras pizarras en las paredes de los abrigos que habitaban estos viejos y viejas (mujeres dominaban la recolección y logística doméstica), junto con los astutos chamanes, serían los maestros de la comunidad.

Adelantemos el reloj 20.000 años. La Unión Europea, la económica sobre todo, parece desintegrarse, como una última comunidad de neandertales en el sur europeo. Las sociedades europeas han entrado en un debate donde lo público y lo privado se enfrentan más que nunca, menospreciándose a cazadores y maestros.

El debate macroeconómico se ha fijado en dos paradigmas:
por un lado, la austeridad presupuestaria, los recortes en el gasto público y la reducción del déficit a toda costa; por el otro tenemos al crecimiento, la inversión y la urgente creación de empleo a toda costa. Esos planteamientos han afectado a las consideraciones que de lo público y de lo privado se tiene. Las políticas económicas seguidas en Europa en últimos meses han profundizado en el modelo alemán, que privilegia la austeridad. Es curioso, recuerdo que para describir a los modelos de coches alemanes de la Opel siempre se decía: interiores austeros. Tanto se decía… que acabaron haciéndoles más “alegres”.

Alegría para la economía, “crecimiento”, es lo que demanda gran parte de la sociedad europea, harta de tanto recorte y acabado austero. A este paso nos van a quitar hasta el volante (la democracia) del salpicadero. Ya se han quitado o reducido los airbag y los reposacabeza (la sanidad), se han eliminado o recortado al mínimo los indicadores de información, cuentarrevoluciones y cuentakilómetros, niveles de combustible (la enseñanza y/o educación) y parece que se va a dejar solamente el pedal del freno (bancos intervenidos por los estados con el dinero que serviría para otras funciones del salpicadero público). Es un interior verdaderamente austero.

Si una sociedad prehistórica se dio cuenta de lo fundamental que era el bien público, mimando a los que lo proporcionaban, ¿por qué una sociedad avanzada en civilización y desarrollada de la actualidad no se da cuenta? Estamos repartiendo muy mal la caza. Dejando de dar raciones a los maestros (la educación de las generaciones futuras, propiciando que haya malos cazadores) y a los cazadores del bien común (médicos que nos sanan, científicos que nos desarrollan, obreros productivos que generan riqueza…), para entregar más ración a los chamanes y cazadores que ostentan más poder (los que acumularon más herramientas, armas y abalorios, o prestigio por haber realizado una hazaña durante una cacería común), estaremos “condenando” a nuestro futuro como comunidad.

Parece que el “servicio público”, la función pública, es cuestión solo de lo políticos, de la casta política; es más, ellos mismos han transformado el concepto de función pública en una “invocación” que les sirva para ser sobrealimentados sin cazar. El verdadero servicio público, bien común, del que no hay que recortar gastos, es el que da el maestro y el médico, por ejemplo. Por eso propongo algo que mucha gente ya habrá pensado. Establecer los sueldos y “privilegios” (mayor alimentación) de los chamanes políticos según los criterios de “reparto” establecidos a profesores y médicos.

Si el presidente del gobierno ganase lo mismo que el director de un colegio público y sus ministros lo mismo que un médico de familia, tendríamos un recorte presupuestario de la función pública menos hiriente para nuestro futuro como comunidad. Lo mismo aplicaría para todos los cargos políticos de la función pública de nuestras numerosas administraciones. Si estos señores y señoras dejasen de tener “vocación” (que no invocación) pública porque ese reparto no les parece justo, siempre les queda la cacería privada donde la presa puede ser más suculenta, al ser mayor y repartirse entre menos.

Gustavo A. Ordoño Marín. 2012©

Comentarios

  1. Es curioso que en realidad en la mayoría de los países pasa lo mismo, con o sin recesión e incluso en coyunturas favorables de 'países emergentes'. Incluso pasa que se incrementa mucho el presupuesto en educación pero sin subir los sueldos de los docentes. Tampoco se modifican las prácticas educativas. Entonces la inversión no da resultado. En EEUU hicieron una gran inversión en educación y no tuvieron resultados. Pero no subieron los sueldos, y además despidieron a mucha gente.

    ¿Por qué será que en casi todos los países del mundo los profesores ganamos mal?

    ResponderEliminar

Publicar un comentario