El Wolframio de Galicia que Hitler sacó a Franco en la cita de ambos en Hendaya


Un sonriente Franco pasa revista a las tropas en la estación de Hendaya

Era el 23 de octubre de 1940, en la estación ferroviaria de Hendaya. Imaginamos al hombre del momento en Europa, Adolf Hitler, mirando su reloj indignado ante la falta de puntualidad del hombre del momento en España, el general al que había ayudado a ganar una guerra civil. Francisco Franco llegaba tarde a su cita, a "su gran cita".

Se han formulado varias hipótesis sobre ese retraso, pero entre los historiadores parece predominar la que habla de una mala planificación de la seguridad del viaje de Franco hasta la ciudad francesa, pues se descubrieron varios planes de distintas fuerzas guerrilleras anarquistas de atentar contra el tren que llevaría a Franco a la cita con Hitler. Esa demora estaría provocada por la intención de descartar el tren y hacer el viaje en comitiva de automóviles, aunque era demasiado tarde para ello.

Preparando la cita de la estación de Hendaya


El "cuñadísimo", como se conocía al ministro de la época en Asuntos Exteriores, Serrano Súñer, por ser cuñado del generalísimo, había estado preparando la cita en el último año con primor y detalle. Germanófilo de pro, encabezaba ese grupo de influencia (porque el poder real quedaba en manos del caudillo) del gobierno español partidario de matizar la postura del 4 de septiembre de 1939, al poco de iniciarse la invasión de Polonia por los nazis, de neutralidad a "país no beligerante".

Como en toda Europa, el acto radical y sorpresivo ("guerra relámpago") de aplicar su política militarista amenazante sobre el tapete del juego político europeo de manera real, con la invasión de Polonia, desconcertó a la naciente diplomacia del también naciente Régimen franquista, que hasta tres días después de la invasión no fijó su postura ante el conflicto. Finalmente, las presiones de los germanófilos cambiaron esa declaración razonada de "total" neutralidad, que se adoptó pensando en no molestar a las potencias democráticas que inmediatamente habían declarado la guerra a Alemania (Inglaterra y Francia), por la ambigua y curiosa de no beligerencia.

Hitler deseaba la participación española en el conflicto


El jerarca del III Reich deseaba que España participase activamente en el conflicto que sabía (mejor que nadie) iba a ser mundial. Pensaba en el ejército español como hostigador de los británicos en el Estrecho de Gibraltar y en el Norte de África. Conocía también las carencias materiales de ese ejército recién salido de una cruenta guerra civil, por lo que dio órdenes a sus ministros y embajadores de facilitar el rearme, de forma discreta, del ejército nacional de Franco. En la mente de estratega de Hitler estaría ya su futura invasión de la Unión Soviética y deseaba abrir en el otro extremo de Europa otro frente de batalla que perjudicase a la previsible reacción de los aliados.

El general Franco, triunfador del golpe de estado y de la guerra que acabó con la Segunda República española, se sentía "novia" cortejada. Además, los pretendientes (el Eje) se habían portado muy bien con ella y se puede decir que había recibido por adelantado una dote para la boda valorada en apoyo militar, logístico y financiero durante el conflicto civil español. En resumen, la novia se sentía en deuda con esos pretendientes, Hitler y Mussolini, sobre todo con el primero, el "seductor" pretendiente nazi, que iba camino de convertirse en el "príncipe de Europa", por lo que resultaba a todas luces un buen partido.


Imagen de Franco y Hitler donde parece existir una distendida reunión de jerarcas

Franco se dejaba querer, pero no a cualquier precio


La historiografía de derechas que más contemporiza con la figura de Franco nos lo describe como un estadista astuto y taimado negociante que supo quitarse de encima la presión nazi, dándole largas a Hitler y haciéndole creer que España participaría pronto en la guerra, en cuanto el ejército se recuperase. Lo que más se aproxima a la verdad es que Hitler salió muy decepcionado de la reunión y con la certeza de que ese militar golpista al que ayudó a encumbrarse en el poder estaba muy alejado de la realidad geopolítica de esos tiempos.

El general Franco pretendía emular el esplendor de un imperio panhispánico empezando por recuperar Gibraltar y aumentar las posesiones en el Norte de África. Para el dictador español la jugada estaba tan clara que días antes había ordenado la "conquista" incruenta de Tánger, ciudad  internacional situada entre los dominios franceses y españoles de Marruecos y que se había declarado neutral.

El Wolframio, el mineral que consiguió asegurar Hitler para su ejército en la cita de Hendaya


La documentación que existe de esa cita en Hendaya es muy imprecisa, pues sólo se cuentan con las actas de la reunión que redactaron los funcionarios menores de cada país. Los testimonios de los jerarcas asistentes adolecen de demasiada literatura. La versión alemana parece más creíble porque iban con una actitud más realista: ellos eran los "amos del mundo" y a España no le quedaba otra cosa que obedecer, si quería recibir algo notable para sus intereses.

En definitiva, los alemanes cuentan que consiguieron su principal objetivo: tener a España de su lado, participando con el Eje en lo que pudiera. "Lo que pudiera" fue más de lo que se cree. Datos tan determinantes como la venta en exclusiva de Wolframio a Alemania sacado a toneladas de las minas de Galicia, nos demuestran que esa reunión tuvo consecuencias mayores de las que la historiografía oficial reconoce. El Wolframio es un mineral esencial para endurecer el acero. Hitler quería hacer impenetrables a sus Panzer y ese mineral gallego era la herramienta fundamental. 

El suministro de este mineral para el armamento nazi preocupaba tanto a los aliados que se barajó la posibilidad de hacer el desembarco del Día-D en Galicia, una manera expeditiva de parar la producción y exportación de ese recurso que hacía mejores a los carros de combate germanos. Sin embargo, la autoridad diplomática y el carisma de Churchill descartó esa idea y el objetivo se consiguió con un bloqueo económico al régimen de Franco: España se quedó sin suministro de petróleo. Eso ocurrió en enero de 1944 y el desembarco en Normandía se pospuso hasta junio de ese año. Aten cabos.

Así pues, las "largas" se las dieron a Francisco Franco y los alemanes consiguieron, de forma indirecta, resarcirse de su ayuda al generalísimo. Por ejemplo, ese mareo de perdiz que se atribuye a la astucia de Franco se lo aplicaron los nazis a él en sus pretensiones imperialistas. Francia ya estaba dominada y era más interesante para luchar contra Inglaterra. Arrebatar a los galos sus colonias africanas para entregarlas a España era un absurdo, sólo entraba en la cabeza del dictador español y de su adulador germanófilo oficial, Serrano Súñer.



Gustavo Adolfo Ordoño ©

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